Las mujeres alemanas se han negado

en
es

Debate sobre las mujeres en el Ejército

Cuando el cuerpo médico militar aceptó
la presencia de mujeres en 1975, se
abrió un debate sobre el ingreso de las mujeres en el ejército. En
los movimientos por la paz y de mujeres se produjeron numerosos
debates. Las feministas estaban divididas: al frente de uno de los
bandos, Alice Schwarzer, editora de Emma, la revista feminista
radical alemana, argumentaba en 1978 que el ejército era un poder
demasiado importante como para que estuviera monopolizado por los
hombres. Por lo tanto, exigía que el ejército aceptara el ingreso
de mujeres, también en los puestos de combate, aunque ella
personalmente solicitaría el estatus de objetora de conciencia si se
diera el caso. Una posición distinta mantenían las mujeres del
movimiento pacifista, que rechazaban radicalmente el ingreso de las
mujeres en el Ejército.

En 1979 un grupo de 87 mujeres emitió
una declaración pública: “¿Mujeres al Ejército Federal? ¡No!
¡Nosotras nos negamos!”. Una de estas mujeres era la famosa
escritora de posguerra Luise Rinser (1911-2002), cuya furiosa
declaración documentamos aquí.



Resistencia a la inclusión de las mujeres en la preparación de la guerra

Según las leyes de emergencia, todos y
todas las ciudadanas alemanas serán llamadas a prestar servicios
civiles en casos de guerra o de cualquier otra emergencia, y muy
particularmente el personal sanitario, según establece la
Constitución alemana (art. 12º, 4 y 6) y las medidas para casos de
emergencia de 1968.

En 1968 los ministerios de Defensa y
del Interior financiaron a partes iguales un curso de enfermería de
cuatro semanas de duración para mujeres entre 18 y 55 años. Esto se
producía por una falta de personal en el ejército y en los
hospitales. Además, cuantas más mujeres ocuparan esos puestos, más
hombres podrían servir en el ejército. A finales de los años
setenta, la gente se había dado cuenta de que estos cursos estaban
concebidos en el marco del militarismo. Al finalizarlo, había que
firmar un documento en el que se comprometían a servir en caso de
emergencia por guerra. En 1982 se propuso una ley para integrar mejor
los servicios sanitarios en las estructuras militares.

Todas estas formas de conscripción
civil para las mujeres eran vistas como parte de la preparación de
la guerra que se hacen para militarizar la sociedad, según el
análisis antimilitarista. Tanto la ley propuesta como la declaración
que había que firmar en aquellos cursos provocaron protestas. El
proyecto de ley tuvo que retirarse. Sin embargo, la integración de
las instituciones civiles en los planes militares continuó y todavía
continua hoy.

En aquel entonces, muchas mujeres del
movimiento por la paz veían que tenían que declararse objetoras de
conciencia. Como parte de la campaña (que incluyó marchas y otras
formas de protesta), redactaron una petición que había que firmar y
enviar a la Oficina Federal del Servicio Civil. Presentamos aquí el
texto de la petición, junto con la carta protesta de Claudia
Schneider a la Oficina de Seguridad Civil así como la respuesta que
le enviaron.

Muchas de las feministas y mujeres de
izquierdas (como las comunistas y socialdemócratas) que protestaban
por la propuesta de reclutamiento de las mujeres para servicios de
guerra civiles en caso de guerra, apoyaban, por otra parte, la
conscripción para hombres, y se negaban a apoyar a los insumisos.

Introducción de Ellen Elster, Internacional de Resistentes a la Guerra (WRI-IRG)

Un agradecimiento a Helga
Weber Zucht y Gernot Lennert por su ayuda con la traducción del
alemán al inglés y con la búsqueda de información.



Asunto: Objección al reclutamiento de las
mujeres


Con relación al artículo 12º,
párrafo 4 y 6 de la Ley Fundamental (Constitución), las mujeres
entre 18 y 55 años de edad podrán ser reclutadas para servicios
civiles si el país se viera obligado a defenderse.

Con la presente, declaro que no acepto
dicha obligación posible y que no cumpliré con ella en ningún
momento. Mis razones son las siguientes:

El servicio civil en cuestión servirá
únicamente, en términos reales, para apoyar la ejecución de la
guerra, y la inclusión de personal de ayuda en áreas civiles y
militares será un apoyo a la preparación de la guerra. Como estos
servicios civiles son en realidad servicios para la guerra, como
tales, debo manifestar mi negativa a realizarlos.

Especialmente ahora, en tiempos así
llamados de paz, debo defenderme de un posible reclutamiento, pues el
peligro de guerra crece constantemente debido a las políticas
armamentistas y de disuasión militar: las guerras se preparan en
tiempos de paz.

Mi negativa es una contribución a una
política de paz verdadera.

Además, desearía comunicarles que
estoy totalmente en contra de cualquier tipo de inclusión de las
mujeres en cualquier tipo de servicio al militarismo.

Agradeciendo de antemano el envío de
una respuesta que confirme su recepción de esta carta,

Firma





Incluido en un folleto del DFG-VK, la
sección alemana de la Internacional de Resistentes a la Guerra
(WRI-IRG), a principios de los años ochenta.





Sobre la
posibilidad de ser reclutada a un Servicio Nacional en caso de una
necesidad de defender el país en una guerra

En septiembre de 1979 asistí al curso
de enfermería con el Servicio de Asistencia Malteser de Friburgo. Al
final de dicho curso, teníamos que firmar una documento
comprometiéndonos a ofrecer este tipo de asistencia en tiempos de
guerra, esto es, ofrecer servicios médicos en contextos civiles y
militares.

Con la presente, declaro que me niego y
me negaré a participar en un servicio militar en ningún momento. No
estoy dispuesta a apoyar ningún tipo de violencia –y la guerra
siempre es violencia–, adopte la forma que adopte, aunque sea la de
primeros auxilios. Además, con la presente les informo de que no me
presentaré a ninguna llamada de la conscripción, tal y como se
establece para las mujeres en el artículo 12º.4 de la Constitución
alemana.

Mis razones:

Abomino de la violencia y de la guerra,
y no las apoyaré en ninguna forma. Las personas no deseamos la
violencia y la guerra, y sin embargo, continuamente se intenta
infundir miedo a la población y que sospechemos de enemigos
imaginados. Yo no comparto que la violencia vaya a ayudar a cambiar
el mundo. No tengo enemigos ni enemigas. Nuestro pueblo no tiene
“enemigos”. Esta convicción me permite vivir sin la protección
de las armas, y no estoy dispuesta a apoyar la violencia. El servicio
civil que ustedes plantean es un servicio de apoyo a la guerra en
realidad, pues disponer de personas que ayuden en el terreno civil y
en la asistencia médica es una ayuda para la preparación de la
guerra. Así pues, es fundamental que informe al gobierno de que no
estoy dispuesta a acatar esta obligación.


Carta de Claudia Schneider a la Oficina
de Seguridad Civil, Karlsruhe, 17 de enero, 1979.




¡Estimada Señorita Schneider!

La Oficia de Seguridad Civil me ha
entregado su ideologizada misiva. Tiemblo al escuchar que usted, una
enfermera capacitada, se negará a ayudar a los ciudadanos que puedan
ser heridos o necesitar ayuda en caso de catástrofe o plaga, esto
es, que usted se niega a ayudar o a cuidar a mujeres y niños, a
diferencia de lo que las leyes fundamentales de la humanidad
creerían natural para cualquier persona decente. El civil
suizo Henry Dunant, quien le da nombre a la calle en la que usted
vive, no dudó en ayudar y ofrecer primeros auxilios a gente
gravemente herida en una guerra que él abominaba. Ayudó a
transportarlos, a alimentarlos, y tomó al dictado bonitas cartas de
los que se estaban muriendo. Sería muy negativo para la raza humana
y para la humanidad que existieran sólo Claudias Schneider, que se
niegan a ofrecer ayuda a los hermanos y hermanas cuyas vidas se
encuentran en peligro. La Oficina de Seguridad Civil así como la
Oficina de Salud Pública nos alegramos de no contar con la
participación de personas así, con un corazón tan frío.


Respuesta del Dr. Pfannkuch, Director
de la Oficina de Salud Pública de Karlsruhe, 12 de marzo, 1979.





Las dos cartas aparecieron publicadas
en el boletín Graswurzelrevolution, probablemente a
principios de los años ochenta.




Qué estúpidas somos las mujeres


Estoy totalmente en contra de la idea
“mujeres en el Ejército”. Todo el movimiento de las mujeres a
favor de su emancipación sería una farsa si la igualdad significara
que las mujeres deben tener también derecho a pegarles un tiro a
otras personas. Además, eso lo están decidiendo los hombres. Erich
Fromm lo llamó ‘necrofilia’: la fascinación con la muerte y la
matanza. Oh, dios mío, qué estúpidas somos las mujeres:
voluntariamente adaptarnos a esa demencialidad que no queremos que
continúe. Mujer, te llamas Desesperanza. En lugar de conseguir que
los hombres dejen de matar, las mujeres ahora aspiran a hacer lo que
los hombres deberían dejar de hacer de una vez por todas. A eso se
le llama estupidez. En serio. Las mujeres pasando a ser hombres. El
patriarcado sigue adelante, sin sentir vergüenza, porque el espíritu
del soldado queda perpetuado. No importa si son mujeres u hombres
quienes disparan. Estoy a un paso de perder la esperanza de que el
patriarcado pueda ser superado algún día. (…)


Luise Rinser


Carta publicada en “Deutsche Volkszeitung” el 15 de mayo, 1980.

Publicado en: Objetoras de conciencia. Antología

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