Noviolencia y poder

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 Andreas Speck

Las campañas o movimientos noviolentos quieren cambiar la sociedad o incluso provocar la revolución. Al hacerlo, se las tienen que ver con las estructuras de poder existentes que quieren evitar el cambio. Por tanto, comprender el poder en sus diferentes formas es crucial para cualquier movimiento que persiga el cambio social.

Casi todo el mundo tiene sus propias ideas preconcebidas sobre el poder. El poder reside en el gobierno (que puede haber sido elegido democráticamente o no), en las grandes empresas multinacionales, en los medios de comunicación, en las instituciones internacionales, etc., por nombrar solamente unos pocos ejemplos. Todas estas opiniones son ciertas hasta cierto punto, ¿pero cómo ejercen su poder? ¿De dónde procede?

Este artículo intenta ofrecer una visión noviolenta de lo qué es el poder, y de las formas de poder a las que se enfrenta la noviolencia, pero también presentar las formas de poder que ésta quiere construir y alimentar. Porque el poder es necesario para cambio social, para el cambio social revolucionario. Tener claro cuáles son los tipos de poder a los que objetamos y los tipos de poder que queremos puede ayudarnos a sortear la “trampa del poder”, que consiste en reproducir estructuras de dominación tras derribar los poderes establecidos.

Una teoría noviolenta del poder

Cuando hablamos del poder a menudo nos referimos al poder-sobre, es decir, el poder que tienen los gobiernos y las multinacionales (u otras estructuras de poder, como el patriarcado o la heteronormatividad) para imponernos lo que ellos ven adecuado.

Pero el poder-sobre es sólo una forma de poder. Hay otras más, como el poder-con, el poder-para y el poder-desde-dentro.

Poder-desde-dentro

El poder-desde-dentro está relacionado con el sentimiento de autoestima y autoconocimiento que tienen los individuos: es la capacidad de imaginar y tener esperanza. El poder-desde-dentro significa, por un lado, entender nuestra propia situación de dependencia y opresión, y querer liberarse de ella. Por otro lado, significa darse cuenta de que todas las personas tienen la capacidad de influir en el curso de sus propias vidas y cambiarlo. El desarrollo del poder-desde-dentro es crucial para cualquier proceso de fortalecimiento social.

Poder-con

El poder- con es el poder que se puede encontrar en el terreno común que existe entre diferentes personas y la fuerza construida colectivamente. Cuando se toma conciencia de que no se es la única persona afectada por una situación, sino que otra gente ha tenido también experiencias parecidas, esto puede conducir a que la gente se dé cuenta de que la culpa por el destino que padece no es suya, sino que a menudo la responsabilidad de ello la tienen determinadas estructuras o patrones políticos. La toma de conciencia y la cooperación dentro del grupo puede potenciar la propia autoestima. No todas y cada una de las personas tienen que hallar formas de abordar la situación; es posible luchar colectivamente por el cambio. El grupo proporciona la oportunidad de combinar habilidades y saberes para apoyarse mutuamente.

El poder-con está relacionado con el poder del número, con el poder colectivo que construimos cuando nos unimos con otras personas y formamos organizaciones, redes y coaliciones.

Poder-para

El poder-para se refiere a nuestras metas y las relaciones de poder dominantes. Es el poder para lograr determinados fines que abre el campo para la acción colectiva por el cambio social. La cuestión es qué contrapeso suponemos cuando trabajamos en grupo contra el poder político y corporativo.

Todo movimiento noviolento necesita poner en funcionamiento procesos de fortalecimiento social que desarrollen estos tipos de poder para cuestionar lo que comúnmente se entiende cuando hablamos de poder: el poder-sobre.

Cuestionar el poder-sobre

El poder-sobre o simplemente poder, tal como es entendido por la mayoría de los movimientos noviolentos, no es nada estático. Un gobierno no tiene el poder simplemente por ser el gobierno, aunque se trate de una dictadura militar. La gente en posiciones de poder no tienen per se más poder que cualquier otro ser humano. Si esto es así, como afirma Gene Sharp, el poder para gobernar debe venir del exterior.

Fuentes de poder

Si el poder no es algo intrínseco de las élites políticas, entonces tiene que estar basado en fuentes externas. Estas fuentes externas comprenden la autoridad (la aceptación por la población del derecho a gobernar de la élite), recursos humanos (la gente que da su apoyo a la élite con sus habilidades y conocimientos), factores intangibles (como por ejemplo ciertas consideraciones psicológicas y condicionamientos ideológicos), y los recursos materiales y sanciones que se encuentran a disposición de quienes detentan el poder. Estas fuentes de poder dependen de la obediencia y cooperación de la población. La relación entre mando y obediencia es interactiva, y el poder sobre solamente puede ejercerse con la aceptación activa o pasiva de las personas gobernadas.

Sería demasiado simplificador decir que la población obedece sólo debido al miedo al castigo (sanciones legales como el encarcelamiento), a la amenaza de violencia o a la muerte. Aunque esto puede ser la razón dominante en dictaduras extremadamente violentas, en general, existen otros motivos más importantes para la obediencia. Por ejemplo, el hábito (o la tradición) es una razón importante, porque si la gente está acostumbrada a obedecer sin ser cuestionada por ello, nunca verá ningún motivo para no hacerlo.

Existe una tercera razón que podría ser denominada “obligación moral”. Debido a la presencia de valores sociales o religiosos en la sociedad, la gente se siente moralmente (no necesariamente legalmente) obligada a obedecer para no desviarse de las normas y estilos de vida aceptados socialmente. Esto está ligado también al “poder oculto” (ver más abajo).

También puede pasar que colaborar con el poder favorezca nuestros propios intereses. Podríamos obtener beneficios de ello en términos de prestigio o beneficios económicos, o podríamos ganar una cierta porción adicional de poder también. También puede ser que nos identifiquemos con quienes detentan el poder, o simplemente no veamos importante esta cuestión.

Finalmente, podríamos carecer de autoconfianza y sentirnos sin ningún poder (carencia de poder-desde-dentro).

Por supuesto, no siempre es fácil desobedecer. Somos parte de una telaraña de poder, relaciones y estructuras que frecuentemente parece que nos dejan pocas opciones. ¿Cómo podemos desobedecer el capitalismo si necesitamos ganar dinero para satisfacer nuestras necesidades básicas? Aunque la desobediencia completa puede que no sea siempre posible, existen a menudo diferentes grados de obediencia a las exigencias del poder-sobre que pueden ser utilizados para generar resistencia.

Un movimiento social que persiga el cambio social, y no solamente sustituir un gobierno por otro, tiene que abordar este conjunto de causas de conformidad con el poder-sobre para cuestionar las relaciones de poder y construir diferentes tipos de poder como movimiento social.

Poder visible, invisible y oculto

Puede ser útil examinar el poder-sobre desde una perspectiva diferente, relacionada en cierto modo con las fuentes del poder. Podríamos llamarlo “dimensiones” o “niveles” del poder-sobre.

Poder visible

El poder-sobre puede ser muy visible. Esto incluye la legislación formal (constituciones, leyes) que establece relaciones de poder-sobre, pero también la amenaza de sanciones, ya sean legales o la amenaza de detenciones arbitrarias o tortura, diseñadas para evitar que la gente exija sus derechos.

Poder oculto

El poder-sobre también puede estar oculto, en el sentido de que no sea necesario tomar decisiones obvias y visibles que puedan poner en evidencia el poder. Un ejemplo es el poder de fijar una determinada agenda: ¿qué cuestiones deben debatirse en una sociedad en los lugares donde se toman las decisiones? ¿Quién decide estas cosas? Esto puede hacerse controlando los medios de comunicación (que juegan un papel importante en el establecimiento de la agenda social y política), así como decidiendo quién participará en el debate de determinados temas y finalmente en el proceso formal de toma de decisiones. Aunque este proceso puede parecer democrático, el poder-sobre se ejerce sacando de la agenda determinados temas o excluyendo de la toma de decisiones a las personas más afectadas.

Poder invisible

El poder-sobre puede ser también completamente invisible. Se mantiene fuera de la mente y la conciencia de incluso los grupos más afectados por él. Influyendo en el cómo los individuos piensan en su lugar en el mundo, este nivel de poder-sobre contribuye a moldear las creencias de la gente, el concepto que tiene de sí misma y la aceptación de su supuesta superioridad o inferioridad.

El poder invisible está relacionado de múltiples maneras con lo que Johan Galtung denomina “violencia cultural” (ver pXXXXX), que sirve de legitimación tanto de la violencia directa como de la estructural, o del poder sobre. Como VeneKlasen y Miller señalan, “los procesos de socialización, la cultura y la ideología, perpetúan la exclusión y la desigualdad mediante la definición de lo que es normal, aceptable y seguro”. Esto contribuye a crear lo que Sharp llama la “obligación moral” de obedecer.

El patriarcado en las sociedades en las que todavía ha sido apenas cuestionado y por ello es ampliamente aceptado, puede ser considerado como una forma de poder invisible.

Empoderamiento social: alimentar el poder que queremos

“La forma más habitual en que la gente renuncia a su poder, es pensando que no tiene ninguno en absoluto”.

Alice Walker

Puesto que somos movimientos por el cambio social, a diferencia de los partidos políticos (que pueden querer formar parte del gobierno), no tenemos interés en adquirir poder-sobre, sino más bien en ponerle límites. Primero y antes de nada, a través del empoderamiento social necesitamos desarrollar poder-desde-dentro de todas las personas, lo cual es un prerrequisito para desarrollar poder-con y poder-para.

Estos tres tipos de poder se influyen y se potencian mutuamente. El deseo de alcanzar determinados objetivos (poder-para) puede animar a la gente a actuar y unirse a otras personas (poder-con). El grupo transfiere poder a cada individuo (poder-desde-dentro) y viceversa.

Para desarrollar estos tres tipos de poder, necesitamos asegurarnos de que nuestro trabajo facilita los procesos de empoderamiento. Los procesos de empoderamiento empiezan frecuentemente a partir de una experiencia de crisis, de cambio de las circunstancias personales, que puede conducir el tomar conciencia de que tenemos que responsabilizarnos de nuestra propia vida y desear que se produzcan cambios. Al unirse a otras personas en situaciones similares o con intereses similares, la gente empieza a darse cuenta de que no está sola y que al actuar colectivamente junto a otras personas gana más confianza. Con más experiencia, la gente logra una mejor comprensión de las causas estructurales de sus problemas, pero también empieza a cuestionar las posiciones que le han sido asignadas en su vida personal y en el grupo.

Finalmente, se puede alcanzar una fase que Wolfgang Stark denomina “paciencia ardiente”, expresión procedente de un poema de Arthur Rimbaud: “Y, al amanecer, armados con una paciencia ardiente, entraremos en las ciudades espléndidas”. Esta etapa se caracteriza por la toma de conciencia de la propia capacidad de hacer que las cosas cambien (junto a otras personas), y por un ardiente deseo de hacerlo, combinado con la comprensión de la escala de tiempo requerida por los procesos de empoderamiento y de cambio social general, y la paciencia necesaria para facilitar y alimentar los procesos de empoderamiento en el otras personas.

Estas etapas no son lineales, puesto que están entrelazadas y se suceden en paralelo.

Cultura de grupo

Una cultura grupal que facilite el empoderamiento se caracteriza por la posibilidad de adquirir nuevas habilidades, fomentar las relaciones sociales, compartir las habilidades y la toma de decisiones (o sea, el consenso), y a la vez por una estructura de liderazgo abierta. Nuestros grupos y organizaciones tienen que ser a la vez organizaciones fortalecedoras –organizaciones que alimentan procesos de empoderamiento entre sus miembros o activistas— y organizaciones fortalecidas, centradas en utilizar el poder-para en la tarea de alcanzar los objetivos de sus campañas.

Lecturas adicionales:

Para más información sobre las diferentes formas de poder, ver:

  • New Weave of Power, People & Politics. The Action Guide for Advocacy and Citizen Participation, Lisa VeneKlasen with Valerie Miller (Practical Action Publishing, 2002).

Para más información sobre fortalecimiento, ver:

  • Nonviolence and Social Empowerment, Julia Kraft and Andreas Speck (2001), and ‘Empowerment — neue Handlungskompetenzen in der psychosozialen’, en Praxis, Wolfgang Stark (Freiburg, 1996).

  • The Politics of Nonviolent Action, Part One: Power & Struggle, Gene Sharp (Porter Sargent Publishers, Boston, 1973).

 

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