El Fusil Roto, No 95, Marzo 2013

Javier Gárate

¿Es la palabra estrategia una palabra de moda dentro de los movimientos sociales noviolentos?

Me hago esta pregunta ya que repetidamente escucho en reuniones de movimientos sociales las siguientes afirmaciones: “Necesitamos ser estratégicos” o “¿por qué las personas no están interesadas en la estrategia?” Me parece que siempre asociamos estrategia con efectividad y éxito, ¿pero, es tan así? ¿Al enfrentar un problema, el tener una estrategia es el factor principal del cual depende que se consiga tal cambio? Si, es así, entonces ¿qué constituye una buena estrategia? y ¿qué ayuda a que los grupos puedan desarrollar buenas estrategias? Éstas son algunas de las preguntas que nos hemos estado haciendo por muchos años en la Internacional de Resistentes a la Guerra.

Primero, ¿a qué nos referimos por estrategia? Puede ser vista de diferentes formas. Existe una distinción entre estrategia y táctica, el Manual para Campañas Noviolentas de la IRG dice: “las tácticas son los medios usados para conseguir un objetivo, mientras que la estrategia es el plan general de la campaña, que puede incluir pautas complejas de operaciones, de actividades, y de toma de decisiones que conducen a una ejecución táctica. La estrategia es un plan de acción a largo plazo diseñado para alcanzar una meta particular, frecuentemente 'a ganar'. Se diferencia de la táctica o de las acciones inmediatas con recursos disponibles, en que está ampliamente premeditada y a menudo ensayada en la práctica. Las estrategias se usan para ayudar a entender y a resolver más fácilmente el problema o problemas.” Este es un enfoque lineal, en el cuál la palabra clave es planificar: planificas cada paso.

Marshall Ganz sugiere una opción menos lineal, argumentando que: “estrategia es cómo transformamos lo que tenemos en lo que necesitamos para obtener lo que queremos. Es cómo transformamos nuestros recursos en el poder para lograr nuestros propósitos. Es el link conceptual que hacemos entre el objetivo, el tiempo y tácticas con que movilizamos y desplegamos recursos y los resultados que queremos lograr”.

Existen muchas definiciones de estrategia y funcionan de forma diferente para diferentes propósitos. Muchas veces el punto de partida de una estrategia es ver qué podemos hacer para producir un cambio, y esto está conectado con nuestra motivación y la sensación de qué es posible. Esto definirá varios aspectos de la misma: cuáles son tus metas; cuál es tu mensaje; cuál es tu objetivo; qué tácticas implementas; etc. El poner esto en un plan puede aumentar la efectividad, pero las campañas necesitan ser flexibles: deben ir creando acciones de interés periódico, para atraer el interés de otras personas, y tal vez para debilitar a la oposición.
No hace mucho tiempo, en una reunión de dinamización sobre estrategia, nos pidieron nombrar nuestras experiencias, más y menos estratégicas dentro de un grupo. Algunas de las características comunes en las experiencias menos estratégicas fueron: objetivos poco claros, falta de implicación de participantes, falta de creatividad, conflicto de intereses, y falta de una clara estructura de toma de decisiones. Las experiencias más estratégicas incluyeron: altos niveles de creatividad, presencia de factor de sorpresa, movilización de gran número de personas, objetivos claros en el momento indicado, un alto compromiso de la gente y una buena estructura de toma de decisiones.

¿Cómo sucede el cambio?

Mucho se ha escrito sobre qué provoca el cambio social: ¿son las condiciones estructurales las principales detonadoras – lo que significa que el cambio iba a suceder de todas formas - o es la estrategia de un movimiento la principal fuerza detrás del cambio? En su libro “Por qué la Resistencia Civil Funciona” Erica Chenoweth y Maria J. Stephan, argumentan que “características voluntaristas de campañas, especialmente las relacionadas a las habilidades de quienes resisten, a menudo son mejores auguradoras de éxito que determinantes estructurales”. Argumentan que movimientos noviolentos han sido efectivos en una amplia gama de contextos – desde los más represivos a las sociedades más abiertas – por lo que el cambio depende principalmente en la fuerza del movimiento. Esto es similar a lo que dice Marshall Ganz, “a pesar que aprender cómo el medioambiente influencia a las personas es importantel aprender cómo las personas influencian al medioambiente, este es el primer paso no sólo para entender el mundo sino para cambiarlo”. Esto significa que las estrategias no funcionan de forma aislada. Una clara comprensión de tu medio es clave para determinar tu estrategia. Un elemento esencial es el contar con la capacidad para identificar aperturas o grietas en el sistema, y el contar con la estrategia adecuada para explotar estas oportunidades – a veces buenas estrategias también pueden crear estas oportunidades.

Chenoweth y Stephan también argumentan que en el último siglo, movimientos noviolentos han sido más exitosos que movimientos violentos – dicen que la clave para este éxito ha sido la capacidad de los noviolentos en convertirse en masivos, ya que los niveles necesarios de riesgo, habilidades, etc son mucho menores que en los violentos. Un argumento usado repetidamente es que cualquier persona puede sumarse a una acción noviolenta. Me pregunto entonces: ¿uno de los objetivos de la estrategia tiene que ser el construir movimientos masivos? Si es así, ¿qué rol juegan organizaciones como la Internacional de Resistentes a la Guerra, que usualmente no movilizan grandes masas de gente?

En uno de los modelos de movimientos sociales más conocidos, el Plan de Acción del Movimiento (PAM), Bill Moyer argumenta que para que éste sea exitoso hay cuatro roles que grupos o individuos tienen que jugar, no todos podemos hacer lo mismo. Estos roles son el/la rebelde, el/la reformadora, ciudadanas/os y agentes de cambio. PAM sugiere que la mayoría de los movimientos sociales pasan por ocho diferentes etapas: 1) lo de siempre, 2) demostrar el fracaso de los canales establecidos, 3) condiciones de maduración, 4) despegue, sensación de fracaso, 5) convenciendo a la mayoría, 6) éxito, 7) consolidación del éxito y 8) abordar nuevas luchas. Diferentes grupos pueden jugar un rol más importante en diferentes momentos. Por ejemplo en la IRG diferentes grupos juegan diferentes roles: muchos se ven como el/la rebelde, viendo en las acciones noviolentas una forma de llamar atención a un problema. Al mismo tiempo la IRG, a menudo realiza el trabajo silencioso de apoyo mutuo, en particular cuando la situación parece tranquila, pero en realidad es cuando se construyen las bases del trabajo. Esto se realiza por medio de proveer de entrenamientos a grupos de base. Muchas veces estos grupos son los iniciadores de lo que más tarde puede convertirse en un movimiento masivo. En la IRG hacemos lo que hacemos, primero que nada, porque es en lo que creemos, en el poder de la noviolencia. Para la IRG, nuestros principios son clave a la hora de planear nuestras estrategias.

Entrenamiento y estrategia

En los últimos años el Programa de Noviolencia de la IRG ha producido materiales y ha dinamizado entrenamientos en noviolencia, para ayudar a grupos en sus campañas y empoderarles para la acción. Creemos que el entrenamiento y la planificación ayudan a la estrategia. A veces el resultado no es claro de forma inmediata, pero a menudo empodera a grupos, y cuando el tiempo es el correcto, estos tienen las habilidades para crear buenas estrategias.

En el 2012 la IRG ayudó a organizar dos intercambios regionales de entrenamiento en noviolencia. El compartir experiencias puede motivarte a realizar acciones, no el copiar lo que otros/as han hecho, sino inspirarte a pensar fuera de lo establecido

El primer intercambio fue en Sudáfrica y tuvo como foco la lucha noviolenta. En este intercambio la principal necesidad de participantes era el conocer experiencias de lucha, para aprender cómo personas en diferentes lugares de África han usado la noviolencia como su medio. La clave fue visibilizar esta identidad compartida, mostrando como nuestra identidad es fundamental cuando planeamos nuestras estrategias.

El segundo intercambio tuvo lugar en Bélgica, reuniendo a cerca de 40 dinamizadores/as de alrededor de Europa. Exploramos cómo dinamizadores/as podemos facilitar procesos estratégicos de grupos, o simplemente lograr que el grupo piense sobre estrategia. Hubo sesiones para observar movimientos sociales y teoría de estrategia, y la situación actual de los movimientos en Europa, pero claramente el principal interés del grupo fue mirar cómo los entrenamientos pueden facilitar los procesos grupales, siendo este un componente crucial para desarrollar buenas estrategias. Por ejemplo, durante la reunión un participante dijo que a menudo reciben pedidos de entrenamientos para el desarrollo de campañas, pero como dinamizadoras/es se dieron cuenta que el problema no era relacionado a la campaña, sino a la dinámica grupal: el grupo no está trabajando bien junto. Por momentos pareció que el mensaje era que un grupo sano es igual que un grupo estratégico, pero, ¿es esto suficiente? No cabe duda que el punto de partida de cualquier trabajo por el cambio social, es que un grupo trabaje bien en conjunto. Entonces la pregunta es: ¿es el principal aporte de un entrenamiento el que un grupo pueda trabajar mejor junto? Este puede ser visto como la, o una de las, contribuciones más importantes de un entrenamiento, porque si un grupo puede trabajar unido, es más probable que puedan crear un análisis compartido de la situación, una comprensión del contexto y una visión de lo que quieres cambiar. También pueden fijar objetivos a corto y largo plazo, aunado a un plan de cómo cumplir estos objetivos, manteniendo una flexibilidad para cambiarlo dependiendo de las condiciones que se enfrenten. Existen herramientas de entrenamientos que pueden ayudar en cada uno de estos pasos, y los/as dinamizadores pueden compartir y facilitarlas, pero es mejor si éstas salen del mismo grupo. El hecho de que los entrenamientos se centren en la dinámica grupal tiene el peligro de solo mirarse a sí mismo y no conectar con el mundo exterior, donde hay que provocar el cambio.

No existe una respuesta mágica a qué hace que los  grupos sean estratégicos. Diferentes grupos funcionan de forma diferente y los contextos varían. Como dinamizadores/as, sabemos que una herramienta que funciona bien con un grupo, puede que no funcione para nada con otro – una táctica efectiva en una situación puede ser totalmente contraproducente en otra. Si es que existe una cosa que he aprendido, es que el aprender los unos de los otros, por medio de compartir nuestras experiencias puede ser inmensamente inspirador y puede llevarte a la acción. En la IRG seguiremos reuniendo a gente para inspirarnos y apoyarnos mutuamente, sabiendo que no podemos remplazar el trabajo propio del grupo, pero tal vez podamos ayudar a acercar nuestros caminos para el cambio.

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Conferencia Internacional, Ahmedabad, India, 22 - 25 de Enero, 2010

Existen una conexión ineludible entre el desplazamiento inducido por la globalización, el desempleo y el despojo que son el resultado de guerras internas y saquean a las comunidades indígenas que viven de recursos naturales. Existe una conexión entre esta y las monstruosas guerras internacionales – sin importar si son combatidas en Afganistán, Irak, Congo o Somalia. Por lo que el mayor desafio es el construir alianzas que sean al mismo tiempo locales y globales, y que no sólo resistan las injusticias sino que también presenten una alternativa.

Medha Patkar

La Internacional de Resistentes a la Guerra está cooperando con organizaciones indias asociadas para realizar una Conferencia Internacional que investigue los vínculos entre las luchas locales noviolentas por la supervivencia y el militarismo global, incluyendo a quienes lucran de la guerra.
Esta conferencia participante reunirá a activistas de todo el mundo para analizar el papel de los Estados y las empresas multinacionales en la privación de las comunidades locales de sus fuentes de supervivencia, y para aprender de las experiencias de resistencia noviolenta en sus distintos niveles - del comunitario al global - y en sus varias fases, desde la prevención del desplazamiento a la planificación para la vuelta.

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Regresar a Objeción de Conciencia: Una guía práctica para los movimientos

Rachel Brett, máster internacional en Derechos Humanos y Derecho Humanitario, es una cuáquera británica residente en Ginebra, Suiza, donde es consejera de la Oficina Cuáquera ante las Naciones Unidas. Brett renunció a su puesto de Representante de Derechos Humanos y del Refugiado después de 21 años, durante los cuales ayudó a luchar por el reconocimiento de la objeción de conciencia al servicio militar como un derecho humano. Brett es parte del comité del programa por el Derecho a Rechazar Matar de la Internacional de Resistentes a la Guerra. Desde allí, la activista ofrece su punto de vista sobre la objeción de conciencia según el Derecho internacional.

El reconocimiento internacional explícito del derecho a negarse al servicio militar es relativamente reciente, ya que tan solo existen dos normas supranacionales de derechos humanos que lo practiquen: la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE y la Convención Iberoamericana de Juventud. Sin embargo, algunos pactos regionales e internacionales de derechos humanos de más antigüedad (en concreto, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Convenio Europeo de Derechos Humanos) se han reescrito para incluir la objeción de conciencia al servicio militar y varios de los órganos y mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas han respaldado la objeción de conciencia.

Sin embargo, el sistema internacional de derechos humanos no es fácil de comprender. Puede ser difícil evaluar los procedimientos disponibles para cada caso, y los posibles beneficios de usar un proceso en lugar de otro, ya sea dentro de las Naciones Unidas o entre las Naciones Unidas y un sistema regional. Esto puede provocar que aquellos poco familiarizados con el sistema sean reacios al mismo, o que las decisiones que se han tomado podrían haber sido mejores si se hubieran conocido mejor las ventajas y las debilidades del sistema.

En 2012, para abordar estas necesidades, la IRG creó la Guía para el Objetor de Conciencia al Sistema de Derechos Humanos Internacional con la ayuda de la Oficina Cuáquera ante las Naciones Unidas, la organización Conscience & Peace Tax International y el Centro de Derechos Civiles y Políticos. Esta guía está disponible en línea en http://coguide.org en inglés y en español, y contiene información detallada, contrastada y actualizada sobre los diferentes estándares y mecanismos y cómo acceder a ellos[1].

El reconocimiento oficial de la objeción de conciencia es importante, no solo por su relación directa con la obligación de los Estados de mantener económicamente a los objetores de conciencia, sino también porque significa que la falta de medidas puede llevar a una petición de asilo conforme al Derecho internacional del refugiado[2].

El punto clave es que la objeción de conciencia al servicio militar ha sido reconocida como parte de la libertad intelectual, de conciencia y de religión. Aunque puede basarse en una religión o creencia reconocidas, no es esencial: puede basarse en una creencia personal religiosa o no, y la religión no es uno de los derechos que pueden ser derogados, suspendidos o restringidos en tiempos de guerra o de otra emergencia que amenace el bienestar de la nación.

Las autoridades militares no deberían tomar decisiones en torno a los casos de declaración de objeción de conciencia, ni ser responsables de ningún otro servicio requerido por dichos objetores. Dichos servicios deben ser de carácter civil y controlados por este mismo ámbito. Pese a que la mayoría de las preguntas sobre la objeción de conciencia están relacionadas con los reclutas, los estándares dejan claro que todos los pertenecientes a las fuerzas armadas tienen derecho a ser objetores de conciencia, ya sean soldados conscriptos, voluntarios o estén en la reserva.

Debido a las diferencias entre los procedimientos de derechos humanos regionales y los de las Naciones Unidas, pueden aparecer problemas y situaciones diferentes durante procesos diferentes. Por ejemplo, el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas contra la Detención Arbitraria se han centrado en casos individuales de aquellos que han sido detenidos, puestos en prisión o, en el caso de Colombia, agrupados y retenidos por el ejército. Dicho grupo considera no solo que la encarcelación repetida no está permitida, sino que cualquier forma de encarcelamiento de un objetor de conciencia es una forma de detención arbitraria. El mencionado grupo y el Relator Especial sobre la Libertad de Religión o Creencia han trabajado en la falta de reconocimiento de la objeción de conciencia cuando han llevado a cabo misiones en diferentes países.

El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha abordado la falta general de medidas (o discriminación o una disposición inadecuada hacia los objetores de conciencia) durante el proceso informativo de los Estados que forman parte del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Podemos encontrar un ejemplo destacable del impacto de esta insistencia del Comité de Derechos Humanos para que dicho Pacto proteja la objeción de conciencia al servicio militar en el Tribunal Constitucional colombiano, que lleve a una resolución que la contemplaría en la Constitución. El Comité también trabaja en casos individuales y sostiene que la República de Corea viola el Pacto, ya que no respeta a los objetores de conciencia. Se espera un análisis de la situación por parte del Tribunal Constitucional coreano.

A diferencia de los procedimientos de derechos humanos de las Naciones Unidas, las decisiones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (que incluye a la totalidad de los 47 Estados miembro del Consejo de Europa) son jurídicamente vinculantes. Por desgracia, esto no significa que los Gobiernos siempre las obedezcan. Hasta ahora, Turquía no ha reconocido la objeción de conciencia pese a una serie de decisiones del Tribunal Europeo con respecto a ella, pero existen casos sobre esta falta de reconocimiento en el Tribunal Constitucional turco.

Sin embargo, después de la decisión del Tribunal Europeo en el caso Bayatyan contra Armenia y la consiguiente acción por parte del Tribunal, Armenia no solo ha reconocido al fin la objeción de conciencia, sino que también ha proporcionado un servicio alternativo civil a los objetores de conciencia.

Por lo tanto, queda claro que los sistemas regionales e internacionales son importantes en la aceptación del derecho a la objeción de conciencia al servicio militar, y pueden ser un factor útil para presionar a los gobiernos a mejorar las normativas y a solucionar casos individua-les, debido a que es improbable que lo hagan por iniciativa propia. Las mejores estrategias normalmente combinan trabajo dentro del país y el uso de métodos internacionales o supranacionales. Estos métodos a menudo combinan procesos basados en pactos legales junto con otros acuerdos políticos o gubernamentales, como recomendaciones de otros Estados del Examen Periódico Universal de las Naciones Unidas, o de los relatores o grupos de trabajo temáticos o especiales de cada país del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. De hecho, la mayoría de los avances conseguidos para establecer el reconocimiento internacional y legal de la objeción de conciencia se han llevado a cabo gracias a las acciones de particulares y de organizaciones no gubernamentales.

 

[1] También se debería mencionar a Brett, Rachel 2011: International Standards on Conscientious Objection to Military Service [en línea], <h p://www.quno.org/resource/2011/11/international-standardsconscientiousobjec…;, última visita 2 de julio de 2015.

[2] Véanse las Pautas para la Protección Internacional del ACNUR nº 10: Reclamaciones de las Condiciones de los Refugiados en relación con el Servicio Militar dentro del contexto del Artículo 1A (2) del Acuerdo de 1951 y/o del Protocolo de 1967 en relación con las Condiciones de los Refugiados. 3 de diciembre de 2013 <h p://www.unhcr.org/cgibin/texis/vtx/home/opendocPDFViewer.html?docid=529efd2… Guidelines%20No.%2010>, última visita 2 de julio del 2015

Ir al siguiente capítulo: Incidencia de los mecanismos internacionales en los casos locales - ejemplo Colombia* 

 

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Regresar a Objeción de Conciencia: Una guía práctica para los movimientos

Alexia Tsouni es una activista por los derechos humanos y feminista griega. Es miembro del consejo de la Oficina Europea para la Objeción de Conciencia (EBCO, por sus siglas en inglés). También es miembro del grupo del derecho a la objeción de conciencia de la sección griega de Amnistía Internacional. Escribe sobre las vías que tienen los movimientos para la objeción de conciencia para conseguir la solidaridad internacional y el papel fundamental que puede tener esa solidaridad.

En la gran mayoría de los países donde el servicio militar todavía es obligatorio, si no en todos, el derecho a la objeción de conciencia es absolutamente impopular, tal vez más impopular que el del derecho a la objeción de conciencia para los soldados que cumplen servicio en países que solamente tienen ejércitos profesionales. De hecho, la opinión pública es arrolladoramente desfavorable y hasta hostil con los objetores de conciencia. Eso vuelve fundamental el papel de la solidaridad internacional, tanto para alentar a los objetores de conciencia como para presionar a las autoridades nacionales. Eso ha quedado demostrado en varias ocasiones en el transcurso de la historia y nosotros aprendimos mucho de ello.

A continuación, se indican algunos puntos para que los movimientos tengan en cuenta cuando busquen solidaridad.

Convertir el caso del movimiento en un caso internacional

A menudo, poner el caso por escrito y, si es posible, traducirlo a varios idiomas antes de publicarlo es un buen comienzo. Los idiomas a los que se traduzca el caso van a depender, por supuesto, de la ubicación y de los recursos, pero tal vez un idioma internacional sea el más útil. Incluir los idiomas de aquellos a los que se denomina enemigos también es importante, si las autoridades del país creen que hay “enemigos” cerca. El idioma es una herramienta de comunicación y es importante en todos los casos y a todos los niveles, desde ejercer presión hasta hacer campaña y desde declarar la objeción de conciencia hasta protestar contra los procesamientos o las sentencias.

Recursos de traducción

Para conseguir ayuda con la traducción de un sitio web, declaraciones de objeción de conciencia, comunicados, etc., a otros idiomas, prueba lo siguiente:

  • Contactar con la Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG-WRI) (info@wri-irg.org) – Tenemos un equipo de traductores voluntarios que podrían serte útiles.

  • También puedes registrarte en sitios web que ponen en contacto a grupos de activistas y a organizaciones sin fines de lucro que tienen a traductores voluntarios. Por ejemplo:
  • Translations for Progress: http://www.translationsforprogress.org/main.php Translation Commons: http://trommons.org/

Elección de fechas y lugares de relevancia internacional

Se puede anunciar la fecha de la acción con mucha anticipación para atraer el interés público y el de los medios. O bien al contrario, no anunciar nada y hacerla por sorpresa en algún otro evento muy importante, como por ejemplo un congreso, una conferencia de prensa o un festival, eso también puede funcionar. Se puede elegir una fecha que sea de relevancia internacional: Día Internacional de la Objeción de Conciencia, 15 de mayo, por ejemplo, el Día Internacional de la Paz, 21 de septiembre o el Día Internacional de la Noviolencia, 2 de octubre. También se puede elegir el aniversario de un hecho importante, ya sea positivo –uno que destaque el reconocimiento de la objeción de conciencia, una liberación de la cárcel o el fin de una guerra, por ejemplo— o negativo: aniversarios de detenciones, encarcelamientos o el comienzo de una guerra. Si es posible, elegir un lugar que sea reconocible e importante a nivel internacional o que tenga valor simbólico, como un campamento, un muro o un tribunal militar, un centro de reclutamiento, una zona desmilitarizada o un monumento bélico o antibélico.

Ponerse en contacto con organizaciones y actores internacionales

Ponerse en contacto con organizaciones de derechos humanos, medios de comunicación y organismos políticos internacionales puede ser una buena manera de atraer la atención hacia su caso y ejercer presión sobre su gobierno. Se puede pedir a las organizaciones de derechos humanos que tomen el caso de tu movimiento y les den el asesoramiento correspondiente, también pueden acercarse a periodistas afines a la causa y pedirles que escriban sobre su caso. Entre otras cosas que se pueden intentar, pueden influenciar a miembros amigables de instituciones internacionales –tales como la ONU o un parlamento supranacional en el que tu país esté representado—y pedirles que apoyen su caso e impulsar reformas legislativas que promuevan, protejan o, al menos, reconozcan el derecho a la objeción de conciencia; el capítulo 12 de este manual proporciona orientación útil para determinar si esa táctica es buena para tu movimiento. También vale la pena acercarse a otras personalidades públicas, tales como académicos y artistas, con el fin de atraer la atención y ejercer presión sobre el estado.

Pedir y ofrecer apoyo internacional urgente y solidaridad en emergencias

En el caso de procesamiento judicial u otras emergencias, tales como detención, huelga de hambre, tortura, conflicto armado o guerra, tal vez quieras pedir y ofrecer apoyo internacional. En ese caso, es importante que brindes toda la información necesaria de manera tan puntual y precisa como sea posible. Si se puede, publiquen un comunicado de prensa y un cartel, organicen una conferencia de prensa o un debate público, hagan una petición, preparen una carta de protesta modelo en todos los idiomas de los que dispongan y pídanles a las personas y a las organizaciones que la firmen o la envíen a las autoridades pertinentes de su país y a las embajadas de su país en el extranjero. También vale la pena conseguir cartas de solidaridad para alentar a los objetores de conciencia de manera más directa y humana, especialmente si están en prisión. También se puede convocar a un día internacional de acción no violenta y fomentar protestas, por ejemplo, frente a las embajadas de tu país en el extranjero, además de otras acciones creativas, por ejemplo, intervenciones artísticas. Si lo hacen, es muy útil tomar fotos, publicarlas lo antes posible y utilizar las redes sociales para difundirlas.

Solidaridad internacional

¿Eres una persona que busca a un grupo por la objeción de conciencia o a un grupo pacifista en su país?

Intenta recurrir a:

¿Formas parte de un grupo de objetores de conciencia que busca vínculos internacionales?

Intenta recurrir a redes pacifistas y antimilitaristas tales como:

Grupos de derechos humanos como:

Grupos religiosos:

Para encontrar ayuda con la utilización de los sistemas internacionales de derechos humanos:

  • Consulta la Guía del Sistema Internacional de Derechos Humanos para Objetores de Conciencia. Esta guía brinda ayuda para navegar por los diversos sistemas internacionales y supranacionales de derechos humanos: http://co-guide.org/
  • Contacta con la Oficina Cuáquera ante las Naciones  Unidas: http://www.quno.org/

Si trabajas contra el reclutamiento de menores de 18 años: Contacta con Child Soldiers International: http://www.child- soldiers.org/

En casos de objetores de conciencia LGBT, en especial cuando el tema es su sexualidad, también son útiles los movimientos LGBT[1]. Intenta ponerte en contacto con la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex: http://ilga.org/

Recaudación de fondos a nivel internacional

Aunque algunos quisiéramos que la conciencia fuera lo más importante para un movimiento de objeción de conciencia, lamentablemente, el dinero también es importante. Por ejemplo, es necesario para financiar acciones, campañas, asambleas, capacitaciones e intercambios. El dinero es aún más necesario en las emergencias, por ejemplo, para ir a los tribunales o para pagar una fianza. Se pueden organizar acciones para recaudar fondos en el propio país, pero eso no es suficiente, es necesario conseguir fondos del exterior. Tal vez ayude organizar una petición internacional o una iniciativa de financiación colectiva (crowdfunding) o se pueden solicitar fondos a las organizaciones pertinentes y a instituciones amigables.

Estudio de casos

Aquí tenemos dos casos en los que la solidaridad internacional fue importante: el de Michalis Maragkakis, de Grecia y el de Murat Kanatlı, del norte de Chipre. Los dos son de la región este del Mediterráneo y también la solidaridad internacional fue importante en esos casos.

El norte de Chipre y el servicio militar

Desde que el ejército turco invadió el norte de Chipre en 1974, esa región está gobernada por una administración turcochipriota. En 1983 se proclamó la “República Turca del Norte de Chipre” (RTNC). El ente no tiene el reconocimiento de ningún país, salvo el de Turquía. La RTNC tiene su propio ejército y sistema de servicio militar. El servicio militar está contemplado en el artículo 74 de la Constitución, que dice: “El servicio en el ejército nacional será el derecho y la obligación sagrada de todos los ciudadanos”. También está regulado por la Ley de Servicio Militar 2000 (59/2000). Todos los hombres que tengan entre 19 y 30 años están obligados a cumplir con el servicio militar.

La duración del servicio militar es de quince meses seguidos por el servicio en reserva. Tanto en Chipre como en Turquía, las mujeres no solo participan activamente en el movimiento por la objeción de conciencia, sino que también ellas mismas se declaran objetoras de conciencia para expresar su apoyo al derecho a la objeción de conciencia, su solidaridad con los objetores de conciencia que se enfrentan a persecuciones y detenciones y su propia objeción a la cultura militarista.

La solidaridad internacional con el objetor de conciencia griego Michalis Maragkakis

En diciembre de 1986, Michalis Maragkakis declaró su objeción de conciencia en la Quinta Conferencia de Paz y Desarme, organi-zada en el Estadio Paz y Amistad de Atenas entre el 13 y el 17 de diciembre de 1986 por KEADEA, el Movimiento por la Independencia Nacional y la Paz y el Desarme Internacional. Maragkakis fue el primer objetor de conciencia por motivos ideológicos de origen griego que hizo pública su negativa a enlistarse. En Grecia, el derecho a la objeción de conciencia no fue reconocido en ese momento y se encarceló a los objetores.

Durante el discurso de Andreas Papandreou, que en ese entonces era el primer ministro de Grecia, Maragkakis recorrió la zona de conferencias con una pancarta que decía: “300 objetores de conciencia presos. ¿Por qué?” y otra en la que manifestaba su propia objeción de conciencia al servicio militar. Distribuyó panfletos entre los participantes en los que explicaba la situación de Grecia, mientras otros desplegaban pancartas en solidaridad con él. En el estadio había más de doscientos cincuenta representantes de más de cuarenta países. El clima era amigable y los participantes aplaudieron la acción.

Esta acción fue preparada por pocas personas (entre cinco y diez) pero con varios meses de anticipación. Además, los organizado-res se pusieron en contacto con objetores de conciencia de otros países, miembros del Parlamento Europeo y organizaciones no gubernamentales, entre ellas, Amnistía Internacional (AI), la IRG y la Oficina Europea por la Objeción de Conciencia (EBCO, por sus siglas en inglés). La acción tuvo mucho éxito, consiguió cobertura mediática y le dio relevancia internacional al tema. El papel de la solidaridad internacional fue muy importante en la preparación de la acción, al promover la campaña y aumentar la presión sobre las autoridades griegas.

Después de eso, surgió un movimiento de solidaridad internacional extraordinario, que fue especialmente importante cuando detuvieron a Maragkakis en marzo de 1987 y lo condenaron a cuatro años de prisión en junio de ese año. AI, la IRG y EBCO difundieron comunicados de prensa y lanzaron campañas internacionales en su apoyo, que exigían su liberación inmediata e incondicional y el reconocimiento pleno por parte del gobierno griego del derecho a la objeción de conciencia al servicio militar.

Después de la audiencia de apelación de febrero de 1988, la sentencia de Maragkakis se redujo a veintiséis meses de cárcel. El día 22 de ese mismo mes, Maragkakis empezó una huelga de hambre que finalizó el 1 de mayo de 1988, cuando el Gobierno, alarmado por el nivel de apoyo internacional, declaró que iba a revisar el tema de la objeción de conciencia desde una perspectiva positiva. Mientras tanto, el 12 de abril, Thanasis Makris, el segundo objetor de conciencia por motivos ideológicos de origen griego fue detenido y empezó una huelga de hambre en solidaridad con Maragkakis. El 26 de mayo, Makris fue sentenciado a cinco años de prisión, que, más adelante, se redujeron a dieciocho meses, y empezó una huelga de hambre a la que se unió Maragkakis. Esa huelga terminó en julio de 1988, cuando el Gobierno anunció un nuevo proyecto de ley. Si bien se puede considerar que esas huelgas de hambre fueron exitosas, los movimientos tienen que ser extremadamente cautelosos y, sobre todo, desarrollar una estrategia de salida antes de emular esa táctica, dada la gravedad de las consecuencias posibles.

Durante el encarcelamiento de Maragkakis y Makris, la importante campaña internacional que se llevó a cabo ejerció muchísima presión sobre el Gobierno griego y lo puso a la defensiva. Llegaron miles de cartas de protesta dirigidas a las autoridades griegas desde todo el mundo, así como cartas de solidaridad para los objetores de conciencia griegos y se organizaron una gran cantidad de conciertos y otros eventos en su apoyo. La cobertura mediática fue amplia y más de veinte personas se declararon objetoras de conciencia por motivos ideológicos.

Antes del caso de Maragkakis, hubo muchos objetores de conciencia por motivos religiosos, la gran mayoría de ellos eran Testigos de Jehová, que cumplían sentencias largas en la cárcel pero que no tenían interés en crear un movimiento social o político. En el pasado, por ejemplo, durante la guerra entre Grecia y Turquía de 1919 a 1922, la Segunda Guerra Mundial y la guerra civil griega de 1946 a 1949, hubo algunos objetores de conciencia por motivos ideológicos de origen griego, pero fueron casos aislados y nunca llegaron a convertir su caso en un tema público. En cambio, el movimiento de apoyo a Maragkakis y Makris abrió un debate público en la sociedad griega, con el apoyo de un movimiento de solidaridad internacional.

En marzo de 2007, veinte años después de la detención de Maragkakis y diecinueve años después del arresto de Makris, la sección griega de Amnistía Internacional homenajeó a los dos objetores de conciencia en una ceremonia especial durante su Asamblea General y les agradecieron su lucha para que se reconociera el derecho a la objeción de conciencia en Grecia. Maragkakis y Makris donaron a la sección griega de Amnistía Internacional las 5.388 cartas y tarjetas de solidaridad de veinticuatro países de todo el mundo que habían recibido durante su detención y agradecieron su apoyo a la organización.

En abril de 2008, con motivo del décimo aniversario del reconocimiento del derecho a la objeción de conciencia en Grecia, EBCO realizó su Asamblea General en Atenas para concienciar al público y participar en acciones públicas. Amnistía Internacional Grecia organizó una serie de eventos públicos, que incluían un debate abierto con un panel de oradores de EBCO, IRG, el Defensor del Pueblo griego y la Comisión Nacional por los Derechos Humanos; también participaron Maragkakis y Makris y, por primera vez, se exhibieron al público las cartas y tarjetas de solidaridad antes mencionadas. Todas esas acciones generaron conciencia pública y consiguieron una gran cobertura mediática.

Las mujeres fueron actores fundamentales del movimiento, tanto desde el papel femenino de brindar apoyo, papel que no se debe denigrar, incluso si es completamente contrario a las expectativas de género, como, igualmente, desde el lugar de inspiradoras y líderes: por ejemplo, Maragkakis declaró que el momento definitivo de su decisión final fue un discurso dado en un acto en apoyo a la objeción de conciencia en la Universidad Tecnológica de Thessaloniki, Grecia, en el que una oradora influyó profundamente en él: una miembro de la IRG. Cuando salió del acto, se dijo a sí mismo que no iba a enlistarse en el ejército. Se iba a declarar objetor de conciencia. Además, Maragkakis dijo que, aunque sus padres no aprobaban mucho su decisión, lo apoyaron de principio a fin y que especialmente lo apoyó su madre, que fue a las cortes militares, dio entrevistas y apoyó su lucha con todos los medios de los que disponía y, también, con paciencia, a pesar de los comentarios negativos de la sociedad.

Hoy, a pesar de que el derecho a la objeción de conciencia al servicio militar esté reconocido por la ley griega, todavía hay muchos problemas en la práctica. La duración del servicio civil alternativo es punitiva aún hoy y el servicio no está a cargo de una autoridad civil independiente. A muchos objetores de conciencia, el Ministerio de Defensa les rechaza las postulaciones al servicio alternativo, de acuerdo con las opiniones desfavorables del Comité Especial del Ministerio de Defensa. Esa práctica inaceptable continúa y es un círculo vicioso. Esos jóvenes son llamados al servicio militar y, si no se enlistan, se los persigue reiteradamente, ya que la insubordinación se considera –lo que es escandaloso– una ofensa permanente para la ley griega. Entonces, comienza un círculo sin fin de arrestos y condenas penales, con sentencias de prisión en suspenso, acompañadas de multas administrativas enormes (de 6.000 € cada vez).

La solidaridad internacional con el objetor de conciencia turcochipriota Murat Kanatlı (caso actual, abierto)

Una carta de Murat

Es muy importante hacer llegar al público, tanto al local como al internacional, los casos judiciales en curso contra objetores de conciencia. De esa manera, el tema puede ser debatido ampliamente en los medios. Además, se influye sobre el comportamiento de la policía y el personal carcelario y, en ocasiones, ese comportamiento se vuelve benévolo con el tema de la objeción de conciencia. Por lo tanto, incluso en lugares donde el movimiento por la objeción de conciencia no es muy fuerte, los casos judiciales contra objetores de conciencia pueden llegar a lograr resultados favorables. Comprendimos eso en los casos judiciales del norte de Chipre. Puede llevarse el tema a los medios, alcanzar una difusión amplia y, así, el tiempo que el objetor de conciencia está en prisión pasa más rápidamente. La solidaridad regional fue muy importante en los dos casos recientes que se juzgaron en la Corte Militar del norte de Chipre, el mío y el de Haluk Selam Tufanli. La solidaridad demostrada y que nosotros vivimos fue invalorable, tanto por la ampliación y profundización del movimiento por la objeción de conciencia, como por nosotros mismos.

El 14 de junio de 2011, Kanatlı fue citado a presentarse ante la Corte Militar por cargos relacionados con su negativa de 2009. Después de numerosos aplazamientos, el 8 de diciembre de 2011, la Corte Militar aceptó el pedido de Kanatlı de que su caso se remitiera a la Corte Constitucional. Esa Corte, en su fallo del 10 de diciembre de 2013, dijo que es obligación de la legislatura proveer leyes y regulaciones que contemplen alternativas civiles al servicio militar. Por lo tanto, debe revisarse el artículo de la Constitución que vincula el “derecho y la obligación con la patria” solamente al servicio militar. Después de la decisión de la Corte Constitucional, el juicio de Kanatlı siguió en la Corte Militar, que pronunció su sentencia el 25 de febrero de 2014. La sentencia decía que el derecho a la objeción de conciencia no estaba regulado por la ley nacional civil. La Corte Militar dictó una pena de quinientas liras turcas o diez días de cárcel si Kanatlı no pagaba la multa. Por su negativa a pagar la multa, le hicieron cumplir diez días en prisión.

La Iniciativa por la Objeción de Conciencia de Chipre exigió la liberación inmediata de Kanatlı y llamó a la comunidad internacional a expresar su solidaridad con él. De inmediato, la IRG y EBCO publicaron comunicados de prensa y apoyaron al llamamiento, Amnistía Internacional emitió una acción urgente y la IRG, una alerta de objeción de conciencia y, durante esos diez días, tuvo lugar, rápidamente, una movilización internacional, en la que se publicaron comunicados de prensa, se organizaron protestas y se mandaron cartas a las autoridades turcochipriotas y a las embajadas turcas en el extranjero. Hubo acciones a ambos lados de Nicosia, organizadas por la Iniciativa para la Objeción de Conciencia en Chipre, por la Asociación de la Objeción de Conciencia de Turquía en Estambul, en Atenas, por EBCO y Amnistía Internacional Grecia y en Israel y Palestina, por un grupo palestino de objetores de conciencia. La cobertura mediática y, por lo tanto, la presión política, creció mucho por estas acciones.

En el caso de la acción de Atenas, el 1 de marzo de 2014, seis miembros de EBCO y de Amnistía Internacional organizaron una protesta simbólica, pacifista, frente a la embajada turca. Después de que los manifestantes desplegaran dos carteles y tomaran fotos frente a la embajada turca, la policía los rodeó y les impidió continuar. Los activistas informaron de los motivos de la protesta a los policías y les explicaron que simplemente iban a tomar algunas fotos de sí mismos con los carteles frente a la embajada. No solo no les permitieron irse, sino que después los trasladaron en autos de policía a la Dirección General de Policía de Ática, donde estuvieron detenidos más de dos horas sin tener acceso a sus abogados desde el momento en que llega-ron. A la única persona que se les permitió ver durante su detención fue al parlamentario europeo por el Partido Verde Nikos Chriysogelos, pero incluso a él no se le permitió el acceso de inmediato. La intervención policial provocó otras protestas y aumentó la cobertura mediática. EBCO publicó un comunicado de prensa titulado “EBCO agraviado por el acoso y la detención sin precedentes de sus activistas en Atenas y exige explicaciones y disculpas por parte de las autoridades griegas” y aprovechó la oportunidad para volver a concienciar a las autoridades sobre el caso de Kanatlı.

 

[1] La IRG optó por usar las siglas LGBT en este manual, ya que es la abreviatura más reconocida para las minorías sexuales y de género que se enfrentan a conflictos similares pero que no están incluidas en esta sigla. Estas son: personas intersexuales, intergénero y asexuales, entre otras.

Ir al siguiente capítulo: Panorama de la Objeción de Conciencia según el Derecho Internacional

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Regresar a Objeción de Conciencia: Una guía práctica para los movimientos

Una actividad clave de los movimientos a los que se dirige este libro es probablemente apoyar a los que se niegan a enlistarse en el ejército. Cómo organizar ese apoyo es la cuestión que aborda Sergeiy Sandler en este capítulo. Sergeiy es objetor de conciencia y activista antimilitarista israelí. Es uno de los fundadores de la Red de Asesoramiento para Objetores (Counselling Network for Refusers) dirigida por el movimiento feminista y antimilitarista israelí New Profile y también es miembro del Concejo de la Internacional de Resistentes a la Guerra.

El 2 de marzo de 2001, unas treinta personas se reunieron en una pequeña sala de conferencias en la ciudad palestina drusa de Isfiya en Monte Carmelo. Algunos de nosotros teníamos algunos años de experiencia apoyando a objetores de conciencia declarados. Otros habían ayudado a amigos y conocidos a conseguir exenciones médicas al servicio militar. Algunos vinieron para aprender de los demás. Trabajando bajo los auspicios del movimiento feminista antimilitarista New Profile, formamos una red de voluntarios comprometidos con el asesoramiento y el apoyo a cualquier persona que se niegue a realizar el servicio militar en Israel. Más de catorce años después, esta red recibe, y resuelve con éxito, más de mil peticiones de apoyo al año de personas de toda condición social, sexual y étnica. Muchos más acuden a nosotros para ayudarse a sí mismos: nuestro foro en Internet y otros recursos publicados en línea reciben cientos de miles de visitas al año. Incluso, hace unos años, resultamos una amenaza suficiente para que la policía israelí abriera una investigación contra nosotros (por "incitación a evadir el servicio militar", o sea, incitar a la gente a oponerse a la conscripción). En definitiva, una bonita historia de éxito, sobre todo si se compara con el panorama desolador de la realidad política israelí.

Así pues, ¿cómo lo hicimos? En realidad, no fue tan difícil. No contábamos con ningún recurso especial (aparte del compromiso y la dedicación de una docena de voluntarios), y durante los dos primeros años tampoco recibimos ninguna financiación; los fondos llegaron más tarde, con los primeros éxitos. Además, trabajamos en un entorno bastante hostil, aunque es cierto que regímenes más represivos pueden dificultar mucho más las cosas y se requiere más precaución y confidencialidad por parte de los activistas. Pero la mayor parte de lo que hicimos, tú también puedes hacerlo si todavía no lo has hecho, así que por favor ¡inténtalo en tu país!

A continuación, se presentan algunos consejos para organizar el apoyo a los objetores basados en nuestra experiencia. Aplícalos generosamente…

Debes estar al lado de la gente a la que apoyas

Puede parecer obvio, pero apoyar a los objetores significa estar a su lado, ayudarles en los momentos difíciles y respetar sus decisiones y límites. Estás ahí para apoyarlos, no para presionarlos ni adoctrinar-los o idolatrarlos.

En realidad, no es una lección fácil de aprender para muchos movimientos de objeción. La objeción se manifiesta de muchas formas y maneras, mientras que los movimientos políticos a menudo presionan a sus miembros hacia la uniformidad ideológica. Si crees que apoyar a los objetores consiste en que estos adopten tu ideología partidista, no vas a brindar un apoyo real a la mayoría de los objetores, y tu movimiento seguirá siendo marginal. Para desarrollar un sistema de apoyo eficaz es necesario respetar los motivos y la autonomía de las personas a la hora de tomar decisiones sobre sus propias vidas.

 

Otro error habitual es ejercer presión de grupo sobre los objetores para que estos sobrepasen sus límites. Aquí en Israel los objetores pueden elegir varias vías para quedar exentos del servicio militar y –suponiendo que reciban un buen asesoramiento desde el principio– solo van a la cárcel si eligen enfrentarse abiertamente a las autoridades. Hemos tenido varios casos en los que los objetores fueron presionados por los compañeros para que eligieran ir a la cárcel e incluso para que intensificaran más el enfrentamiento con las autoridades penitenciarias, negándose a llevar uniforme o poniéndose en huelga de hambre, etcétera. Ahora bien, cuando esa escalada se debe a la elección libre e informada del objetor, hay mucho trabajo que hacer para apoyarlo: a través de campañas eficaces sobre el caso o también intentando mantener el contacto más estrecho y frecuente posible con el objetor mientras está en la cárcel y ejerciendo todo tipo de presiones externas sobre las autoridades penitenciarias para que sepan que las estamos vigilando. Pero si la escalada se produce por la presión externa o por una cultura de culto al héroe dentro del movimiento, puede ser un fracaso total y alejar a muchos objetores potenciales (véase la entrevista con Noam Gur en el capítulo 4).

Incluso en el caso de un objetor que elige libremente la escalada de tensión, es conveniente pararse un momento y hablar con el objetor de las tácticas, su eficacia relativa, de las alternativas y estrategias de salida. Como objetor, cuando indicas cuál es tu línea roja, haz de atenerte a ella. Tu fuerza frente al sistema y tu “escudo” psicológico en el proceso se basan en tu capacidad para mantener tu objeción a toda costa, sin llegar nunca a una situación en la que te parezca que has traicionado a tu propia conciencia. Esto significa que, si no estás seguro de que algo sea una verdadera línea roja, no debes indicarla como tal. Por ejemplo, ¿qué sentido tendría empezar una huelga de hambre, tener a todos tus amigos y defensores muy preocupados por tu bienestar, solo para abandonarla más tarde por la presión, no según tus propias condiciones, sino las del ejército? Así pues, un aspecto del apoyo eficaz es abordar abiertamente los límites y dificultades y establecer las condiciones de tu lucha con sensatez: sería mucho peor para los objetores con los que trabajas, y para todo el movimiento, que se les obligara a sobrepasar sus límites y vivir una experiencia muy traumática no por decisión propia, ni siquiera como consecuencia de un enfrentamiento que el Estado les impone, sino simplemente porque eso es lo que tú esperas que hagan.

Un movimiento sostenible acepta abiertamente los miedos, las debilidades y los límites psicológicos de sus miembros, y valora el compromiso cotidiano no menos que las hazañas “heroicas” en las celdas de la cárcel. De esta manera, tu movimiento también puede permanecer abierto a todas las formas y definiciones de la objeción, abierto a la objeción de conciencia de personas de cualquier sexo, etnia y clase social. El valor de la aportación de un objetor al movimiento no dependerá de la importancia que los militares atribuyan a su servicio como soldado en el futuro (este punto se trata con más detalle en el capítulo de Sahar Vardi sobre si la objeción de conciencia en Israel puede ser un intento de desmantelar la “casa del amo” del militarismo usando las herramientas del amo). Además, recuerda que, en cualquier momento, es posible que muchas más personas opten por vías más fáciles de evitar el servicio militar, y este conjunto de personas es un grupo de posibles aliados en tu lucha si puedes ofrecerles el apoyo que necesitan.

Acumular y compartir conocimientos

El apoyo eficaz a los objetores se basa en conocer bien cómo funciona el sistema. Puede utilizarse este conocimiento para convertir el acto de la objeción en una intervención eficaz. Si estás ayudando a una persona a escapar de las garras del ejército, podrás explicarle al objetor todos los procedimientos necesarios para conseguir los documentos de exención. Si estás llevando a cabo una campaña de desobediencia civil pública, sabrás cómo planificar dicha campaña para enfrentarte al sistema en el momento y las circunstancias que sean favorables a tu causa.

Ahora bien, las cosas que hace falta saber varían de un lugar y un momento a otro, así que no tiene sentido que entre en detalles técnicos, pero se pueden aplicar algunos principios generales y compartir unos pequeños consejos sobre cómo adquirir los conocimientos pertinentes y mantenerse al día.

La objeción, de cualquier tipo y en cualquier lugar, supone tratar con la burocracia militar y estatal. Tal vez este aspecto de la objeción no sea lo primero en lo que se piensa, pero de hecho es lo que los objetores normalmente terminan haciendo y donde una buena estructura de apoyo puede ser especialmente útil.

Ahora bien, en cierto modo, los burócratas son iguales en todo el mundo. Por ejemplo, temen la responsabilidad personal más que los vampiros a la luz del día, así que cuando los objetores –o sus familiares si los apoyan– juegan la carta del “si algo sale mal, usted será el responsable” en el momento oportuno, se puede conseguir mucho. Los burócratas, por supuesto, siguen las leyes y las normas, a menudo sin pensar. Por eso, normalmente no sirve de nada, y a menudo es perjudicial, intentar negociar con los funcionarios, y aún menos pedir clemencia. No se saltarán las normas por tu bien, ni por el de nadie. Cuando las normas dictan lo que el objetor con el que trabajas debe hacer, es de esperar que hagan todo lo posible para evitar infracciones. Aquí en Israel, por ejemplo, los funcionarios militares suelen mentir y hacer promesas vacías o proferir amenazas para asegurarse de que un recluta potencial siga los procedimientos de alistamiento en el orden debido. Por otro lado, a veces a los burócratas les gusta jugar a ser Dios, salen con una decisión arbitraria que te impide ejercer tus derechos reconocidos por la ley –algo que normalmente puede abordarse ejerciendo presión externa (por ejemplo, legal) o incluso llevando el caso ante los superiores jerárquicos.

Sobre todo, hace falta conocer las leyes, las normativas, los reglamentos, los criterios y las prácticas pertinentes, y cómo se aplican, y seguir los cambios que se van produciendo en los mismos. Parte de esta información está disponible al público. En otros casos, abogados simpatizantes podrán asesorarte (véase más adelante). En la mayoría de los casos, en lo que respecta a las prácticas y a la aplicación de las leyes, la mejor fuente de información es la gente a la que estás ayudan-do y lo que les está pasando. En New Profile, nuestro método para recoger y almacenar esta información consiste en tener consultas periódicas entre nosotros sobre los casos difíciles. Contamos con una red de asesores de objetores voluntarios que han sido formados inicialmente por otros asesores con más experiencia y a los que después se les anima a compartir preguntas y preocupaciones –manteniendo la confidencialidad cuando es necesario– con toda la red de voluntarios, ya sea por correo electrónico o en reuniones cara a cara. De esta manera, toda la red se beneficia de los conocimientos que adquirimos siguiendo cada caso hasta su resolución.

Un último punto: la manera en que los ejércitos tratan a los objetores a menudo es incoherente y arbitraria. Lo que ha funcionado cientos de veces tal vez no funcione esta vez, y viceversa. Un buen asesoramiento a objetores se basa en un conocimiento fiable y probado, pero no debe ser demasiado optimista. Prepara a los objetores a los que asesoras para que se anticipen a los imprevistos. De esta manera, estarán mejor preparados para lo que venga, te enterarás de los cambios en las políticas y en los procedimientos especiales sin tardanza y otros objetores aprenderán a confiar en la información que les proporcionas.

Medios de comunicación

Todo el mundo sabe que el trabajo de difusión es importante para hacer campaña a favor de los objetores, sobre todo cuando están sometidos a juicio, en la cárcel, etc. Menos visible, pero igual de importante, es el papel de los medios de difusión –y no me refiero solo a los medios de comunicación de masas– para llegar a tu público destinatario. Permíteme hablar brevemente de ambos (para más detalles consúltese una buena guía de trabajo con los medios de comunicación).

En nuestro trabajo habitual –además de alguna campaña especial de vez en cuando–, en New Profile nos hemos dado cuenta de que las puertas de los medios de comunicación convencionales están prácticamente cerradas (puede que en tu país las condiciones sean mejores a este respecto). Las únicas veces que nuestro trabajo de apoyo a objetores tiene una resonancia notable en los medios es cuando alguno publica revelaciones maliciosas sobre nuestra muy sediciosa organización y cuando la policía nos persigue. No es que la publicidad negativa sea necesariamente mala –bastantes objetores se enteraron de nuestra existencia y del apoyo que podemos ofrecerles de esta manera– pero tú no puedes iniciarla y tiene sus riesgos. La presencia constante en Internet –incluido nuestro importante foro de apoyo anónimo– y las pegatinas de parachoques estratégicamente colocadas nos dieron mejores resultados (pero, de vez en cuando, también conseguimos poner anuncios de pago en Internet). Pero hay que tener cuidado y tener en cuenta los posibles riesgos e inconvenientes. Por ello, pensamos en la posibilidad de utilizar Facebook, que nos permitiría llegar a muchos jóvenes que se plantean la objeción, pero optamos por una versión mínima, no mucho más que un enlace permanente a nuestra página web. ¿El motivo? Nuestra labor de apoyo a objetores, o incluso un muro activo en Facebook, revelarían automáticamente la identidad de los objetores que buscan nuestra ayuda y cualquier empleado del ejército o un futuro empleador podría averiguar fácilmente que buscaron nuestra ayuda. En la mayoría de los casos, eso sería perjudicial para nuestra causa.

Como ya he mencionado, además de esta presencia constante, también hay que gestionar campañas de apoyo a los objetores que están en la cárcel y sometidos a juicio, haciendo declaraciones públicas y demás. Pero hay que decir que no todo se reduce a los medios de comunicación. Compartir noticias habitualmente con los simpatizan-tes en tu país y en el extranjero, incluidas organizaciones internacionales (véase el capítulo sobre la solidaridad internacional) no es menos importante que llevar a cabo una campaña de información. La información contenida en las noticias ha de ser clara. Debe sugerir a los simpatizantes cosas concretas que puedan hacer –como escribir una carta a una lista de direcciones indicada en la noticia, firmar una petición, llamar a las autoridades por teléfono, ir a una manifestación y difundir la noticia entre sus contactos. Lo más importante, siempre que sea posible, es que deberían incluir la voz del objetor en cuyo nombre se envían, por ejemplo, con una declaración o comunicado suyo.

Cuando trabajes con los medios de difusión, no dejes de lado las opciones más fáciles: medios radicales y alternativos y periodistas que trabajan en medios más convencionales con los que tal vez tengas buenos contactos; estos contactos suelen desarrollarse con el tiempo a través de tu trabajo con los medios. El momento y el lugar de tus acciones también pueden generar atención mediática adicional. Las fechas y los lugares simbólicos pueden ser útiles, como también lo pueden ser las manifestaciones que coincidan con un acto en el que los medios estén interesados por otros motivos, si puedes relacionar tu causa con el acto.

Aparte de esto, recuerda que la perseverancia tiene su recompensa, al menos en situaciones en las que la prensa no está bajo estrecho control militar o gubernamental. Si solo envías comunicados de prensa a una extensa lista de agencias de noticias periódicamente, es improbable que consigas que aparezcan en las noticias, pero con el tiempo verás que estas agencias de noticias conocen tu nombre y los periodistas empezarán a llamarte cuando surja un tema relacionado con tu trabajo.

Recurre a profesionales y a personas importantes

Las competencias profesionales (o cualquier otra posición social) de tus miembros y simpatizantes pueden ser de gran utilidad.

Los abogados son un buen ejemplo de ello. Podrían ayudarte mucho dándote acceso a las leyes y normativas pertinentes (véase lo dicho anteriormente) y son indispensables cuando un objetor al que estás apoyando está sometido a juicio. Tener una licencia legal ya puede ser muy útil de por sí, gracias a las leyes que regulan la confidencialidad y el derecho a un abogado. Aquí en Israel (también podría ser así en tu país) un abogado puede visitar a los reclusos en la cárcel en cualquier momento. Nosotros nos amparamos en eso para poner en marcha un programa periódico de visitas a prisión realizadas por abogados. La ley también puede proteger a los abogados cuando asesoran a los objetores en países donde ese tipo de asesoramiento es ilegal o se encuentra en el límite de la legalidad, como ocurre aquí.

Los abogados son profesionales a los que los movimientos sociales normalmente pueden recurrir. Si todavía no cuentas con ninguno, es posible que descubras que algunos abogados bien establecidos u organizaciones de derechos humanos estarían dispuestos a ayudarte en algunos casos de forma gratuita, o pro-bono, como se dice en la jerga legal. También hay profesionales del Derecho fuera de tu país que podrían ser útiles para ejercer presión en tu país a través de mecanismos legales internacionales (véanse capítulos 10 y 11). Puedes ponerte en contacto con ellos a través de organizaciones y redes internacionales, como la Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG).

Otro grupo de profesionales que puede ser útil son los psicólogos y psiquiatras, que a veces podrían trabajar con los objetores en torno al trauma que están viviendo y podrían aconsejar a tus voluntarios sobre cómo hacer frente a las situaciones difíciles, tales como ayudar a objetores que presentan riesgo de suicidio, una situación que, por desgracia, se nos ha presentado con bastante frecuencia. En New Profile nos hemos asociado con un grupo de activistas especialistas en salud mental, llamado Psychoactive, con esta finalidad. Puedes ponerte en contacto con profesionales de todo tipo a través de grupos de activistas profesionales similares, si existen en tu país.

Otros tipos de profesionales pueden ser más pertinentes a la situación en tu país y a las particularidades de tu trabajo. Periodistas, médicos, profesores universitarios, obreros de la construcción, artistas, músicos, diseñadores gráficos, etc. Conseguir que todos estos profesionales se solidaricen con tu causa puede ser más fácil de lo que imaginas.

A la hora de seleccionar profesionales con los que trabajar, es importante que sean competentes en el campo que te interesa, pero es aún más importante, fundamental incluso, que apoyen tu causa. Un abogado hostil, por ejemplo, perjudicaría tu caso más que no tener a ninguno, y uno indiferente podría malinterpretar el propósito de tu campaña.

Otras colaboraciones que pueden ser beneficiosas en tu trabajo –aunque también pueden crear distracciones y molestias– son con personas importantes y famosas. Sirven, sin duda, para atraer la atención de los medios de comunicación. La actriz Jane Fonda generó mucha publicidad para el movimiento estadounidense contra la guerra de Vietnam y, en nuestra experiencia, un objetor de Israel –Jonathan BenArtzi– recibió mucha atención por parte de los en los medios, no tanto por su caso personal, sino porque un importante político de derechas –Benjamin Netanyahu– resultó ser su tío. Hay que hacer una pequeña advertencia: a veces puede surgir un caso de gran potencial mediático en el que el propio objetor “famoso” prefiera mantenerlo al margen de los medios. En este caso, es más importante respetar el deseo del objetor.

Además de ser imanes mediáticos, algunos famosos pueden tener una utilidad más práctica. Por ejemplo, los parlamentarios gozan de inmunidad en la mayoría de los países y, de acuerdo con las leyes que protegen la inmunidad, pueden inspeccionar las cárceles y visitar a los presos.

Desarrolla tu trabajo

Por último, aunque no menos importante, nunca te quedes quieto. Siempre existe la posibilidad de desarrollar tu red de apoyo por otras vías importantes. En nuestro caso, hemos trabajado recientemente para llegar a los grupos desfavorecidos de la sociedad. En estos grupos es muy habitual que los jóvenes sean los primeros en enlistarse y luego pasen gran parte de su permanencia en el ejército como desertores o prisioneros, sobre todo cuando tienen que trabajar para mantener a sus familias. Otra vía de desarrollo que estamos estudiando –como hacen otros movimientos de objeción en todo el mundo– es el apoyo a los objetores una vez que termina su lucha directa con las fuerzas armadas, cuando se enfrentan a todo tipo de discriminación oficial y extraoficial por no haber hecho el servicio militar. Cuando termina el servicio militar obligatorio, todavía hay trabajo que hacer en lo que respecta a la objeción de conciencia y otros medios de conseguir el licenciamiento de los soldados profesionales; además, hay que hacer un trabajo en contra del reclutamiento para evitar que la gente se enliste.

¿Cuáles serían las mejores vías de desarrollo en tu caso? Escuchar las historias de los que apoyas y las opiniones de tus propios voluntarios. Si tu movimiento está vivo, estas personas se darán cuenta de cuál es el camino que seguir y, mientras siga vivo, los voluntarios y objetores no dejarán de llegar. Mientras sigas avanzando y desarrollándote, tu movimiento sobrevivirá.

Ir al siguiente capítulo: Solidaridad Internacional

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Regresar a Objeción de Conciencia: Una guía práctica para los movimientos

Aquí, una introducción a la toma de decisiones grupales por consenso extraída del Manual Internacional para Campañas No Violentas de la IRG. Esta es una forma de trabajar constructivamente con diferencias en términos de privilegios y con diferentes motivaciones.

¿Por qué consenso?

Hay muchas maneras en las que un grupo puede tomar decisiones, y es importante elegir el mejor método para la decisión que se debe tomar. Esto puede ser una votación, una persona decide (generalmente un "líder" u otra persona encargada de esa responsabilidad), un método aleatorio como lanzar una moneda o la toma de decisiones por consenso.

A menudo, en una votación democrática, una minoría significativa está descontenta con el resultado. Si bien pueden reconocer la legitimidad de la decisión, porque aceptan estas reglas de la democracia, aún pueden resistirla o socavarla activamente, y trabajar hacia la próxima oportunidad de voto.

El compromiso es otro método para llegar a una decisión, a menudo a través de la negociación. Dos o más lados anuncian su posición y se mueven uno hacia el otro con medidas concesionarias y medidas mutuas. Sin embargo, esto a menudo puede llevar a la insatisfacción por todos lados, ya que nadie obtiene lo que realmente quería.

Muchos grupos activistas utilizan la toma de decisiones por consenso creyendo que las personas deberían tener un control total sobre sus vidas y que el poder debería ser compartido por todos en lugar de otorgarlo a unos pocos para que tomen decisiones por muchos. El consenso es especialmente útil cuando un grupo se está preparando para llevar a cabo acciones noviolentas entre ellos porque apunta a alentar a todos, a participar y expresar opiniones, y cultivar el apoyo para las decisiones de todos los miembros del grupo. Para evitar nuevas formas de dominio dentro de un grupo, sus procesos de discusión y toma de decisiones deben ser participativos y empoderadores, y el consenso apunta a hacer precisamente eso.

Si bien el consenso implica libertad para decidir el propio curso de la vida, también conlleva responsabilidades para el colectivo. El proceso de consenso se basa en la escucha y el respeto, y la participación de todos. El objetivo es encontrar una decisión que sea aceptable para todos los miembros del grupo, que todos aceptan. Sin embargo, el consenso no significa necesariamente que todos estén completamente satisfechos con el resultado final, pero todos están de acuerdo en que la decisión es aceptable y en el mejor interés del colectivo. Es una decisión con la que las personas pueden vivir.

El consenso, sin embargo, no es un compromiso. Un compromiso puede hacer que todos se sientan insatisfechos con la decisión y no contribuya a generar confianza a largo plazo. Y las decisiones mayoritarias, como votar o 'el líder decide' puede llevar a una lucha de poder entre diferentes facciones dentro de un grupo que compiten en lugar de respetar las opiniones de los demás. Ellos usan su brillantez para socavarse mutuamente. El proceso de consenso aprovecha la creatividad, los conocimientos, la experiencia y las perspectivas de todo el grupo. Las diferencias entre las personas estimulan una investigación más profunda y una mayor sabiduría.

¿Cómo funciona el trabajo de toma de decisiones cooperativo?

Las opiniones, ideas y reservas de todos los participantes son escuchadas y discutidas. Las diferentes opiniones son presentadas y anotadas. No se pierden ideas, la opinión de cada miembro se valora como parte de la solución. Esta discusión abierta y respetuosa es vital para que el grupo pueda tomar una decisión sobre la base de que, en una acción noviolenta, las personas se pondrán a sí mismas y a sus cuerpos "en la línea".

Paso a paso del proceso de toma de decisiones por consenso

  1. El problema, o la decisión que debe tomarse, se define y se nombra. Ayuda hacer esto de una manera en la que se separe los problemas y las preguntas.
  2. Lluvia de ideas para posibles soluciones. Escribirlas todas, incluso las que parecen no tener sentido. Se necesita mantener la energía alta para obtener sugerencias rápidas y útiles
  3. Creen un espacio para preguntas o aclaraciones sobre la situación.
  4. Discutan las opciones escritas. Modificar algunas, eliminar otras y desarrollar una lista corta. ¿Cuáles son los favoritos?
  5. Señalen la propuesta o elección de propuestas para que esto sea claro para todos (A veces puede ser útil dividirse en pequeños subgrupos para redactar cada propuesta de manera clara y sucinta).
  6. Discutan los pros y los contras de cada propuesta; asegúrese de que todos tengan la oportunidad de contribuir.
  7. Si hay una objeción importante, vuelva al paso 6 (este es la parte que consume más tiempo). A veces es posible que deban volver al paso 4.
  8. Si no hay objeciones importantes, declaren las decisiones y hagan una prueba de acuerdo.
  9. Reconozcan objeciones menores e incorporar enmiendas amistosas.
  10. Discutan
  11. Verifiquen el consenso.

Consenso en grandes grupos: concejo de voceros

El modelo de toma de decisiones por consenso descrito anteriormente funciona bien dentro de un grupo. Sin embargo, acciones noviolentas más grandes requieren la cooperación de varios grupos de afinidad. Un método para hacerlo es utilizar un consejo de voceros. El consejo de voceros es una herramienta para tomar decisiones por consenso en grandes grupos. En este, los voceros de grupos más pequeños se reúnen para tomar decisiones compartidas. Cada grupo está representado por su 'representante'. El grupo se comunica a la reunión general a través de su portavoz, lo que permite que cientos de personas estén representadas en una discusión grupal más pequeña. Lo que los voceros están facultados para hacer depende de su grupo de afinidad y pueden necesitar consultar con sus grupos antes de discutir o acordar ciertos temas.

Ir al siguiente capítulo: Organizar el apoyo a objetores

 

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Regresar a Objeción de Conciencia: Una guía práctica para los movimientos

Idan Halili se convirtió en la primera objetora de conciencia israelí al negarse a hacer el servicio militar por motivos feministas en 2005. En un fragmento de la Antología de mujeres objetoras, publicada por la IRG en 2010, esta joven narra su experiencia y nos explica sus razones.

La historia de cómo quedé exenta del servicio militar terminó cuando yo tenía diecinueve años. En mi narración, intento describir la historia de mi objeción, el proceso por el que atravesé y lo que todo esto implicó.

Creía entonces, como creo hoy también, que el servicio militar me obligaría a participar en una organización cuyos principios son incompatibles con los valores feministas en los que creo y que tienen que ver con el compromiso con la dignidad humana, la igualdad, la consideración de las necesidades específicas de los diferentes grupos y personas de nuestra sociedad, además de con el rechazo a la opresión.

Al principio, pensaba que mi manera de contribuir a la sociedad sería realizando un trabajo feminista dentro del ejército. Así que me presenté en la Consejería de Asuntos de la Mujer —que, entre otros, lleva los casos de acoso sexual en el ejército— y pedí cumplir el servicio militar allí. Fue una época en que mi conciencia personal experimentó un desarrollo muy notable, y cuanto más consciente me hacía de los dilemas feministas, tanto más se me planteaban dudas ante el tema de ingresar en el ejército. Tuve que enfrentarme a un duro conflicto provocado por el choque entre las ideas que me habían inculcado desde pequeña -el ejército es una institución benefactora, y participar en él es una forma especialmente respetable de aportar algo a la sociedad- y, por otro lado, los valores feministas de dignidad e igualdad.

El ejército es una organización cuyos valores fundamentales no pueden reconciliarse con los valores feministas. Es jerárquico, lo cual, por definición, le impide ser igualitario. Además, su exigencia de uniformidad y obediencia imposibilita que puedan expresarse identidades y necesidades diversas. Por lo tanto, consolida una visión distorsionada de la noción de igualdad, medida, en el caso del género sexual, en función del grado en que se ha incluido a las mujeres en áreas de actividad consideradas masculinas. Como se trata de una organización violenta, el ejército es también responsable del aumento de la violencia en la sociedad y, por consiguiente, del aumento de la violencia hacia las mujeres.

Entre los factores que fomentan el acoso sexual, se encuentran los rasgos típicos de la organización y estructura del ejército: estructura organizativa jerárquica, mayoritariamente masculina, clara identificación de recién llegados y ambiente laboral de escaso nivel profesional. Así pues, cuando se le exige a una mujer que se enliste, esta se ve obligada a hacer frente al acoso sexual en un contexto que lo propicia. Es más, como el ejército es una institución central en la sociedad israelí, la cultura de acoso sexual se exporta a la sociedad civil, donde se sigue arraigando. Cuando los hombres pasan un periodo formativo de sus vidas en el ejército, es probable que reciban refuerzos positivos por el uso de la fuerza bruta y la violencia. En una organización cuyos valores fundamentales incluyen la superioridad y el control, actitudes que se fomentan no solo en las actividades específicas profesionales (las militares), sino también en las relaciones interpersonales.

Como feminista, me siento comprometida con la lucha por los derechos de las mujeres en la sociedad. No puedo formar parte de una organización que, directa o indirectamente, promueve el uso de la violencia hacia las mujeres (adopte ésta la forma que adopte). Por lo tanto, en mi opinión, ser feminista me impide servir en el ejército, sería una contradicción. Para mí estaba claro que el servicio militar entraba en conflicto con los valores en los que yo creía, pero sabía que "tener una ideología feminista” no era una opción para conseguir la exención, y me costó mucho despojarme de las ideas con las que me crie sobre la importancia del ejército y de que no querer cumplir con esa obligación era algo inconcebible. Al principio, traté de entender con qué opciones contaba. Una forma aceptable para las mujeres es por motivos religiosos. Yo no soy creyente, y el lugar donde me crie es conocido por su laicismo: estaba claro que si intentaba conseguir la exención por motivos religiosos nadie me creería. Otra opción era el matrimonio. Me pasó por la mente lo de casarme por conveniencia, pero duró poco porque no quería pensar que estaba “haciendo trampa”, y desde luego, no quería colaborar con las instituciones a cargo del matrimonio en Israel, que son, como poco, bastante patriarcales.

La opción de quedarme embarazada y dar a luz, que también hace posible la exención, la descarté por completo, por razones obvias, por lo que me quedaban dos opciones. Una era conseguir la exención por razones “psiquiátricas”. Estoy convencida de que la mayoría de las personas no tienen que mentir para que se las considere psicológicamente no aptas para servir en una organización militar, pero para mí aquella razón no describía adecuadamente mi objeción al servicio militar.

La última opción era presentarme a un cuerpo militar llamado el Comité de Conciencia. Es un comité militar autorizado para otorgar la exención por motivos de conciencia. En la práctica, solo aprueba solicitudes de personas a las que ellos consideran pacifistas, es decir, solo a quienes se declaran pacifistas y se niegan a emplear cualquier tipo de violencia, así como a aquellos que no ingresarían en ningún tipo de ejército, se les otorga la exención en Israel por motivos de conciencia.

Hoy me resulta fácil definirme como pacifista, pero en aquel momento del proceso aún no me veía como tal. Así que, una vez más, debido a esas exigencias un tanto duras que me había impuesto, la de estar totalmente segura, la de no tener ningún tipo de reserva respecto a mis acciones, no quería pedir la exención por razones de pacifismo. El momento en que finalmente decidí no enlistarme lo visualizo con la clásica imagen de los dibujos animados en que aparece un bombillo sobre la cabeza de un personaje: había tenido una revelación. Entendí que, a pesar de que no existía la opción de solicitar la exención por "motivos de feminismo", no había nada que me impidiera hacerlo. Tenía claro que la objeción feminista era una objeción a todo ejército, no solo a una determinada política gubernamental. Así pues, empecé a redactar una carta dirigida al Comité de Conciencia en la que describía en detalle mis ideas feministas y trataba de explicar lo mejor posible la conexión entre el feminismo y la objeción al militarismo.

Me llevaron a juicio ante un tribunal militar y me condenaron a dos semanas en una cárcel militar de mujeres, donde había unas cincuenta mujeres de mi edad. La mayoría estaba en la cárcel por deserción, debido en muchos casos a la incapacidad del sistema militar de resolver adecuadamente sus problemas: una soldado que había escapado a causa del acoso sexual al que la sometía su comandante; una chica que era el único sustento de una familia numerosa cuyos progenitores eran discapacitados, a quien no le daban permiso para trabajar y mantener a su familia; otra soldado que no había llegado a tiempo a la base porque su compañero, por celos, la había encerrado en casa. En lugar de mostrarse comprensivo con sus problemas, la forma en que el ejército trataba a estas soldados “inútiles” era enviarlas a la cárcel.

Estar encerrada en la cárcel fue sin duda muy deprimente y no se lo recomiendo a nadie. La elección de ir a la cárcel que adoptan algunas de las personas objetoras a veces se ve como un acto casi heroico en el movimiento de objeción. Se hace patente el aprecio que despiertas por tu determinación y voluntad de sacrificar tu libertad, e incluso la salud mental, que indudablemente se resentirá con el encarcelamiento. En mi opinión, así se reproduce justamente el patrón militarista de comportamiento que yo me niego a reproducir.

Solo me di cuenta de esto después de la experiencia de pasar por la cárcel, de comprobar lo que esto implicaba al nivel más emocional. Decidí que no quería cooperar con esa imagen de “objetora heroica”. Al mismo tiempo, las experiencias por las que pasé durante el periodo de mis encuentros finales con el ejército me hicieron comprender que no necesitaba el sello de aprobación de este para sentirme segura de mis creencias y las razones de mi objeción. Así pues, decidí no insistir en luchar por la exención como objetora de conciencia.

Después de ser puesta en libertad, y tras mi apelación, me concedieron el dudoso derecho de comparecer de nuevo ante el Comité de Conciencia. Esa comparecencia fue un absurdo. Unos días después, me otorgaron la exención como “no apta para el servicio militar”, explicando que los motivos de “feminismo” no justificaban la exención como objetora de conciencia. Una de las manipulaciones ridículas a las que me sometió el Comité de Conciencia fue hacerme pensar que mi negativa a hacer el servicio militar era optar por “ser pasiva” frente a la opción de ser “activa”, de aportar un trabajo a favor del cambio “desde dentro”. La verdad es que no me explico cómo incorporarme a la organización más masculina y machista del país podría generar cualquier acción feminista. Es cierto que, en el mundo académico, en muchos lugares de trabajo y en la calle, también existe un ambiente de jerarquía, imposición o patriarcado, pero solo en el ejército se da la combinación de tantos elementos opresivos juntos y de un modo tan extremo, y solo allí estos elementos son fundamentales para la esencia de la organización. Un ejército no jerárquico, no agresivo o no violento no sería un ejército. El machismo existe en todos lados, cierto es, pero no siempre es una piedra angular: sin el culto a la masculinidad combatiente, la gente empezaría a perder interés en las unidades de combate, que son la esencia del ejército. Sin la represión de las emociones y la admiración de la superioridad y la capacidad de agresión, la gente tendría que desarrollar más compasión, humanidad y otras cualidades que les incapacitarían para poder tirar bombas en el corazón de una zona de población civil densamente poblada, pegarle un tiro a la persona que tienen delante, humillar a familias enteras día tras día, aceptar el riesgo de morir en cualquier momento y otras acciones militares de rutina.

En mi acto de resistencia y en mi vida en general, he intentado cambiar las cosas desde dentro. No cambiar el ejército desde dentro, sino influir desde dentro de la sociedad en la que vivo. Me gustaría vivir en una sociedad más sana, menos militarista, más igualitaria y respetuosa, y menos violenta y opresora. No creo que mi propio acto de resistencia por sí solo pueda generar todo eso, pero estoy contenta de haber tenido la fortaleza de unirme a un movimiento creciente de personas dispuestas a plantear ciertas preguntas.

Ir al siguiente capítulo: Toma de decisiones por consenso

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Jungsik Lee es una escritora, directora teatral, productora de videos y objetora de conciencia surcoreana que estuvo en prisión desde el 25 de febrero de 2010 hasta el 9 de mayo de 2011. Desde que fue diagnosticada de VIH/SIDA el 9 de diciembre de 2013, su trabajo se ha centrado en los temas relacionados con las llamadas “enfermedades de la sociedad moderna”: aislamiento, soledad, desesperanza y hambre. Esta historia personal trata de la experiencia de pertenecer a una minoría sexual y de género en Corea del Sur, y de su decisión de convertirse en objetora de conciencia a partir de esa experiencia.

Nota sobre el contenido: este es un relato personal que describe experiencias traumáticas como exclusión social y familiar, disforia de género, pensamientos suicidas, mala praxis médica y encarcelamiento. Sin embargo, no contiene detalles escabrosos.

Alicia en el ejército de las maravillas

Cuando era niño, yo vivía en el país de las maravillas. Claro está que nunca caí rodando por una madriguera de conejos ni me perdí en un jardín laberíntico. Solo he visto conejos gigantes y cartas soldado en las ilustraciones de los cuentos de hadas. Pero este lugar al que pertenezco es más extraño y aterrador que el mundo en el que Alicia vivió su aventura.

Una vez, cuando aún era niño, fui al jardín de infancia con un vestido verde de mi prima que ella no usaba desde hacía mucho tiempo. Lo tenía muy bien guardado en el fondo del armario. Los mayores se reían de mí porque les parecía gracioso que un niño llevara un vestido de niña. Mis compañeros de clase también se reían porque les parecía raro. Yo sentía un poco de vergüenza, pero pensaba que el vestido de mi prima reflejaba mi verdadero yo. Pensaba que un niño de tez morena y pelo corto se veía mejor en el espejo con un vestido de niña. ¿Por qué me gustaba la ropa de niña y por qué los niños se reían cuando me la ponía? ¿Por qué me encantaba que me dijeran que estaba bonita? Esos eran pensamientos que yo no podía expresar en ese entonces. Seguí creciendo y llegué al colegio secundario. Mi voz y mi forma de comportarme podían ser la razón por la que la gente se reía de mí. Tenía que reprimirme y esconderme de las horribles reacciones que suscitaba en los demás. Por eso creo que mi vida cotidiana de esa época fue el periodo más alienante que me ha tocado vivir. Ese tiempo no fue suficiente para llegar a entender mi cuerpo. No tenía a nadie a quien contarle todo aquello que me angustiaba, ni con quien poder hablar de mi deseo sexual. Me fui distanciando de mi casa y de la escuela, pues sentía que yo estaba creciendo de una manera “diferente”. Hay personas que piensan que de esa manera abrí la puerta de esa sociedad y conseguí franquear sus fronteras. Pero, de hecho, la sociedad me cerró todas las puertas y las ventanas: yo no podía mostrar mi verdadero rostro, no podía formar parte de esa sociedad.

Incluso yo misma negaba mi cuerpo. Cuando los hombros, las manos y pies diminutos me fueron creciendo hasta llegar a ser como los de mi papá y mis tíos, también me di cuenta de que tenía un pene en el centro del cuerpo, un miembro sobre el que niños y hombres hacían bromas vulgares, se vanagloriaban de ello y ridiculizaban a otros.

Pensaba que debía cambiar de cuerpo cuando alrededor de esa “cosa” comenzó a crecer vello y de vez en cuando se ponía dura. Lo que quería era tener un cuerpo con curvas, redondeado y voluptuoso como el de mi madre y mis hermanas. Deseaba conocer a un hombre algún día, y que mi cuerpo fuera como el de una mujer, y formar una familia tal como habían hecho mis padres.

Me fui de casa cuando era muy joven. Llevaba una vida errante y no podía quedarme en un mismo sitio por mucho tiempo. A veces me obsesionaba con pensamientos extremos, como el suicidio. Esos pensamientos aparecían de repente y con frecuencia en mi interior, me cegaban de tal forma que ni conseguía ver lo que tenía enfrente. Pero volví a encontrar las palabras tras pasar algunos años en un refugio para jóvenes y en casa de mi abuela, mis verdaderas palabras, las que yo quería pronunciar: amo a los hombres y quiero que ellos me amen a mí. La actitud de los demás era lo más chocante y terrible: querían pisotear mi capacidad de amar.

Pasé la mayor parte de la adolescencia deambulando sin rumbo, y un buen día recibí una notificación por correo de que sería reclutado, o “llamado a filas”. En Corea del Sur, el Gobierno establece que todo joven de 19 años tiene que pasar por una revisión física. Es obligatoria. Esta revisión comprende 4 pasos: prueba psicológica, revisión física, prueba de aptitud y prueba de determinación. Esto permite clasificar a los jóvenes en una escala que va del grado 1 al grado 7. Quienes se encuentran en los grados 1, 2 y 3 deben responder al llamado del ejército. Los que están en los grados 4 y 5 son destinados a trabajar en oficinas gubernamentales como parte del servicio nacional, aunque también tienen que realizar 4 semanas de entrenamiento militar. Si a alguien se lo clasifica en el grado 6, queda exento de cumplir el servicio militar. Cuando era adolescente, yo pensaba en someterme a una operación de reasignación de género, o cambio de sexo, y busqué el apoyo de un profesor de psicología. En ese entonces, si un hombre (una mujer, en el fondo) quería conseguir una receta médica de hormonas femeninas, tenía que contar con un dictamen psicológico profesional. Sin embargo, el psicólogo me disuadió de hacerlo y la relación con mi familia siguió empeorando. Por ello, abandoné la escuela y me mudé a un refugio para jóvenes, pero aun así seguí con el proceso de feminización al mismo tiempo.

Después de eso, mi depresión empeoró, por lo que me puse en psicoterapia en el hospital al que me encomendó el refugio. Al cumplir los 19 años, tuve que presentarme a la revisión militar y me clasificaron en el grado 7, lo cual significaba que tenía que pasar por una nueva revisión médica. Presenté los documentos de mis psicólogos, pero la oficina de reclutamiento me dio un grado 3. Esa clasificación me hacía apto para el alistamiento. El médico militar en jefe me dijo que no podían declararme exento si no me sometía a cirugía de feminización. Me recomendó que me preparase para los procesos de medicación hormonal y cirugía genital. Pero yo no estaba preparada para someter-me a la cirugía en ese momento. Necesitaba tiempo para entender mi identidad sexual y recuperarme de la experiencia del enajenamiento de mi familia y de la sociedad. Después ingresé en la universidad y fui postergando el servicio militar (en Corea, un estudiante universitario puede pedir prórrogas por estudios hasta los 29 años). Al cabo de unos años, abandoné los estudios universitarios y poco después recibí una nueva notificación de la oficina de alistamiento que me informaba de dónde y cuándo debía presentarme para ser enlistada.

Eso me preocupó. Me preocupaba que alguien se riera de mi rostro y mis gestos femeninos. Peor aún, me preocupaba ser víctima de acosos o ser marginada en la base militar. Me llenaba de ansiedad y terror la idea de tener que compartir mi vida diaria y exponerme a otros hombres que tenían otro tipo de cuerpo.

Algunos hablan mal de los objetores de conciencia porque piensan que son “antipatrióticos” y egoístas. Pero cuando me presento como miembro de una minoría sexual, me dicen: “Ah, lo siento por ti. Creo que a una persona como tú no deberían haberla enlistada como hombre”. Tanto si discuto sobre la cultura de las fuerzas armadas como si no, lo que me resulta más ofensivo, aún hoy al escribir esto, es que ese sistema tiene un punto de vista monolítico. La administración militar se limita a enviar notificaciones a la gente, llamándola al servicio obligatorio sin ofrecerle ninguna alternativa ni excepción. Yo necesitaba tiempo para conocerme a mí misma, quería descubrir si podía llegar a encajar en las fuerzas armadas. Pero este sistema de conscripción solo te entrega la fecha de alistamiento y no escucha a la gente que tiene que realizar el servicio militar. Eso me enoja enormemente.

¿Dónde queda mi libertad? ¿Cuál es mi obligación y por qué nosotros, la gente, siempre tenemos que doblegarnos a ella? Este país, esta sociedad ¿ha hecho algún intento por protegerme o entenderme cuando era joven? No hay nada que se pueda argumentar respecto a estas preguntas. Así que simplemente llamé a las autoridades militares y les dije que iba a negarme a realizar el servicio militar y por ello me enviaron a prisión y tuve que pasar 14 meses encerrada en una celda. En la prisión se pasaba frío en la celda, la ducha era de agua fría y solo podía recibir cartas que habían sido leídas antes por los carceleros. Incluso para ir al baño me vigilaban. Pues sí, todavía hay muchas cosas incomprensibles en este país, pero siento que he conseguido regresar de esa aventura a la que llaman vida y que estoy en el lugar al que pertenezco. Esa es una de las cosas que quiero agradecerle a Corea y a su cultura militar. Ahora tengo una actitud mental que me permite contemplar las cosas que me rodean, y las que me rodearán, con mayor o menor distancia. Por ello, me siento agradecida a mi país. Si por accidente, o por arte de magia, volviera a mi niñez, llevando el vestido verde de mi prima, creo que podría preguntarles con orgullo a mis amigos y a los mayores: ¿Estoy bonita con un vestido de niña? ¿No creen que esta soy realmente yo?

Ir al siguiente capítulo: La historia de Idan

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Óscar nació en Medellín y es miembro de la Red de Medellín para la Objeción de Conciencia (Tejido por Objeción de Conciencia de Medellín). También es líder del grupo de acción social de la Iglesia Menonita por la Paz de Medellín y secretario de la Red de Iglesias por la Paz de Medellín, además de ser un activista no violento y un facilitador de justicia restaurativa en dos centros de detención en Medellín. Aquí, nos cuenta cómo trabaja en el movimiento de objeción de conciencia de Colombia sobre la base de su interpretación menonita del cristianismo.

Para muchas personas, el cristianismo es sinónimo de jerarquía eclesiástica, las Cruzadas, la explotación económica, las alianzas oscuras con sectores de la extrema derecha y otros fenómenos de este tipo. Esa rama de la Iglesia que ha trabajado por la justicia y la dignidad a lo largo de los siglos, y que ha asumido un compromiso histórico de resistir cualquier tipo de opresión, en el nombre de Jesús, se ha vuelto invisible. Sin embargo, en esta rama de la Iglesia, hemos estado promoviendo constantemente la lucha por la protección de los derechos humanos, el medio ambiente, todas las formas de vida y la dignidad como la propiedad más importante de todo ser humano, considerando a Dios como la principal parte interesada en esta lucha, basada en nuestra interpretación del resumen de Jesús de los Diez Mandamientos: "Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo".

Sin embargo, esto nos ha causado problemas con las ramas más tradicionales e institucionales de la Iglesia, aunque sabemos que esto es parte de creer y tratar de vivir de acuerdo con nuestras creencias y que el mismo Jesús fue ejecutado por los poderes políticos y religiosos de su país.

Desde 2006, he estado involucrado con Justapaz, una iniciativa de la Asociación Menonita para la Paz, en el intento de construir una red de iglesias protestantes e individuos que promuevan la noviolencia, la consolidación de la paz y la reconciliación como una alternativa a la situación del conflicto urbano armado en Medellín: La objeción de conciencia forma parte y expresa esta alternativa noviolenta. En Colombia, los hombres que se encuentran física y mentalmente en forma están obligados a completar al menos 12 meses de servicio militar. Justapaz ofrece acompañamiento a aquellos hombres que eligen convertirse en objetores de conciencia y campañas para el reconocimiento de su derecho a la objeción de conciencia. Aunque no están reclutadas, las mujeres de las iglesias protestantes de Medellín también participan en la lucha por el reconocimiento de la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio como un derecho fundamental.

Han desempeñado un papel fundamental en esta lucha: ellas mismas sufren directamente del militarismo, como una ideología que glorifica la masculinidad y los hombres mientras denigran la feminidad y las mujeres. Las mujeres también sufren cuando un hombre que está cerca de ellas es militarizado. Diana Correa es una de esas mujeres, y describe el valor que los militares atribuyen a la vida de un joven: "enterrar a un hijo es doloroso, conmueve a toda una comunidad, pero para los militares, los jóvenes son solo estadísticas".

Aquí, ella se refiere a los jóvenes que mueren en combate, pero también pienso en los jóvenes que han sido asesinados en ejecuciones extrajudiciales, o aquellas víctimas inocentes que el ejército en Colombia toma, ejecuta y viste con los uniformes del así-llamado-enemigo para presentarse a sí mismo como haciendo algún tipo de ganancias sobre el mismo.

Jennifer David, otra joven que participa en la lucha de las iglesias, se opone al servicio militar obligatorio basado en el ejemplo de Jesús como modelo de noviolencia, pero también porque ha sufrido las consecuencias directas de la militarización de su hermano gemelo: los cambios que se produjeron en su personalidad y actitud hacia las mujeres, habiendo pasado un tiempo en el ejército y una pandilla ilegal, mató la conexión entre ellos. En sus palabras: "mi hermano se unió al ejército y se involucró en el paramilitarismo y cambió su punto de vista sobre las mujeres y la vida". Ahora está en la cárcel, y no lo veo como a un hermano ". También sostiene que muchas mujeres recurren a hombres tan jóvenes porque se sienten protegidos por ellas y por la imagen de poder proyectada por el uniforme militar. Las propias mujeres, mientras tanto, se consideran demasiado débiles para participar en actividades militares, como se refleja en el hecho de que las mujeres ni siquiera tienen la "oportunidad" de hacer el servicio militar: no tienen la capacidad física o mental para llevar a cabo tales “trabajos de hombres”. De hecho, no tienen la capacidad de hacer el mal y, por lo tanto, tampoco aspiran a unirse a bandas armadas: según este pensamiento, las mujeres solo pueden apoyar a quienes van armados, a cambio de su protección.

Esta es la visión dominante, militarista. El mío es diferente: no puedo hablar de las mujeres como "el sexo más débil". Esto dejaría de reconocer su fuerza ante un sinnúmero de ejemplos, como el caso de los 'Niños de Orión', que son los hijos de los soldados y oficiales de policía que participaron en la Operación Orión, invadiendo y ocupando el Distrito 13 de Medellín. En 2002: los soldados y policías que engendra-ron a estos niños los abandonaron por completo cuando llegaron a ser enviados a otro lugar, dejando toda la carga de cuidarlos y protegerlos, económicamente también, a las madres. No obstante, estos niños aún sueñan con convertirse en soldados y policías o esperar a que les hagan cualquier oferta de participar en la logística del grupo para irse vinculando al submundo de la economía ilegal, la cual se ha convertido en una alternativa donde no se discrimina a nadie, y estos niños, que por la mayor parte son pobres y mestizos o negros, probablemente reciban mucha discriminación en la economía legal.

Sobre el tema de la discriminación, las iglesias son, vergonzosamente, a menudo las más culpables, especialmente cuando se trata de género e identidad sexual: muchos grupos de objeción de conciencia y antimilitaristas ignoran los problemas de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y trans (LGBT) pero las iglesias los condenan activamente.

Hablé con Diego Acevedo, director de un grupo llamado la Comunidad de Hermandad, quien articuló la lucha de objeción de conciencia desde una perspectiva LGBT, o la perspectiva de las 'mari-cas', algunas de las cuales han reclamado este término despectivo para su lucha. Argumentó que el servicio militar obligatorio es la máxima expresión del patriarcado, al estar alineado con las normas que surgieron después de que la heterosexualidad se convirtió en obligatoria, ya que la homosexualidad había existido mucho antes, lo que significa relaciones entre iguales en términos de afecto. En contraste, ser un hombre dentro del paradigma de la heterosexualidad obligatoria significa ser potente, un proveedor económico y protector del hogar, que es el lugar "natural" del hombre en este paradigma. Sin embargo, este modelo de masculinidad debe reafirmarse y demostrarse constantemente: existe un riesgo constante de convertirse en un hombre de "segunda clase", incapaz de cumplir con las exigencias de la masculinidad. Sin embargo, para un hombre gay a quien no se aplica este modelo de masculinidad heterosexual, el servicio militar obligatorio es una experiencia particularmente intimidante: los hombres homosexuales a menudo son vistos como representantes femeninos en el ejército, con todo lo que esto conlleva.

En mi caso, me cansé hace muchos años de ver morir a tanta gente y decidí rechazar el servicio militar y vivir de acuerdo con mis creencias y ese versículo de la Biblia en el que Jesús nos dice que 'hagas lo que hagas por uno de los más pequeños de mis hermanos y hermanas, lo haces por mí '. Además, no creo en símbolos como el de la "patria": creo que tenemos más hermanos y hermanas más allá de nuestras fronteras que los "enemigos" que se han inventado específicamente durante este conflicto de baja intensidad a través del cual tenemos un Estado viviendo en Colombia desde hace décadas.

No necesito llevar una pistola para ser hombre, mi masculinidad no está en riesgo, soy un hombre a mi manera, como quiero ser, pero estoy cansado de ver cómo se promueve el dolor, el sufrimiento y la discriminación en los púlpitos de la iglesia, aunque nuestro trabajo debe ser amar sin discriminación. Estoy con los que resisten el estigma y la vergüenza, con los "nobodies" que se niegan a ser tratados como algo distinto de lo que son, y continúan compartiendo las buenas nuevas del Evangelio, de que no estamos obligados a matarnos unos a otros por orden del capital multinacional, que se beneficia de las guerras entre pueblos que son hermanos y hermanas.

Ir al siguiente capítulo: La historia de Jungsik

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Richard Steele, de Sudáfrica, fue encarcelado tres veces en los años ochenta por su activismo contra el apartheid. Durante esa década, fue encargado del Asentamiento Phoenix, el ashram original de Gandhi en las afueras de Durban, y luego trabajó para la International Fellowship of Reconciliation (Agrupación Internacional de Reconciliación), también radicada en Durban. Fue activista en la Campaña por el Fin de la Conscripción y aquí nos cuenta esa experiencia y la suya propia como hombre blanco que ejerció la objeción de conciencia contra el régimen del apartheid.

El 25 de febrero de 1980, en Pretoria, fui condenado por un tribunal castrense a doce años de prisión militar por negarme a presentarme al servicio militar obligatorio. Tenía veintitrés años y recién había terminado una licenciatura en Psicología e inglés, así como un diploma de posgrado en Pedagogía por la Universidad de Ciudad del Cabo.

Me negué a presentarme al servicio militar porque la ética que regía mi conciencia se basaba en el respeto a la vida, al amor y a la noviolencia. Por ello, no podía participar en una organización como la SADF (South African Defense Force, Fuerza de Defensa Sudafricana), que se dedicaba a la violencia y a matar, y entrenaba a gente para hacerlo. Hubiese tomado la misma decisión independientemente de qué fuerza militar en el mundo me buscara para reclutarme. Era, y todavía soy, un pacifista universal. La ética que rige mi conciencia también me hizo objetar y oponerme a la violencia del apartheid y a cualquier institución que la perpetuara. Pude ver que la SADF era un instrumento importante en el mantenimiento de la dominación blanca, por eso mi rechazo a servir en ella fue un esfuerzo deliberado por debilitarla y, a la vez, debilitar el régimen del apartheid. Finalmente, consideré mi postura de objeción de conciencia como un desafío hacia los patrones de condicionamiento y dominación masculinos, donde lo militar simboliza y perpetúa una asociación entre la masculinidad y la violencia.

¿Cómo desarrollé mi ética, mi conciencia? Me crie en Kempton Park, cerca de Johannesburgo. Mi familia siempre vivió en zonas blancas, asistía a iglesias blancas y mi hermano, mi hermana y yo asistíamos a una escuela blanca. Sin embargo, mis padres eran “libera-les” y votaban por partidos de la oposición en el parlamento, todo blanco, y nos enseñaron a respetar a todas las personas. En 1975, un año después de terminar la preparatoria, me fui como estudiante de intercambio Rotary a Cortland, Nueva York, donde tuve la experiencia de vivir en un barrio sin segregación racial y cursé el décimo segundo grado en una escuela también sin segregación racial. Ese año abrí los ojos y la mente a una realidad distinta.

A mi regreso a Sudáfrica, fui a la universidad en Ciudad del Cabo. Corría el año 1976, el año de la revuelta estudiantil en Soweto. Pude observar que la realidad política de Sudáfrica se basaba en la prepotencia blanca y en la discriminación racial y económica. Mi primera acción política contra el apartheid fue aquel mismo año, cuando formé parte de una manifestación estudiantil en apoyo a los estudiantes de Soweto. Durante los cuatro años siguientes, pude desarrollar y aplicar mi ética de forma cotidiana. Me esforzaba en trabar amistad con personas negras e infringía las leyes del apartheid siempre que podía. Por ejemplo, cuando iba en transporte público, me sentaba en los lugares destinados a los negros en trenes y autobuses.

El gran desafío, sin embargo, me llegó cuando terminé la universidad y me llamaron a filas. No me fue difícil ver que debía negarme a ser reclutado, porque entrar en la SADF iba contra mi conciencia, pero ¿estaba preparado para afrontar las consecuencias? ¿Estaba preparado para ir a la cárcel, e incluso quizá morir ahí, por mis creencias? Ese mismo año los periódicos habían publicado la historia de un prisionero que estaba en la misma cárcel a la que yo sería sentenciado. Este había muerto a causa del adiestramiento de castigo y las palizas que le propinaban sus compañeros de celda. Yo sabía que no iba a colaborar con el adiestramiento de castigo[1], pero no tenía ningún control sobre cómo me tratarían los demás prisioneros. Me planteé irme de Sudáfrica y buscar asilo político en Zimbabue o los EE. UU., o en Holanda o Inglaterra, pero luego pensé: “No, yo soy de aquí y es aquí donde debo hacerme oír". Así que cuando me llegaban las cartas de reclutamiento, las devolvía con un escrito de rechazo. Entonces fui detenido, sometido a juicio y condenado, como ya he mencionado.

La prisión fue muy dura. Como era una cárcel militar donde todos los reclusos eran soldados, teníamos que vestir el uniforme militar y someternos a la disciplina militar, con largas marchas, ponernos firmes, saludar, etc. Sin embargo, me negué a cooperar con cualquier actividad militar, por lo que me condenaban a largos periodos de aislamiento como castigo adicional. Finalmente, decidieron suspender el castigo complementario y pasé los últimos meses trabajando en los jardines de la prisión.

Este cambio se debió en gran parte a la amplia difusión nacional e internacional que generó mi caso ya que Peter Moll también estaba en ese momento en prisión conmigo. Peter es mi primo herma-no –su madre y mi madre son hermanas- y pasamos mucho tiempo juntos de niños y como estudiantes en la universidad. Estábamos entre los primeros objetores de conciencia que fueron a la cárcel. Reconozco que nuestro relativo prestigio social, como personas blancas con una buena formación, ayudó a atraer la atención hacia nuestro caso, que de alguna manera nos protegía, y a generar publicidad. Mis padres me apoyaron al cien por cien, a pesar de que mi padre no estaba de acuerdo con que yo infringiera la ley. Me visitaban con regularidad y presenta-ron numerosas alegaciones al Gobierno y a las autoridades militares acerca de mi caso.

Al volver la vista atrás hacia toda esa experiencia, veo que el declarar públicamente: “No al apartheid, a la violencia y la dominación masculina”, y el no dejarme intimidar ni ceder a las presiones por temor a las posibles consecuencias, fue de verdad muy potente para mí, tanto moral como psicológicamente. Me hace muy feliz que hayamos puesto fin al apartheid y a la conscripción. Me hace muy feliz vivir ahora en una democracia en la que la gente de todas las razas es igual, al menos desde el punto de vista legal. Ahora soy médico homeópata y vivo en Durban. Ya no soy activista, pero sigo trabajando por la paz. Curar es también una forma de trabajo por la paz.

 

[1] Punishment drills, una práctica habitual en las cárceles del apartheid. [N.d.T.]

Ir al siguiente capítulo: La historia de Julián

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