Chile

Este año marca el 20 aniversario del grupo antimilitarista libertario Ni casco ni Uniforme. NCNU, que surgió como el Grupo de Objeción de Conciencia NCNU, tiene su origen en Santiago de Chile en el marco de la transición democrática. El servicio militar obligatorio existía entonces y sigue existiendo ahora en Chile. No había (y sigue sin haber) ninguna ley que protegiese la objeción de conciencia para contrarrestarlo.

Marcela Paz y Pelao Carvallo

Este año se cumplen 20 años del grupo antimilitarista libertario Ni Casco Ni Uniforme (NCNU), surgido como Grupo de Objeción de Conciencia NCNU, el que tiene origen en Santiago de Chile en un contexto de transición democrática direccionada por los poderes fácticos que cautelaban la herencia dictatorial pinochetista. Este estado de cosas implicaba una absoluta preponderancia, control e impunidad militar en casi todos los ámbitos de lo público.

Cuarta Guerra Mundial

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Cuando se habla de militarismo o desmilitarización inmediatamente se visualizan a hombres uniformados por lo tanto cuando digo que soy antimilitarista, como un acto reflejo mucha gente me dice: “pero si tú eres mujer y no haces el Servicio Militar Obligatorio”.

Tara Tabassi (Liga de Resistentes a la Guerra) y Andrew Dey (Internacional de Resistentes a la Guerra)

Members of Indonesia's

Como activistas antimilitaristas estamos bien posicionados para ver el poder que ejerce la policía en industrias de armamento y agendas militaristas tan amplias. La comprensión de este poder policial en los distintos contextos del mundo es clave para que los activistas que luchan contra la militarización puedan mantener el control sobre el poder policial en nuestras comunidades. Las fuerzas policiales suelen actuar para mantener una distribución del poder statu quo injusta en la sociedad y tienden hacia enfoques hegemónicos donde unos tienen el poder sobre otros, en especial cuando la percepción de amenaza es alta – la policía es una forma de control social y la militarización aumenta su poder. La militarización significa fusiles, tanques armados y drones, pero también es un estado de ánimo. Las mentalidades militarizadas han impregnado muchas fuerzas policiales y han aumentado radicalmente la fuerza de la violencia policial contra nuestras comunidades.

Durante la década de los 80´s, muchos países de América Latina estaban gobernados por dictaduras militares o sufrían las consecuencias de la guerra civil en sus territorios. Eran tiempos de la Guerra Fría, por lo que Estados Unidos consideraba a la región como zona de su influencia, un “patio trasero”.

César Padilla, Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina, OCMAL

No es novedad que el extractivismo en América Latina ha ido imponiendo un modelo de extracción y exportación, cada vez más profundo. La competencia por ser destino de inversiones mineras, petroleras, forestales o pesqueras es una característica de la mayoría de los países de la región.

Sin embargo, el extractivismo recibe cada vez más críticas de amplios sectores de la sociedad incluida la academia y los movimientos sociales.

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Dan Contreras

Al relacionar militarización y juventud en Chile, necesariamente debemos mirar hacia atrás y percatarnos de los cientos de años de militarismo en la Historia de esta zona: ocupaciones territoriales y violentas por colonias europeas, construcción de "héroes de la patria" como ejes motivacionales del patriotismo, legalización de la formación de militares por medio de la obligatoriedad, gasto militar exponencial versus la dieta del gasto social e inserción de prácticas militares en las escuelas civiles entre muchas otras expresiones. Todos estos dardos han ido a parar hacia el grupo poblacional vulnerable económicamente, pero potencialmente fuerte en términos políticos: los/las niños/as y jóvenes de este país. La vulnerabilidad de este sector de la población permite que la militarización se instale cómodamente y desde ahí poder neutralizar posibles focos de resistencia hacia ésta.

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Por Golo

En los primeros días de febrero se grabó a un grupo de militares trotando por las calles de Viña del Mar en Chile, cantando: “Argentinos mataré (bis), bolivianos mutilaré (bis) y peruanos degollaré (bis)”1
El video se subió rápidamente a la red y en pocas horas ya tenía cientos de visitas incluyendo a los medios de prensa burguesa, los cuales masificaron las imágenes en los noticieros centrales. La respuesta del gobierno no esperó, señalando que esto no correspondía al “espíritu” de las Fuerzas Armadas y que era un “hecho aislado”. Mientras tanto los militares mandaban cartas de excusas señalando la apertura a la investigación de lo sucedido. Estas declaraciones y supuestas acciones de transparencia son tan conocidas como el cuento de “Pedrito y el lobo” que ya no son tragables y mucho menos aceptadas, por lo menos para quienes no creemos en la institucionalidad.

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