Las mujeres turcas despiertan a la objeción de conciencia

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Por Ferda Ülker

Consideremos primero la situación actual en Turquía antes de pasar a analizar la lucha por la objeción de conciencia y el tema de las objetoras de conciencia.

Nacidos para ser soldados

La historia de la República de Turquía es la historia de un pueblo que procedía de una tradición imperial y que posteriormente volvió la mirada a Occidente. Todas las reformas que siguieron al establecimiento de la República de Turquía aspiraban a un futuro brillante más prometedor. Los dueños de este proyecto de Construcción de una Nación(-Estado) eran soldados. Este proceso, emprendido bajo el liderazgo de Ataturk, perdió con el tiempo toda cualidad progresista; el Ejército turco, sin embargo, mantuvo su hegemonía. Podríamos decir que culturalmente hoy también se concibe el Ejército turco como salvador y defensor del régimen político: lo que implica que está por encima de toda crítica. Y esto ha ocurrido a pesar de su efecto aniquilador, claramente perceptible en todos y cada uno de los numerosos momentos en que esta institución ha considerado que existía una amenaza al régimen, cuando no ha dudado en dar golpes militares, “poderosos” y “destructivos”. El golpe militar del 12 de septiembre de 1980 ha dejado una huella profunda en la población turca, y esta herida sigue precisando ser sanada.

En la escuela, lo fundamental que se nos enseña es que somos una Nación-Ejército. Ya en los primeros años de colegio, juramos defender la nación hasta con la última gota de nuestra sangre. Todas las mañanas prometemos sacrificarnos como parte que somos de esta nación, y como ofrenda a la nación. “Todo turco es un soldado desde la cuna” se nos repite una y otra vez. Al margen de lo que hagamos o seamos, no hay elección: siempre seremos soldados, desde la cuna. Puede que no sepamos qué vamos a hacer cuando seamos mayores; lo que sí está claro es que somos sin duda alguna soldados, y que siempre lo seremos. Los chicos son pequeños soldados, y nosotras, pequeñas Ayses, según la canción infantil que dice:

“Soldadito, soldadito, dime, ¿qué estás haciendo?
Estoy limpiando mi fusil, poniéndole municiones.
Pequeña Ayse, pequeña Ayse, ¿qué estás haciendo tú?
Estoy cuidando a mi bebé, cantándole una nana.”

Nos enseñan que Turquía limita por tres de sus lados con tres mares y con enemigos por los cuatro lados. El Ejército turco concibe los enemigos y las amenazas, y actúa en coherencia con estos escenarios teniendo al pueblo turco preparado y en formación ante la eventualidad de un ataque. Se supone que nosotros, el pueblo turco, tenemos reflejos militares: cualquier crítica al Ejército puede implicar que te acusen de ser un enemigo doméstico.

La historia de la República de Turquía, a lo largo de la cual se ha diseñado toda nuestra vida en sociedad, ha inyectado el militarismo en nuestras vidas cotidianas, convirtiéndolo en una parte fundamental de nuestras tradiciones. Uno de los efectos directos de esta situación ha sido que se considera el machismo como una parte casi natural y necesaria de la realidad social. Así, el militarismo es uno de los bastiones del machismo, útil para alentarlo y consolidarlo.

Lo que es ser hombre y ser mujer queda descrito y codificado desde el militarismo, y cualquier tercera posibilidad es considerada una enfermedad. El Ejército turco protegió esa idea de “ser hombre” cuando se estableció que la homosexualidad era una enfermedad incurable y que los homosexuales quedaban, por tanto, exentos del servicio militar por razones de “incapacidad”.

Respecto a las mujeres, en Turquía no se las recluta. Por desgracia, esto no es el resultado de una larga lucha ni de algo positivo que proceda de que se considere que el ejército es algo negativo. La causa es que las mujeres son concebidas como el segundo sexo: no son dignas de cumplir con este “deber sagrado”. Se piensa que el lugar de las mujeres es el “hogar”, y que su deber es cuidar de los niños y las niñas. El Ejército es el lugar de “los hombres de verdad”, de ahí que no tengan cabida en sus filas segundos ni terceros sexos. En este mundo masculino, todo lo relacionado con las mujeres y lo femenino se utiliza para insultar.

Así pues, la cuestión es, ¿por qué nosotras, mujeres que no deseamos ingresar en el Ejército (seamos bienvenidas o no) nos declaramos objetoras de conciencia, y por qué decimos “no” al militarismo?

La objeción de conciencia en Turquía

En Turquía los temas del Ejército son tabú y las personas que los suscitamos somos objeto de represión. Sería injusto no mencionar el papel que ha tenido el movimiento de objeción de conciencia respecto a la apertura de espacios (aunque estén limitados) en la sociedad actual, espacios donde se pueda hablar, analizar la cuestión del Ejército y del militarismo. Se trata de un movimiento que ha sobrevivido en condiciones muy difíciles, sostenido por muy poca gente, personas que le han tenido que dedicar todo su tiempo y energías. Ser parte del movimiento de objeción de conciencia turco ha significado que incluso la izquierda nos consideraba personas raras, aunque pudieran vernos como interesantes también: siendo nuestras acciones y nuestro discurso muy distintos a los de la izquierda, les costaba y cuesta comprender nuestros análisis. El movimiento kurdo también eligió distanciarse cuando se dieron cuenta de que el lema “Ni ejércitos ni montañas (guerrillas)” no era mera táctica sino principio fundamental en el movimiento.

Ser objetor u objetora, apoyar al movimiento de objeción de conciencia y defender el derecho a la objeción de conciencia en un contexto tan militarizado conlleva un alto riesgo de represión legal. La objeción de conciencia no está reconocida como derecho en Turquía. Para la sociedad turca, la objeción de los hombres es cobardía, la cobardía de no querer cumplir con su deber; y la objeción de las mujeres no se comprende, la consideran superflua. No sólo la sociedad, esto ocurre también en los movimientos de oposición de la izquierda, entre las feministas e incluso entre parte de los objetores de conciencia. Ocurre porque la mayoría concibe la objeción de conciencia meramente como la negativa a realizar el servicio militar, por eso no les cabe en la cabeza qué podría significar la objeción de conciencia de las mujeres.

Los objetores de conciencia surgieron por primera vez a principios de la década de los noventa. Unos años más tarde, a raíz de sus primeras declaraciones, se fundó la Asociación de Resistentes a la Guerra de Izmir. Este espacio, poblado por un puñado de activistas que se negaban a limitar el antimilitarismo a una línea política teórica y lo conectaban también con una manera de vivir, se convirtió en el lugar fundamental de encuentro para las personas que apoyaban la objeción de conciencia. En un sentido, se ha convertido en el lugar de referencia para cualquier declaración, acción o actividad relacionada con la objeción.

La objeción de conciencia ha estado en la agenda social a varios niveles y en diferentes periodos. Incluso a día de hoy, no existe una definición del tipo de estrategia a seguir; se trata de una lucha de reacción: se organizan acciones cuando pueden encarcelar a algún objetor. En las campañas, no obstante, intentamos llegar a cuanta más gente nos sea posible. Sin embargo, no podemos decir que nos hayamos convertido en un movimiento aún. El Grupo de Trabajo Objeción de Conciencia, que se creó en la Asociación no consiguió funcionar bien. Hasta la fecha, seguimos juntándonos sólo cuando tenemos que montar estas campañas.

Todas nuestras acciones, actividades y declaraciones se desarrollan, por lo tanto, en este marco. Y dado lo muy costoso que es participar, al final sólo llegan hasta el final un puñado de personas, lo que termina debilitando y disolviendo las campañas, y nos deja una sensación de agotamiento y de personas heridas que se distancian. Sin embargo, no debemos olvidar algo crucial: quienes determinan el curso de los acontecimientos no somos los y las activistas; el tema “Cárcel” viene determinado por las autoridades militares, y quizá esto sirva para explicar por qué las campañas se van debilitando.

En mi opinión, en este escenario tan poco radiante, no todo es negativo. Contra todo, hemos ido manteniendo un proceso continuado, y esto sigue proporcionando la posibilidad de que se genere un movimiento mucho más fuerte en el futuro. Aunque somos pocas personas numéricamente, no hemos perdido la esperanza. En Turquía, la objeción de conciencia ha sido concebida desde el antimilitarismo: es un terreno abierto de lucha nutrido de personas concretas e intrínsicamente antimilitarista. Es vital que esta lucha sea capaz de rechazar todos y cada uno de los brazos del militarismo.

Las mujeres en la lucha por la objeción de conciencia

La objeción de conciencia ha sido asociada únicamente a los objetores de conciencia. De hecho, los temas del movimiento han sido presentados y concebidos por ellos, han venido determinados sobre todo por el tema de la obligación de que los hombres hagan el servicio militar obligatorio. Nosotras las mujeres no nos hemos considerado agentes de la lucha desde el principio, sino personas que les apoyaban. A medida que nos íbamos implicando más, nos fuimos dando cuenta de lo importante que es incluir a las mujeres en la lucha de este movimiento. Sin embargo, durante mucho tiempo no pudimos reunir el valor necesario como para decir “aquí estamos, somos parte de esta lucha”. Una de las razones que podría explicarlo es justamente lo hondo que nos afecta la cultura militarista en la que vivimos; tanto que, incluso aunque participemos en movimientos de disidencia, podemos estar perpetuando sin querer cosas que deberíamos estar combatiendo. Como mujeres, incluso en las reuniones de los movimientos de oposición, tenemos miedo a hablar: cuando se nos ocurre una idea, no la expresamos, la pensamos y repensamos, para poderla presentar con la mejor argumentación posible y que así no se pueda descartar fácilmente, y el caso es que el tiempo pasa y ahí estamos, esperando el momento adecuado para hablar.

Queríamos argumentar (y no lo conseguimos entonces) que la objeción de conciencia no es un área limitada a hombres concretos, que si así lo concebíamos, podríamos terminar haciendo análisis machistas, y que aunque la objeción de conciencia se relaciona con los ejércitos y las obligaciones militares, con todo, el tema requiere un enfoque más amplio. A las mujeres, nos ha llevado mucho tiempo reunir el valor necesario para expresar nuestros análisis. El 15 de mayo del 2004, en el Primer Festival Militurista, cinco compañeras nuestras se declararon objetoras de conciencia públicamente. Su valor, en el contexto de críticas del estilo “Muy bien, bonita, pero ¿qué tiene que ver contigo?”, nos animó a más mujeres a declararnos objetoras a partir de aquella acción. En la actualidad, existen 62 personas haciendo la objeción de conciencia en Turquía y 13 son mujeres. Puede que la cifra parezca menor, pero considerando lo joven que es esta lucha y lo profundamente arraigado que está el militarismo en nuestra cultura, no se debe subestimar.

¿Qué es lo que hizo que las mujeres reunieran el valor necesario como para dar el paso de declararse objetoras? En mi opinión, ocurrió principalmente porque llegamos a un punto en que tuvimos que decidir si íbamos a luchar para que nos tuviera en cuenta o si íbamos a renunciar a eso. Nosotras luchábamos por más temas que el de exigir el derecho de los hombres a no realizar el servicio militar. Eso podría ampliar la agenda del movimiento de objeción de conciencia, además de visibilizar a las mujeres, generadoras de esos otros planteamientos. No obstante, como pensábamos que el proceso iba a ser difícil, seguíamos esperando que llegara el momento adecuado. Y para mí, aquel momento llegó cuando vi abrir la brecha a las primeras mujeres que se declararon objetoras públicamente. Paro las cinco siguientes, nuestro momento iba a llegar cuando organizábamos las acciones para el Festival Militurista, pues pasamos mucho tiempo juntas, preparándolas, y no parábamos de discutir temas. Se puede decir que las cinco decidimos declarar nuestra objeción juntas a raíz de haber estado trabajando juntas: sabíamos que iban a hacernos muchas preguntas sobre por qué lo hacíamos, pero habíamos madurado nuestras razones en los últimos años y había llegado nuestro momento.

Declaraciones de Objetoras de Conciencia

Las siguientes citas de las declaraciones públicas de las primeras objetoras sirven para ilustrar mejor de lo que yo pueda expresar la posición y el análisis de las objetoras de conciencia.

Inci Aglagul, la primera objetora de conciencia: “Me consideraré cómplice si continuo en silencio. Y de ninguna manera deseo ser cómplice de la guerra ni del militarismo, ni observar sin hacer nada cómo encarcelan nuestras vidas, nuestras mentes y nuestros sueños. No participaré en ninguna maquinaria que socave la vida. Por eso rechazo el servicio militar, el militarismo y esta compulsión al estilo de vida que nos imponen”.

Nazan Askeran (fallecida recientemente): “Rechazo cualquier tipo de violencia, organizada o no organizada. No quiero matar ni morir en ninguna guerra. Además, también me niego a ser una amenaza, una aniquiladora de la vida orgánica / no orgánica que existirá en este planeta cuando hayamos desaparecido. Rechazo el enfoque militarista que introduce y legitimiza el militarismo para oprimir, ser oprimidas/os; para dar órdenes y recibir órdenes; para matar y morir. Rechazo la guerra, el servicio militar, la violencia en todas las áreas de nuestras vidas”.

Escuchemos ahora la voz de Ceylan Ozerengin: “Dejemos que todo el mundo viva y actúe según sus deseos y su modo de pensar. En mi opinión, la vida humana es el único concepto sagrado que existe en la tierra. Rechazo todos los otros “deberes sagrados” que se nos imponen, los rechazo radicalmente”.

Ayse Girgin: “Como mujer, y aunque no me relaciono con el militarismo desde el ejército, tengo que enfrentarme al militarismo en todas y cada una de las áreas de mi vida. Lucho contra él con todas mis fuerzas en este mundo que basa todos sus relaciones en nociones de hegemonía-opresión, discriminación machista y todo tipo de violencia, sangrienta y no sangrienta. Rechazo todas las manifestaciones del militarismo”.

Figen: “Las mujeres somos el grupo más oprimido del militarismo, aunque no se nos reclute. El militarismo, como ideología patriarcal, define nuestras vidas, haciendo que las mujeres sean percibidas como propiedad, criadas, esclavas, objetos, personas que no están ahí para expresarse y sí para ser acosadas/violadas. En Turquía, donde hoy son visibles los rastros del golpe militar, del gobierno militar y de la guerra que hay, la liberación de las mujeres es posible a través de la lucha contra el militarismo.

Declaro mi objeción en nombre de los millones de niños y niñas cuyas vidas fueron partidas en dos después del golpe militar del 12 de septiembre de 1980. Presenciamos el terror de aquel 12 de septiembre y de lo que se siguió después, vivimos aquel terror. Mataron a nuestras personas queridas, hubo desapariciones, personas forzadas al exilio, o aterrorizadas a tal punto que aprendimos que el miedo es bueno. Con el golpe militar del 12 de septiembre, comprendimos para qué servían los ejércitos. El ejército es miedo, existe para crear miedo. El ejército es el terror”.

Todas estas declaraciones comparten un punto de vista feminista a la hora de hacer la crítica al militarismo. Lo fundamental es que dejan claro su rechazo al militarismo, adopte éste la forma que adopte. La tradición ubica la relación de las mujeres con el servicio militar en los temas de maternidad, de ser hermanas, esposas, novias de hombres que serán soldados. Sin embargo, las objetoras de conciencia, la mayoría feministas y antimilitaristas, manifiestan en sus declaraciones públicas que existen maneras de relacionarse con el ejército diferentes a las que concibe la tradición.

Los hombres intentan explicar el papel de las mujeres en el movimiento de objeción de conciencia como el de esposas, hermanas o madres de los objetores de conciencia. Ésta es la visión aceptada por todos. Cuando no se da dicha conexión, dicen los hombres, es porque la mujer tiene algún amigo objetor. Obviamente, estas razones que explican la implicación de las mujeres en el movimiento de objeción de conciencia parten de que la existencia de las mujeres está supeditada a su relación con los hombres. Nuestras declaraciones públicas explican por qué estamos aquí, en este movimiento. Es evidente que apoyamos a los objetores de conciencia por negarse a realizar el servicio militar, así lo hace cualquier persona que esté sensibilizada con este tema. Pero nuestra intención y papel fundamental es visibilizar que el militarismo invade todas las áreas de la vida en sociedad, todas las relaciones sociales. Queremos que esto se vea con claridad, para poder combatirlo.

Sin duda, las relaciones llamadas “tradicionales” son en sí mismas rechazables, aunque cuando consideramos lo que se manifiesta vemos que estos contextos también quedan incluidos. Las objetoras de conciencia construimos nuestra relación con el militarismo a partir de nuestra propia existencia y nuestros “problemas” específicos, y no a través de los hombres de nuestras vidas. Como nuestras declaraciones reflejan claramente, no consideramos la objeción un mero rechazo al servicio militar obligatorio, sino que para nosotras es cuestionar el militarismo en su conjunto.

¿Qué significan las declaraciones de objeción de hombres y mujeres?

El punto común de las declaraciones de objetoras y objetores es su posicionamiento antimilitarista y la crítica abierta al militarismo. El objetivo es identificar y mostrar el militarismo en todas sus manifestaciones y todos los contextos, así como declarar públicamente que no participaremos en el militarismo bajo ningún concepto. Ninguna de las declaraciones de objetores u objetoras se limita a exigir la abolición del servicio militar obligatorio. Más bien, pretenden mostrar el militarismo como práctica criminal y perversa así como manifestar que sus crímenes nunca serán excusados.

A partir de aquí, entra en funcionamiento un proceso diferente, que introduce la diferenciación respecto a la resistencia de los objetores y de las objetoras: la posibilidad de que los hombres sean enviados a la cárcel o forzados a hacer el servicio militar. Este riesgo impone que los objetores se vean obligados a aceptar una “muerte civil”.

Las mujeres aún no se enfrentan a este riesgo de detención o encarcelamiento, lo que no significa que esto no vaya a ocurrir jamás. Actualmente, lo normal es que ni los hombres ni las mujeres sean procesados. Sin embargo, algunos hombres son procesados y castigados por no cumplir con las órdenes; para las mujeres, el único riesgo judicial surge del artículo que criminaliza “disuadir al público de que cumplan con su deber militar”. Hasta ahora ninguna mujer ha sido procesada por eso, y pienso que esto se explica en parte porque no se nos toma en serio.

El Ejército dispone de muchas herramientas para neutralizar las declaraciones de los objetores de conciencia. Como movimiento, intentamos influir en un proceso que está de hecho determinado por otros. Sin embargo, frente a las objetoras de conciencia, el Ejército no parece tener una política clara a seguir. El potencial de la objeción de conciencia de las mujeres es que muestra que la cultura militarista de la sociedad no es inevitable o inmutable. La clave para salvar la lucha por la objeción de conciencia de las críticas existentes (equiparar la objeción de los hombres con la cobardía) son las declaraciones de las objetoras. La implicación de las mujeres en el movimiento puede llevarlo a otra fase. En este sentido, es deseable que se multipliquen las preguntas: ¿por qué?, ¿qué intentas decir haciendo eso? Las respuestas a estas preguntas podrían abrir la puerta a un nuevo mundo. Quizá sea demasiado pronto como para decir algo así, pero cuando imagino manifestaciones con miles de objetoras, también soy capaz de soñar con la posibilidad de llegar a la conciencia de las personas, atravesando las capas de polvo y corrupción de los siglos. Pero para que un sueño tan fantástico se haga realidad, todos y todas tenemos trabajo que hacer. La tarea primera y principal es asumir la responsabilidad de llegar a construir un movimiento.

Las necesidades de las objetoras de conciencia

A pesar de las críticas que se le hacen a las mujeres que deciden ser objetoras, seguimos aquí como objetoras y no pensamos dejar de existir. Después de tres años en la lucha, nuestra primera necesidad es conocernos mejor y crear juntas un lenguaje común que explique nuestra postura política. No conozco cuáles son las necesidades de las objetoras en otras partes del mundo, pero lo que necesitamos aquí en primer lugar es construir este lugar común. Nuestra historia es todavía muy corta. Como objetoras de conciencia que viven en Turquía, nuestra necesidad más urgente es ser muy conscientes de los puntos en que estamos de acuerdo y también de los que son diferentes, para poder crear un lenguaje que recoja el consenso más amplio posible dentro del movimiento. Todas y todos compartimos la crítica al militarismo en nuestras declaraciones públicas, las diferencias se dan en las argumentaciones que las fundamentan.

Sin embargo, algo que constantemente se ignora es que somos parte de la lucha antimilitarista. Sin duda, somos conscientes del amplio espectro del antimilitarismo. Cuando miramos la relación entre objeción de conciencia y mujeres, se ve claramente que estamos aún al inicio de un camino. Por eso, constituye una oportunidad de oro para la lucha antimilitarista que nosotras podamos reforzar que se planteen preguntas. Porque cuanto más se fortalezcan las preguntas, más sólidas serán las respuestas. En este contexto, es evidente que la comunicación y el compartir experiencias en el foro internacional nos ayuda tanto moralmente como en términos prácticos.

Un agradecimiento a Alp, Ash, Cuneyt y Ulku por su ayuda con la traducción y la corrección del turco al inglés.

Publicado en Objetoras de conciencia. Antología

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