Colombia

Del 30 de julio al 1 de agosto de 2019, activistas de todo Colombia, América Latina y el resto del mundo se reunieron en Bogotá para la conferencia Antimilitarismos en Movimiento, una reunión de tres días para explorar las experiencias entrecruzadas de la guerra y el militarismo, y la resistencia de nuestros movimientos al militarismo y la militarización de todo el mundo.

Todos los años, el 15 de mayo, celebramos el Día Internacional de la Objeción de Conciencia. En este día, recordamos y celebramos la resistencia de los objetores de conciencia por la paz, su negativa a tomar las armas y participar en la guerra, a lo largo de la historia y hasta el día de hoy.

Este Día Internacional de la Objeción de Conciencia nos solidarizamos y apoyamos al movimiento antimilitarista colombiano y a los Objetores en Colombia quienes hoy pueden ejercer su derecho a la Objeción de Conciencia al Servicio Militar Obligatorio pero siguen enfrentando diferentes obstáculos para poder hacerlo.

Sig Sauer es una marca que usan dos empresas asociadas con sede en Alemania y Estados Unidos. La empresa, cuya sede original es Alemania, se fundó en 1976 de una asociación entre otras dos empresas de armas — Schweizerische Industrie Gesellschaft (SIG) y J.P. Sauer & Sohn de Alemania.

El 22 de noviembre, en Colombia, ACOOC , Justapaz , Colectiva La TULPA y la Articulación Antimilitarista organizaron un foro público para discutir sobre la ley de reclutamiento que regula la objeción de conciencia en Colombia luego de un año de su aprobación. Como parte del evento, las organizaciones lanzaron un informe que evalúa la implementación de la ley y su impacto en los objetores de conciencia. Se presentaron las experiencias de tres objetores de conciencia y se presentaron estrategias para continuar promoviendo la objeción de conciencia entre los jóvenes del país.

Colombia, es conocida internacionalmente, por sus acuerdos de paz firmados en el año 2016 entre el gobierno nacional y en ese entonces la guerrilla de las FARC. Y aunque unos acuerdos de paz no garantizan el fin de todos los conflictos y, menos los armados en un país que ha vivido la violencia durante más de 50 años, se esperaría que los recursos económicos del país fueran dirigidos en pro de los acuerdos, la aplicación de estos, así como también fueran invertidos en otros rubros: desarrollo rural, educación o salud, por dar unos ejemplos. Sin embargo, la historia ha sido otra.

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