Mujeres Resistentes al Ejército en Israel

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Por Tali Lerner, New Profile

La condición ciudadana en Israel se
concibe desde las relaciones entre el grupo social que sea y el
Ejército. Las personas judías ultraortodoxas y las árabes son
vistas como ciudadanas de segunda clase porque no tienen que hacer el
servicio militar obligatorio. En contraste, otros grupos sociales,
como por ejemplo, el pueblo beduino y druze, y la población gay y
lesbiana, éstos sí se consideran con igualdad de derechos
ciudadanos porque comparten la carga de la seguridad del país.

Las relaciones de las mujeres con el
Estado, y con el Ejército en particular, son incluso más complejas.
Con el establecimiento del Estado de Israel, quedó afirmado el
derecho de las mujeres a votar y su obligación de enlistarse.
(Israel es el uno de los pocos países del mundo que tiene servicio
militar obligatorio para las mujeres.) Consecuentemente, desde el
Estado se concibe la ciudadanía de las mujeres como resultado de su
participación igualitaria en el servicio militar; sin embargo, al
mismo tiempo, se las excluye: no acceden a la igualdad de derechos
dentro de la organización militar porque no pueden realizar las
mismas funciones. Esto genera cuestiones muy complejas en los
movimientos feminista y antimilitarista. La negativa de las mujeres a
enlistarse es, por tanto, un fenómeno muy complejo, que refleja bien
algunos de los dilemas feministas básicos.




Qué es lo que define la ciudadanía en Israel

Desde su origen, el servicio militar (o
antes, el servicio en los grupos paramilitares que precedieron al
Ejército israelí) fue siempre una institución fundamental en la sociedad.
El sionismo, un movimiento para la renovación nacional, junto con la
posterior constitución del Estado de Israel tuvieron el propósito de
crear una nueva identidad judía, que reemplazaría el viejo
estereotipo de ‘persona moral y físicamente débil, afeminada’.
Las organizaciones militares desempeñaron un papel crucial en dar
forma al ideal de persona sionista. Esta intensa equiparación entre
ser ciudadana o ciudadano y ser militar se fue consolidando a medida
que se desarrollaba el Estado y sus instituciones. La referencia al
servicio militar de cada persona ciudadana individual es universal,
se filtra a todos los estratos fundamentales de la sociedad civil:
aparece en los lugares de trabajo, a la hora de sacarse el carné de
conducir o de realizar cualquier otra gestión con las autoridades.

Cuando nos aproximamos a grupos
sociales concretos, la situación es incluso más problemática. Las
relaciones entre los llamados “grupos minoritarios” y la mayoría
social vienen casi siempre definidas en función de su relación
directa con el Ejército. Existe considerable presión para conectar
la ciudadanía con el servicio militar de forma directa y sin
ambigüedades, lo que implica de hecho que se despoja a grupos
exentos de hacer el servicio militar de su condición ciudadana. Así
es como la población árabe o judía ultra-ortodoxa en Israel,
legalmente exenta del enlistamiento obligatorio, pasa a ser
ciudadanas y ciudadanos de segunda clase. Señalando este hecho es
cómo el Estado explica sus prácticas discriminatorias hacia estos
grupos. Otros grupos, por ejemplo la población beduina árabe o
druze, apelan al hecho de que se enlistan para reivindicar su
igualdad ciudadana. Como árabes, es cierto que se les tolera mejor
socialmente que a otras personas árabes que no tienen relación con
el Ejército. De manera análoga, relativamente muchos hombres gays
mencionan haber aportado su granito “a llevar la carga de la
Seguridad Nacional” cuando defienden su derecho a la igualdad
ciudadana exigiendo reconocimiento como grupo legítimo en la
sociedad israelí.

La sociedad israelí, por tanto, se ha
fundado, y sigue estando fundamentada en que el servicio militar es
la puerta de entrada a la ciudadanía y a la participación adulta en
la sociedad israelí.


Mujeres, servicio militar y
ciudadanía en la sociedad sionista. Perspectiva histórica

Para empezar, sería importante hacerse
una idea del contexto donde se ubican el movimiento feminista israelí
y el Ejército, aunque también la sociedad en su conjunto. Antes de
que se fundara el Estado de Israel, a las mujeres se les había
concedido el derecho a votar en las instituciones del movimiento
sionista. Su participación en la sociedad quedó definida por el
modelo socialista, que consideraba central la aportación individual
al todo colectivo. Se entendía que las mujeres, a su manera,
aportaban su granito en términos de igualdad. La noción de
‘pionera’ fue parte integral de la empresa sionista. Al mismo
tiempo, como resultado de la propia lucha de las mujeres, se las
incluyó también en los primeros cuerpos combatientes de la
comunidad sionista, los que precedieron a lo que sería el Ejército
israelí: los cuerpos paramilitares Palmakh y Haganah. Con el
establecimiento del Estado y del Ejército israelí, el que el
servicio militar fuera obligatorio para ellas caía por su peso.

Sin embargo, ya en la propia guerra de
Independencia (y en especial ahora que el Ejército se había
convertido en un auténtico Ejército del Pueblo, que incluía a más
personas que sólo a las y los pioneros más liberales), se decidió
crear unas fuerzas femeninas, que se encargarían de tareas adecuadas
para las mujeres y que impedirían que éstas pudieran ocupar papeles
combatientes. A su vez, se instituyó la exención del servicio
militar obligatorio para las religiosas, con objeto de que no se
vieran obligadas, contra sus principios religiosos, a tener que
trabajar con hombres. Un número considerable de mujeres israelíes
quedaron exentas del servicio militar por esta vía.

Desde una perspectiva contemporánea y
crítica, ya a inicios del movimiento sionista, las mujeres están
excluidas de funciones importantes, y se puede identificar claramente
un ideal de género conservador, el de la mujer como madre y
educadora, que posibilita que su marido salga al mundo, a trabajar la
tierra y participar en las guerras del país. En cualquier caso,
durante muchos años, en la sociedad israelí prevalecieron unos
valores relativamente igualitarios, según los cuales las mujeres,
aunque mantenidas fuera de ciertos papeles sociales importantes, eran
aún vistas como personas con un papel social relevante, como los
hombres.


La Revolución feminista llega al Ejército israelí

El movimiento feminista en Israel,
durante muchos años, sin duda hasta la década de los noventa,
mostró poco interés por el tema del servicio militar y por la
obligatoriedad de hacerlo (no afectaba a todas las mujeres; ellas
tenían que hacerlo durante menos tiempo, y sus funciones estaban más
limitadas que las de los hombres).

En 1995, una joven, Alice Miller,
presentó una apelación a la Corte Suprema contra el Ejército
israelí y las fuerzas aéreas, para exigir que se la permitiera
formarse como pilota, una función muy prestigiosa en el Ejército
vetada a las mujeres entonces. Esta acción legal sacudió las
relaciones de género en el contexto del sistema militar israelí.
Quedó al descubierto la falta de disposición de los hombres
respecto a que se les permitiera a las mujeres acceder a estos
puestos, que consideraban suyos en exclusiva, y el movimiento
feminista israelí se dio cuenta de que tenía un nuevo punto en su
agenda.

La oportunidad para el movimiento
feminista era ideal: el tema del Ejército como punto de referencia
para formular y exigir ciudadanía en términos de igualdad puede ser
una herramienta formidable para la acción. Las mujeres podrían
acceder a puestos militares que tenían vedados, y de ahí, podrían
seguir avanzando a posiciones más prestigiosas e influyentes en la
sociedad civil. Si las mujeres consiguieran ser verdaderamente
iguales en su participación en temas de seguridad, se las vería
como “más” iguales a los hombres y esto reduciría la opresión
que resultaba de considerarlas personas débiles, tanto física como
políticamente.

Así pues, como muchos otros
movimientos que luchan por derechos sociales y políticos, el
movimiento feminista israelí optó por abrazar el Ejército, animar
al enlistamiento, apoyar el acceso de las mujeres a varias funciones
militares y, en su conjunto, luchar por los derechos de las mujeres
en el contexto del servicio militar.

Quince años después, existen mujeres
en puestos de combate, y pilotas de caza, y hay más mujeres en altos
cargos militares que nunca. El porcentaje de mujeres en papeles de
secretariado ha descendido, mientras que el porcentaje de mujeres que
se enlista ha aumentado significativamente.

Entonces ¿todo bien? ¿Podemos decir
de verdad que las cifras de enlistamiento, la igualdad de
obligaciones en lo tocante a servir a la nación, y el que tengan
permitido presentarse voluntarias para realizar una carrera militar
es un camino a favor de la igualdad?

Existen otras posturas en el movimiento
feminista. Algunas argumentan que el acoso machista y misógino y la
violación son prácticas obligatorias inherentes al sistema militar,
lo que obviamente no aporta nada a la hora de mejorar la situación
de las mujeres; otras sostienen que sean cuales sean los cambios que
se hayan producido en el Ejército respecto al tema de la igualdad,
no son cambios profundos y no deberían ser entendidos como tales. La
fuente principal de críticas procede de los elementos radicales del
movimiento feminista israelí, donde se combinan los objetivos
feministas con la lucha contra la Ocupación y contra la violencia.


Una crítica radical a las relaciones entre Ejército y movimiento feminista

En la última década se ha ido
dibujando un enfoque feminista incluso más radical que el descrito
anteriormente. Existen grupos que han articulado conjuntamente una
manera diferente de pensar las conexiones entre el Ejército y la
opresión de las mujeres, gracias a haber desarrollado una
comprensión más inclusiva de las formas que adopta la opresión, y
del activismo feminista y antimilitarista.

Estos grupos (New Profile es uno de
ellos) consideran que el ejército, que por definición concibe la
violencia y el combate armado como formas de resolución de los
problemas, reproduce la noción de “guerrero” como norma para el
hombre ideal. En torno a esta figura, se construye todo un espacio
social, que es parte de un proceso social en el cual se persuade a la
gente de que se identifique con el papel del combatiente. La
consagración del combate trae consigo una consagración de la
masculinidad convencional y de la fuerza física. Dentro de la
jerarquía de un sistema militar así, las mujeres siempre aparecerán
como el sexo más débil físicamente y siempre se les asignarán
puestos inferiores. Esta estructura militar impondrá después sus
valores a través de una concepción estereotipada de los hombres,
que la sociedad transmite a través de sus procesos habituales de
socialización.

Cuando un sistema social se construye
sobre la base del control (sea esto en los confines de una jerarquía
militar o bien en acciones dirigidas a una población ocupada), el
poder y el control serán lo que caracterice las relaciones en esa
sociedad. Éstas, a su vez, reforzarán los valores patriarcales en
una sociedad ya de por sí dominada por valores militares (en la
familia, el trabajo y la política). Las mismas personas que el
Ejército ubique en posiciones de poder basadas en una jerarquía de
proeza física serán también, por regla general, las que accedan a
posiciones de poder análogas en la sociedad civil, importándose de
este modo el conjunto de valores militares, esos que defienden el
combate, la violencia, la jerarquía basada en nociones de género, y
las relaciones personales basadas en el poder.

Estas observaciones vienen avaladas por
investigaciones recientes. La doctora Orna Sasson-Levi, en
Identidades de uniforme [1] (una exhaustiva investigación que
dirigió en cooperación con el Ejército israelí), recoge que las
militares en funciones combatientes tienden a adoptar una identidad
masculina alternativa en lugar de una identidad femenina alternativa,
lo que en efecto significa que rechazan su identidad femenina.
Sasson-Levi identifica un patrón similar entre los hombres israelíes
que por alguna razón no pueden asumir la identidad del “hombre
combatiente”. Otro estudio, realizado en la Universidad Ben Gurion,
explica que el fracaso de la integración de las mujeres en las
fuerzas aéreas se debe principalmente a que ellas no tienen “la
mentalidad adecuada” para ser pilotos.


Desacuerdos entre feministas sobre la Ocupación, el Ejército y la violencia

Podemos aprender mucho de nuestro
proceder, como personas y como parte de un grupo, en situaciones
donde se produce un choque entre dos partes de nuestra identidad. El
movimiento feminista israelí se ha dividido respecto al tema de la
Ocupación, el Ejército y la violencia. Esto muestra, en mi opinión,
que la parte de nuestra identidad relacionada con nuestra actitud
hacia la violencia es más importante para nuestro sentido de
identidad que la lucha feminista. En los dos grupos de actitudes
opuestas hacia la Ocupación, hay mujeres que tienden a cooperar con
personas que, aunque contrarias a la lucha feminista, se identifican
con sus actitudes hacia el uso de la violencia y lo militar.

Y en este complejo estado de cosas, la
lucha de las objetoras israelíes pone en cuestión una serie de
mitos que prevalecen, por un lado,
en el movimiento feminista y por otro, en la resistencia a la
Ocupación y al Ejército.


Las mujeres israelíes se plantan: resistencia al Ejército y crítica en el Movimiento

Durante muchos años, la negativa a
hacer el servicio militar por parte de las mujeres israelíes se
solapó con el debate sobre el enlistamiento de las mujeres. La
cláusula legal relativa a la exención por motivos religiosos para
las mujeres quedó formulada de tal manera que pudiera incluir la
exención por cualquier razón de conciencia, religiosa o no, y era
relativamente fácil que las mujeres jóvenes consiguieran dicha
exención. Así, hasta 2002 sólo se registraron unos pocos casos de
condenas por negarse a hacer el servicio militar, o bien de que
alguna mujer fuera obligada a enlistarse. Las mujeres que se negaban
a hacer el servicio militar formaban parte de los grupos de
activistas contra el enlistamiento militar, pero no tenían que
enfrentarse abiertamente con el Ejército como los hombres, cuya
negativa pública a hacer el servicio les llevaba a la cárcel o una
lucha legal. Ellas se quedaban fuera del debate público del tema. En
el 2001, la situación cambió radicalmente con la publicación de la
primera Carta de las y los Graduad@s de Secundaria (Shministim;
incluida en esta antología), tanto en lo que respecta a la actitud
del Ejército hacia las objetoras, como a la postura de éstas en el
propio movimiento de resistentes y
respecto a su papel en él.

La protesta por el lugar de las mujeres
en el movimiento de resistentes al Ejército vino de las propias
activistas. Las muchas mujeres que participaban en este movimiento
sentían que las relaciones de poder en la comunidad de
resistentes reproducían los opresivos patrones de género de la
distribución de poder prevalente en la sociedad. Entonces dijeron:
“En la sociedad prevalente, las mujeres vitorean desde las aceras a
los héroes que pasan; nosotras hacemos lo mismo pero fuera de las
cárceles. Seguimos atrapadas en el eterno papel de apoyo y de
cuidadoras. Incluso nuestra negativa es de segunda clase, un mero
apoyo a su negativa”. Las jóvenes shministim en colaboración con
New Profile empezaron a recoger reflexiones de las mujeres sobre su
rechazo al ejército; organizaron un día de estudio dedicado a las
objetoras, y en general suscitaron el tema en el foro público, lo
que causó fricciones dentro el movimiento. Por desgracia, cuando
llegó el cambio no fue como resultado de esta lucha feminista, sino
porque el Ejército cambió su política con las objetoras.

Al tiempo que numerosos objetores eran
encarcelados de dos meses a dos años, el Ejército había iniciado
un largo proceso legal en el tribunal militar contra cinco de ellos.
Haggai Matar, uno de los cinco, se había declarado públicamente
objetor contra el enlistamiento en el Ejército israelí casi con las
mismas palabras que la activista Hadas Goldman, a quien, sin embargo,
habían concedido el estatus de objetora de conciencia. Las
autoridades militares reaccionaron ahora endureciendo los criterios
para el reconocimiento de las objetoras: empezaron a enviar a la
cárcel a las mujeres que se negaban a servir y hablaban de la
Ocupación.

Una de las primeras mujeres
encarceladas fue Laura Milo, que se defendió apelando en la Corte
Suprema contra el ministerio de Defensa. Posteriormente, en una
sentencia indignante del tribunal, se estableció que la exención
sólo podía otorgarse por motivos religiosos. En la práctica esto
significaba que se le iba a dar a las objetoras el mismo trato que a
los objetores. Otra sentencia de la Corte Suprema obligó al Ejército
a regular sus procedimientos respecto a los así llamados Comités de
Conciencia y otorgar la exención sólo por razones de pacifismo
total, no a quienes argumentaran cualquier otra forma de objeción de
conciencia, como por ejemplo, no querer participar en la Ocupación,
o cualquier otra articulación del pacifismo que no le pareciera al
Comité ‘absoluta’. Estos desarrollos trajeron consigo cambios
significativos en el escenario de la negativa a hacer el servicio
militar en Israel: las mujeres empezaron a enfrentarse a un Comité
de Conciencia inflexible. Aunque muchas y muchos aún eligen
enfrentarse al Comité de Conciencia para conseguir el estatus y
evitar la cárcel, existe un gran número de activistas que optan por
la cárcel para así vincular este hecho al tema de la Ocupación.


Idan Halili - Objetora feminista

En octubre de 2005, tras el rechazo de
su petición de audiencia ante el Comité de Conciencia militar, Idan
Halili, se presentó en el Centro Nacional de Enlistamiento donde
declaró que se negaba a servir en el Ejército israelí. Idan había
escrito una carta de cuatro páginas, constatando las razones
feministas de conciencia que la llevaban a negarse a enlistarse. Tres
de sus argumentos eran que su visión feminista entraba en conflicto
con las maneras violentas de resolución de los problemas del
ejército; que el sistema militar hace un daño específico a las
mujeres, tanto dentro del ejército como en la sociedad; y que la
noción de igualdad lograda a través del servicio militar no sirve
ni es válida para la consecución de una igualdad verdadera. Después
de dos semanas en la cárcel, se le permitió, finalmente, aparecer
ante el Comité de Conciencia del Ejército. El Comité no le otorgó
la exención por razones de conciencia, puesto que en su opinión
Idan no había demostrado ser pacifista, pero la dejaron ir por
incompatibilidad. La negativa de Idan recibió apoyos del movimiento
feminista de Israel, tanto de las radicales como de las menos
radicales, pues todas se identificaron con su crítica al papel del
Ejército en la opresión de las mujeres. Cuando fue puesta en
libertad, Idan hizo una crítica muy clara a que se convirtiera a
quienes iban a la cárcel en “héroes” para darle más
legitimidad a su declaración política.


Objetoras encarceladas

En el verano del 2008 encarcelaron a
seis mujeres por negarse a enlistarse (dos más están siendo
juzgadas en el momento en que escribimos estas líneas). La Carta de
las y los Shministim del 2008 está firmada sobre todo por mujeres. A
diferencia de lo que ocurría antes, en la actualidad el Ejército es
reticente a la hora de poner en libertad a las objetoras o de
eximirlas del servicio militar. Así pues, pasan largos periodos en
la cárcel. Como este último grupo de estudiantes ha incluido a
tantas mujeres, su carta ha atraído más atención en los medios de
comunicación. La actitud de la sociedad hacia las jóvenes con
preocupaciones sociales es más comprensiva que hacia los hombres,
por el prejuicio patriarcal de que se espera que ellos asuman con más
‘seriedad’ la responsabilidad de la seguridad de Israel.

Tal y como están las cosas ahora, la
principal misión del movimiento feminista noviolento es buscar
formas no heroicas de negarse a hacer el servicio militar,
formas que no dependan de la figura de un héroe o heroína, ni de
una ética del sacrificio o de la autoinmolación. Nuestro movimiento
debe ser capaz de ofrecer una alternativa al discurso público
convencional que tan fuertemente se construye sobre la noción del
heroísmo, así como a nuestra tendencia a incluir la ética del
sacrificio en la lucha política.





Un agradecimiento a Mirjam
Hadar por la traducción del hebreo al inglés.




Notas

[1] Orna Sasson-Levy, 2006. Identities
in Uniform: Masculinities and Femininities in the Israeli Military

(Identidades de uniforme: masculinidades y feminidades en el ejército
israelí), Jerusalén: serie Eshkolot, Magnes Press, y Tel Aviv:
Migdarim Series, Hakibutz Hameucahd Press (en hebreo).

Publicado en Objetoras de conciencia. Antología

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