Jóvenes reviven el espíritu de resistencia en Eritrea

Gente sentada esperando en una parada de autobús
Fotografía: Andrea-Moroni

Los eritreos nocturnos comenzaron a repetir un nombre: Haj Musa Mohamed Nur, como apoyo u oposición a él. Se convirtió en un nombre conocido a nivel local e internacional luego de la manifestación de los estudiantes de la Escuela Islámica Diaa que se llevó a cabo el 31 de octubre de 2017. Los alumnos y sus madres marcharon desde Akhria, donde reside la escuela, a la Avenida Liberation en el centro de Asmara, donde se sitúa el Ministerio de Educación. La manifestación y la resistencia de los alumnos de ese día se convirtieron en un hecho histórico para un grupo de personas que padecieron 26 años de sumisión con todos los edictos que implementó el gobierno sin discusión u oposición alguna. Ésta manifestación es el primer movimiento popular de rebeldía contra la represión y los edictos arbitrarios que impusieron sobre ellos. 

Durante décadas los eritreos sufrieron el colonialismo y la ocupación de su territorio por parte de una fuerza extranjera hasta que se levantaron a través de una lucha armada para ejercer el control sobre su tierra y sus propias decisiones. Fue una de las luchas por la liberación más duraderas en el continente africano del último siglo, que terminó con la liberación del territorio bajo el liderazgo del Frente de Liberación de los eritreos el 24 de mayo de 1991.  Es imposible describir la alegría que generó la independencia y la libertad de los eritreos. Eritrea se hizo conocida en el mundo y, se alzó la bandera en foros internacionales, y en todos los eventos se cantó el himno nacional.

El primer inconveniente del estado eritreo fue que los hombres de la revolución aún querían gobernar en la nueva era de estado. A partir de la independencia mantuvieron influencia sobre los eritreos  ya que tenían conocimiento de la existencia del estado independiente de Eritrea.  

Tras haber sufrido guerras, desplazamientos y sufrimientos, la paciencia es lo que mejor describe a los eritreos. Cada vez que querían reclamar una vida decente en su país, los hombres de la revolución recordaban los sacrificios que hicieron en la lucha por la liberación. Como resultado, solo les dejó la opción de esperar cambios o reformas positivas. En países en los que se respeta a los ciudadanos, las personas reclaman sus derechos a través de las urnas, y de no ser posible, es habitual que entonces se salga a manifestarse a favor o en contra de las resoluciones del gobierno.  Sin embargo, los eritreos no acostumbran actuar de esta forma, en especial aquellos que vivieron la ocupación y la independencia. Si bien hubo manifestaciones y  protestas en contra de las reglas del gobierno de Etiopía, claramente fueron los jóvenes los que protestaron  y se opusieron.

En todo momento y lugar, los jóvenes son el impulso de los movimientos de liberación y persiguen los cambios en las vidas de las personas. El partido oficial en Eritrea, Frente Popular para la Democracia y la Justicia (PFLP), reconoció ésto antes. La revolución de Eritrea no flaqueó durante tres décadas a causa de que los jóvenes acudieron en masa al campo de batalla, de manera individual y en grupos. La primera resolución que se implementó después de la independencia fue el servicio nacional obligatorio para todos los jóvenes mayores de 18 años, por un término de 12 a 18 meses. 

En la década de 1990 este reclutamiento comenzaba luego de los exámenes para obtener el certificado de nivel secundario.  Luego los alumnos van al campamento de reclutamiento en Sawa hasta que se les anuncian los resultados de sus exámenes. A aquellos que tenían las calificaciones más altas luego los sacaban del campamento para que completen una carrera académica o profesional. Los demás completan su capacitación hasta finalizar el período en el servicio, y luego se les da el derecho de vivir como desean. Así es como surgió ésto. De hecho el gobierno buscaba peleas de frontera con países vecinos, y volvió a reclutar a todos los conscriptos, incluso aquellos que habían finalizado el servicio, como carne de cañón para las batallas y disputas. Mientras tanto los alumnos del nivel medio y terciario tenían que llevar a cabo el servicio de verano en áreas alejadas de sus pueblos y aldeas, y solo podían completar sus estudios con un certificado que lo probara. 
Ésto significa que el gobierno del PFDJ (la gente del Frente para la Democracia y la Justicia) asume el control sobre los eritreos en la etapa posterior a la infancia, en la que están formando su personalidad. Los moldean y los refinan para convertirlos en seres humanos subordinados, serviles, temerosos, obedientes, que no se resisten, e incapaces de formular una opinión.  De este modo, Isaias (el Presidente) y su partido son los liberadores y los únicos que pueden gobernar Eritrea.

Entre los años 1998 y 2000, Eritrea se enfrentó con Etiopía en una Guerra de frontera, que dejó 70.000 muertos como resultado, destruyó pueblos fronterizos y destruyó lo que quedaba del espíritu de libertad y paz en la psiquis de los eritreos. Cuando los camaradas de Isaías, los ministros de gobierno, los opinólogos y los pensadores reclamaron que se acelere el proceso de reforma, y se puso en marcha el cambio político a partir de la independencia, el presidente se puso en su contra y, en el 2001, los encarceló sin derecho a juicio.

El gobierno encontró una razón para cambiar los métodos del servicio obligatorio en la falta de compromiso de Etiopía con el acuerdo de paz del año 2002 con su retirada de la región de Badme en Eritrea y la delimitación de la frontera entre los dos países. El gobierno argumentó que debido al estado de guerra e incertidumbre con el país vecino, y a que Etiopía aún ocupa Badme, Eritrea necesita un ejército que esté siempre listo. Desde el año 2002, se comenzó a reclutar a jóvenes eritreos que no alcanzaban la mayoría de edad legal, y posterior a ello, se formó un nexo extraño entre el Ministerio de Educación y el ejército de Eritrea. Ahora se obliga a los alumnos a que completen el último año de la secundaria en el campo de concentración, en condiciones de vida severas y con valores militares estrictos que no son adecuados para los jóvenes estudiantes. Ahora, el servicio obligatorio no tiene una duración específica. 

Los conscriptos sirven en diferentes áreas de los ministerios del estado. Realizan trabajos agotadores como construir caminos y cultivar tierras con herramientas primitivas, con recompensas económicas bajas, con licencias ocasionales y castigos por razones insignificantes, con el propósito de abusar y dominar a aquel que tenga espíritu de resistencia. Los oficiales encargados del reclutamiento dominan la variedad de castigos que acaban con el espíritu de los jóvenes en etapas tempranas. 

Acaban con la ambición y los planes que tienen los jóvenes para el futuro.
Acaban con la opinión, las ideas y la visión.
Acaban con el respeto por uno mismo y la autoconfianza.
Acaban con el orgullo y la dignidad.

Tal vez lo más desagradable que alguna vez escuché fue que un recluta recibió el castigo de bañarse en su propia orina por haber regresado tarde a su escuadra. A otro se lo obligó a cavar con las manos un pozo profundo sin parar hasta llegar a una cierta profundidad, y allí mismo tuvo que dormir y asearse. Los castigos no tenían por objetivo la disciplina sino el insulto y la humillación hacia el conscripto. Éstos castigos eran para los varones jóvenes. Se están desarrollando castigos con las chicas a las que las hace servir a un líder de un grupo militar que las explota física y sexualmente.  

Encontramos que los jóvenes han pasado la mitad de sus vidas en el servicio sin haber recibido reconocimiento por los años que sirvieron, o al menos, haberles dado un final a dichos años se servicio. Ya no les queda nada, excepto escaparse de Eritrea. No se permite a personas de entre 6 y 50 años que salgan de Eritrea sin que hayan terminado su servicio y no se les garantiza que no se los convoque al servicio otra vez. Esa persona deja el país para escaparse. Se los priva de llevar una vida decente en su tierra y de salir con dignidad de algún puerto, ya sea por mar, aire o tierra, como lo hacen viajeros de otros países. La regla autoritaria que persigue el gobierno es, según parece, la de evitar que las personas se escapen, pero en realidad lo que están haciendo es empujarlos a que lo hagan. Este un plan concreto para sacar del país a los jóvenes, que sabemos, son los líderes del cambio en cualquier sociedad.

En lugar de ganar popularidad por su conocimiento o trabajo, o incluso por su superioridad en el comercio, el arte o el atletismo, se conocen a los eritreos como refugiados mundiales. Según un informe de la Amnistía Internacional para el período 2016/7, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados registró 17, 147 refugiados de Eritrea que buscaban asilo en 44 países entre los meses de enero y julio de 2017. 

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Los años han pasado rápidamente y entonces nació y creció la generación de la independencia. Esta generación no vio en su país a un dictador que no fuera eritreo como ellos y que no estuviera representado por un presidente dictatorial. Por momentos el júbilo de los estudiantes de la Escuela Al Diaa destrozó la imagen del héroe que libera al país de la ocupación, que Isaias propagó durante tres décadas. Reclamaban su derecho a la libertad de educación y creencia, y se rehusaban a someterse a las reglas del gobierno que ordenaban que las mujeres se sacaran los pañuelos, y la imposición de la enseñanza mixta.

Haj Musa y estos jóvenes revivieron el espíritu de la lucha y la rebelión en contra de la tiranía en Eritrea. Tras haber eliminado un ídolo del liberador heroico forjado desde el miedo, son la chispa del cambio del que Eritrea será testigo en un futuro cercano.

Información del autor

Hanan Mohamed Saleh, escritor y educador

Traducción a inglés: Hilary Cornish

Traducción a Español: Carolina Olivero

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