Objetoras de conciencia en Colombia

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Dentro de la historia de la Objeción de Conciencia en Colombia es bien interesante encontrarse con que el primer antecedente de una acción encaminada a cuestionar la obligatoriedad del servicio militar fuese realizado por una mujer. Carlota Rua, líder del sindicato Obrero de la Dorada fue quien en 1924, durante el primer Congreso Obrero, abrió la discusión entorno a que los jóvenes obreros y campesinos no fuesen obligados a empuñar las armas dentro del ejercito nacional, pues consideraba injusto que fueran sacados de sus tierras en donde aportaban al país con su trabajo, para ser forzados a destruirlo haciendo parte de las filas. Esta misma iniciativa impulsó a otro grupo de mujeres a oponerse a que sus hijos y esposos fueran reclutados durante la época de la guerra contra el Perú, haciendo su objeción pública y generando controversia dentro del país [1].

Con el paso de los años y el encrudecimiento de la guerra interna en el país, las mujeres han seguido teniendo un papel protagónico a la hora de hablar de iniciativas organizadas en contra de la guerra, en búsqueda de la paz y de soluciones mediadas al conflicto armado. Vale la pena mencionar los esfuerzos realizados por la mesa de Trabajo “Mujer y Conflicto Armado”, que agrupa a diversas organizaciones y personas en pro de investigar, señalar y cuestionar las múltiples formas de violencia que afectan a las mujeres, jóvenes y niñas en el contexto del conflicto armado interno colombiano; labor de suma relevancia puesto que por muchos años se estaba invisibilizando la crudeza de los actos violentos dirigidos específicamente al género femenino por parte de los diversos actores armado [2].

De la misma forma, es importante remarcar la labor de la Alianza “Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz”, que también recoge diversas organizaciones y que surge en el marco de la resolución 1325 de las Naciones Unidas, aprobada el 31 de octubre de 2000, teniendo como objetivos la participación de las organizaciones de mujeres en la negociación y diálogos del conflicto armado, aportar en el proceso de reconciliación nacional y reducir la afectación del conflicto armado en las mujeres [3]. Dichas organizaciones han realizado importantes labores de incidencia política, trabajo social y demostraciones públicas.

A pesar de que dentro del movimiento particular de objeción de conciencia, la perspectiva de género no es tan clara, puesto que tanto mujeres como hombres se reflejan en los principios de la no-violencia activa, el antimilitarismo y una visón amplia tanto de las causas estructurales del conflicto armado y el ambiente de guerra en Colombia, como de la propuesta de soluciones o alternativas desde diversos enfoques, las mujeres son de suma relevancia dentro movimiento. Es importante tener en cuenta que en nuestro país el servicio militar es obligatorio sólo para los varones y por lo tanto la posición de las mujeres se ha extendido mucho más allá de solidarizarse con sus amigos, parejas e hijos frente a este punto para aportar su trabajo e iniciativas a la construcción de una Colombia que aprenda a transformar sus conflictos sin el uso de la violencia, más equitativa y sin la injusticia social tan aguda que alimenta todos los demás problemas del país. En esta medida, el trabajo en objeción de conciencia ha tenido un gran desarrollo entorno a la construcción de una pedagogía alternativa, acercándose así a niños, niñas, jóvenes y adultos de todas las condiciones sociales y culturales con su propuesta no-violenta. Igualmente ha ampliado sus horizontes para tocar temas como la injusticia del cobro excesivo de los servicios públicos la importancia del comercio justo, conciente y solidario, la creatividad a la hora de proponer acciones directas, etc. Labores en las cuales las mujeres han aportado de una manera importante.

Asimismo es relevante tener en cuenta que además del servicio militar obligatorio, en Colombia los grupos al margen de la ley, tanto guerrilleros como paramilitares, reclutan forzosa y voluntariamente a hombres y mujeres cada día bajo la consigna de la igualdad de género. Esto ha hecho de suma importancia la declaratoria de muchas mujeres como objetoras de conciencia, negándose a participar en cualquier ejercito y a aportar de cualquier manera a la cultura machista, patriarcal y militarista que sostiene a la cruda violencia que sufre Colombia.

De esta manera las mujeres, dentro del movimiento de objeción de conciencia en Colombia, han permitido que tanto el problema como las propuestas frente a la guerra sean abarcadas desde una perspectiva amplia, comprendiendo la complejidad de la realidad Colombiana y la necesidad de proponer alternativas estructurales y profundas. Sigue siendo conmovedor ver que somos nosotras quienes tenemos el mayor poder de convocatoria para realizar actos públicos y que los hombres, además de sentirse acompañados en su negativa al servicio militar obligatorio, nos reconocen como iguales de importantes dentro del movimiento, sabiendo que todos y todas necesitamos involucrarnos desde nuestra alma, corazón y manos en la transformación de las practicas tanto cotidianas como políticas que soportan la guerra.

Andrea Ochoa

Objetora de Conciencia, Bogotá, Colombia

Notas

[1] Giraldo, Jhon. “La Objeción de Conciencia en Colombia: una historia en movimiento” publicado en http://www.nodo50.org/moc-carabanchel/campa%F1as/objecion/15m04_colombia_agresion.htm, consultado en abril del 2007. [2] Página web de la Mesa de Mujer y Conflicto Armado en Colombia http://www.mujeryconflictoarmado.org/lamesa.html, Consultada en Abril del 2007 [3] Página web de la IMP: http://www.mujeresporlapaz.org/, Consultada en abril del 2007

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