Objetoras de conciencia estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial

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es

Woodrow Wilson introdujo la Ley
de Conscripción [1] en Estados Unidos, que afectaba a todos los
hombres de 21 a 30 años de edad. Popularmente, se la conoció como
el servicio militar o la leva. Suscitó una resistencia impresionante
en los colectivos obreros, pacifistas y progresistas. Miles de
personas fueron encarceladas y algunas torturadas. La fiebre
patriótica y la represión a grupos que se oponían a la guerra creó
una fisura importante en la sociedad estadounidense.

Cuando Franklin Roosevelt reintrodujo
esta ley en 1940, afectaba ya a hombres de 18 a 45 años. Se
contemplaba el derecho a la objeción de conciencia para creyentes,
pero los objetores tenían que ayudar en la guerra en posiciones no
combatientes. A algunos los llevaban a los campos de objeción de
conciencia [2] que se montaron por todo el país, para trabajar en
psiquiátricos, de guardabosques o en otros servicios que el gobierno
considerara relevantes. Muchos de estos hombres, pacifistas u
objetores por motivos religiosos o no religiosos, empezaron a
considerar aquellos campos como campos de concentración. Se dieron
cuenta de que no querían ofrecer su ayuda en tiempos de guerra, sino
justamente, ponerle fin a la guerra. Así fue como comenzó su lucha:
empezaron a fugarse, y a pasar a estar bajo una orden de búsqueda y
captura. A algunos los localizaban, iban a juicio y después a la
cárcel. La mayoría de las condenas eran duras y los resistentes
tuvieron que soportar aislamiento e intimidaciones tanto a manos del
personal de prisiones como de los otros presos.

Las mujeres en esta época, como en el
pasado y en el presente, no tenían que hacer el servicio militar ni
el civil. Podían ayudar en la guerra como voluntarias no
combatientes. Muchas entraron en el ejército así. Algunas
trabajaban en fábricas y en empleos relacionados con la guerra,
porque todo era parte del gran esfuerzo de ayudar en la guerra.
Aunque la ley no obligaba a las mujeres a “servir”, la presión
social para mostrar apoyo a los soldados y no cuestionar la guerra
era impresionante. Antes de la guerra, existía un movimiento por la
paz inmenso, con pacifistas, aislacionistas, comunistas y
socialistas, tanto hombres como mujeres.

Cuando estalló la guerra, la mayoría
de los hombres en edad de servicio fueron reclutados o enviados a los
campos de objeción de conciencia, o a la cárcel por resistirse a
esto. Las mujeres quedaron al frente de las organizaciones pacifistas
de todo el país. Apoyaban a los hombres que estaban en los campos de
objeción y a los que iban a la cárcel. Dirigían organizaciones
pacifistas como la Liga de Resistentes a la Guerra (WRL) y el
Movimiento de Reconciliación (FOR). Le buscaban un lugar donde
dormir a los objetores de conciencia cuando se fugaban de los campos,
lo que equivalía a desobedecer la ley porque estaban protegiendo
a criminales
. Muchas organizaban y asistían a manifestaciones y
reuniones anteguerra; otras iban a los juicios de los objetores
fugados y luego a visitarles a la cárcel cuando les hallaban
culpables. Las mujeres eran objetoras de pensamiento y de hecho.



Jean Zwickel

Se mudó al Ashram de Harlem, en Nueva
York, cuando la despidieron por negarse a reclutar estudiantes
durante la Segunda Guerra Mundial. Casada con el objetor judío Abe
Zwickel, estuvieron activos en el movimiento por la paz hasta la
década de los ochenta. Ésta es su historia:

Estaba terminando
mi segundo curso cuando estalló la guerra. A las profesoras, nos
pidieron que ayudáramos con el enlistamiento. Hablé con el
superintendente y le dije que yo no quería participar o cooperar con
la guerra. Yo no incitaba a los estudiantes a oponerse a la guerra,
pero no quería desempeñar ningún papel de apoyo a algo así. Me
dijo que no pasaba nada. Volvieron a llamarnos por segunda vez para
ayudar con el registro. Era algo más urgente y algo más
obligatorio. Se esperaba que las profesoras arrimaran el hombro.
Consentí en lo de ayudar con el racionamiento de la gasolina pero no
podía con la idea del reclutamiento. Y cuando llegó el momento de
renovar nuestros contratos, me quedé fuera. La excusa que me dieron
fue que iba a bajar el número de estudiantes en Alemán y Francés,
por lo que ya no había trabajo para mí. Pero estoy segura de que la
causa principal fue mi oposición a la guerra.



Erna Harris

Erna Harris era una periodista negra
que se unió a los movimientos pacifista y de derechos civiles en Los
Ángeles, California, durante la Segunda Guerra Mundial.

Yo formaba era de
la Liga de Resistentes a la Guerra y del Movimiento de
Reconciliación. Era miembra, estaba allí. No lo formalizamos como
los grupos de apoyo, pero estaba allí, arriesgándome a ir a la
cárcel… incitando a que desobedeciera la Ley de Conscripción y
también después, cuando metían a los chicos en los campos de
objeción y cuando algunos
saltaban la colina [3]. Muchos
pasaban varias noches en el suelo de mi salón, en el apartamento que
había alquilado con Ella, una amiga mía alemana. Teníamos un
apartamento pequeñito y yo me iba a su cuarto para que el objetor
pudiera dormir en el suelo de mi cuarto. Ellos no tenían dinero y
nosotras escondíamos a criminales.

Lo que hacíamos
sobre todo era intentar cuidar a los chicos que iban a los campos de
objeción: asegurarnos de que no se sintieran abandonados, un
sentimiento que surgía enseguida; y también cuidábamos a los que
no eran clasificados o a los que decidían no registrarse [4]. Por
aquello iban a juicio o a la cárcel. Asistí a un montón de
juicios, e intenté darme a conocer a las autoridades como persona
que estaba metida en esto, porque no encontraba razón alguna para
que aquellos chicos sufrieran más que las mujeres. Las mujeres
buscábamos el dinero para las fianzas, llevábamos los contactos,
corríamos de aquí para allá para averiguar si se podría pagar
fianza para sacar a los chicos, pensábamos las defensas de los
casos, cosas así… Nos asegurábamos de que los abogados hacían su
trabajo. Las que sabían escribir a máquina, escribían para los
chicos. Yo visitaba los campos, pero no para rezar con ellos o
llevarles galletas. Les animaba y les decía que allá fuera
estábamos intentando parar la guerra. Así que supongo que les
gustaba más verme a mí que otra gente. Las galletas, las visitas,
las oraciones por ellos, todo eso estaba bien, pero lo que
necesitaban sobre todo era que alguien le sacudiera bien al gobierno.

Las historias de Jean Zwickel y
Erna Harris son de “Against the Tide: Pacifist Resistance in
the Second World War” (contra la marea: la resistencia pacifista en
la Segunda Guerra Mundial), historia oral editada por Deena Hurwitz y
Craig Simpson. Del calendario de 1984 de la Liga de Resistentes a la
Guerra (WRL).

Introducción y notas de Joanne Sheehan y Craig Simpson, Liga de Resistentes a la Guerra (WRL)


Notas


[1] La Ley de Conscripción del
gobierno estadounidense se llama el Selective Service Act.


[2] Campos de objeción de conciencia
(Civilian Public Service camp): donde los objetores realizaban un
servicio civil, o alternativo.


[3] saltar la colina (go over
the hill
): escapar de los campos, pues sentían que se habían
ingresado voluntariamente en prisión.


[4] a los que no eran clasificados o
a los que decidían no registrarse
: según la Ley de Conscripción
los hombres de la Segunda Guerra Mundial (ocurre también ahora),
tenían que enlistarse para la guerra. A algunos les concedían el
estatus de objetor de conciencia. Los que no lo conseguían, o si no
se registraban, eran detenidos y condenados a a prisión.

Publicado en: Objetoras de conciencia. Antología

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