Lo que sucedió, lo que queda y lo que está por venir

Lee Sangmin addressing a crowd

A veces sueño con el pasado. Normalmente no se trata de experiencia positivas, sino de momentos que me acongojan y recuerdos de los que quiero huir. Esos recuerdos ejercen una presión inconsciente y aparecen una y otra vez en mis sueños. Vienen con un olor como de suciedad antes de llover. También sueño con el futuro que nunca llegó. En el peor de los casos, son justo aquellas situaciones que quiero rehuir las que se me presentan en sueños. Cuando despierto, siempre doy un suspiro de alivio al darme cuenta de que no estaban sucediendo en la vida real.

¿Qué es lo peor que me puede suceder en la prisión? En lo que más piensan los prisioneros es en recuperar la libertad. Creo que la mayoría de encarcelados esperan poder salir de prisión antes de hora en libertad condicional, gracias a un comportamiento ejemplar. La cárcel es un lugar horrible en el que ni siquiera puedo abrir la puerta, no puedo salir al exterior ni disfrutar del aire libre ni del paisaje más allá de 4 metros de muro, ni compartir mi amor con mi amada, ni sonreír con mis amigos y familia. El corazón me late fuerte al imaginar esas cosas. Al mismo tiempo, es frustrante que esta realidad, estas cosas buenas, ya no estén a mi alcance. Si me anulan la libertad condicional programada, será terrible. Solo me quedan tres meses por cumplir, pero esos cortos días se arrastran con infinita lentitud.

Durante mi vida en prisión, me volví muy cauteloso con la gente. A veces me daban alegrías, pero también me lo ponían difícil. Si alguien tiene un problema con un compañero de celda o de taller, eso se convierte en otra cárcel dentro de la cárcel. El infierno de la vida carcelaria se vuelve aún más infernal. Desgraciadamente, yo no tenía una buena estrategia de relación para evitar desacuerdos con la otra gente. Tengo una personalidad directa y me cuesta hacer concesiones. "No" quiere decir "no" y no consigo que me guste aquello que no me gusta. Nunca hago nada con lo que no esté de acuerdo. La cultura de un solo sexo en la prisión, donde solo hay hombres, crea una fuerte estructura jerárquica. Es muy difícil rechazar los trabajos que me manda alguien por encima de mí. Por eso es tan difícil todo. Puedo ser una simple víctima del orden carcelario. Pero ser un dictador me cuesta y si alguien me obliga a serlo, ni siquiera sé fingirlo. Cuando subí de rango en la prisión, no sabía qué hacer cuando me decían que "gobernase" a mis nuevos compañeros de celda.

Cuando recuperé la libertad, tuve que plantearme qué hacer con el resto de mi vida. Me convertí en un ex convicto y mis opciones eran limitadas. Siempre se dice que "la vida sigue", y la objeción de conciencia no podía ser el final de mi vida. Lo que me parecía era que la objeción de conciencia era una gran montaña y no pensaba en la gran montaña de la vida que vendría después. Me gustaban las bicicletas y quería ser mecánico para repararlas. Conseguí un empleo en una tienda de bicicletas y empecé a trabajar. Resultó que tenía talento para ello y se me daba bien. El jefe se fijó en mí. Conseguía muchas ventas en poco tiempo y de allí pude ir a otro taller con mejores condiciones. Pero siempre tenía miedo de revelar mi pasado. No podía entablar amistad en las redes sociales con mis compañeros de trabajo. Tenía que pensar en cómo llenar el espacio en blanco de mi vida de más de un año. Tenía que preparar respuestas inventivas a la pregunta de "por qué no hiciste el servicio militar". Siempre me preocupaba acercarme a la gente más allá de un cierto punto. Me negué a hacer el servicio militar por motivos de conciencia, pero no era consciente de mi conciencia. No me avergonzaba de mí mismo, pero tenía que avergonzarme. Por lo que tuve que encerrarme en mí mismo para protegerme.

Sigo pensando mucho sobre la gente. Recuerdo muchos momentos en los que tuve problemas con mis compañeros de celda. Llegar a entender a la gente sigue siendo un gran enigma para mí. Sigue existiendo un "antes, durante y después" de mis días de cárcel. Muchas veces, este enigma es lo que me motiva a vivir mi vida y me permito pensar en alguien que me hirió. Es muy fácil escupir y dar la espalda a una persona que te cae mal. Pero intentar entender y comunicarte con alguien que no te cae bien es muy difícil. El hábito de reflexionar a fondo sobre la gente parece ser algo que me da una gran fuerza para seguir. Cuando estaba en la cárcel, vi una película. Ese film me dijo que si entendía a alguien, a la larga acabaría por quererle. Incluido yo mismo. Yo quiero entender muchas cosas, y quiero ser positivo, y quiero amar. No quiero renunciar a la esperanza y a las posibilidades en los momentos difíciles. Creo que eso es amor. Creo que todas estas luchas son los gestos del amor.

Si nada lo impide, viviré otros 60 años. Quiero que todos mis esfuerzos lleguen a fructificar en el resto de mi vida. Todo lo que sucedió significa amor para mí. Espero poder seguir haciéndolo igual en el futuro.

Sangmin es objetor de conciencia por sus creencias cristianas y su pacifismo. Fue el primer objetor de la comunidd menonita de Corea. Fue arrestado en abril de 2014 y puesto en libertad en julio de 2015. Actualmente trabaja en una taller de bicicletas.

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