Cuarta Guerra Mundial

Cuando se habla de militarismo o desmilitarización inmediatamente se visualizan a hombres uniformados por lo tanto cuando digo que soy antimilitarista, como un acto reflejo mucha gente me dice: “pero si tú eres mujer y no haces el Servicio Militar Obligatorio”. Cierto, pero el militarismo es mucho más que instituciones militares o personas uniformadas. Lo militar tiene que ver con las formas de vida que las personas adoptan, la forma de ver el mundo, de entender las relaciones sociales o la eficacia de una sociedad.

Es a través de distintas instancias que asimilamos el discurso militar en la vida cotidiana: mediante la conmemoración de fechas emblemáticas, el nombre de las calles, plazas, colegios, etc. En definitiva, lo militar atraviesa múltiples esferas de la vida incluso aquellas que se podrían pensar como impermeabilizadas por lo militar.1

El militarismo ha transformado sus formas de acción, porque se han incluido áreas que antes no estaban consideradas. Lo militar ha contestado a los cambios en la sociedad, los procesos de individualización, la “cuestión del género”, la precarización del trabajo, la vulnerabilidad económico-social, entre otras cuestiones son respondidas desde las instituciones militares, acrecentando el vínculo con la sociedad civil, la sociedad salarial y la familia.

Esto explica algunas de las razones que han hecho iniciar el proceso de integración de la mujer a los ejércitos, o a ciertos espacios de poder; incorporando en cada uno de estos “pasos” publicidad radial, escrita y horas en televisión, exponiendo una condición democrática por tener mujeres en sus filas, mostrándose como una institución moderna en aparente dialogo con la sociedad en su conjunto. Pero en el fondo la intención de lo militar es que las mujeres se integren en organizaciones de poder, perpetuando una lógica autoritaria, jerárquica, xenofóbica, misógina y uniformada.

A esta militarización le corresponde el apellido de social, social como sustantivo no solo adjetivo, es una “militarización social” porque más allá de los cambios “modernizadores” que las FF.AA. en Chile han realizado, la intención es actualizar la descripción del militarismo como un dispositivo de poder, forma de dominación y coerción de la institución militar con la sociedad, consolidando así, la nueva relación entre el orden civil y el orden militar.

El militarismo ha hecho de la guerra el principio organizador básico de la sociedad, y la política simplemente en uno de sus medios o disfraces.

Podemos considerar estar viviendo una cuarta guerra mundial, que se desencadena en cualquier lugar, en cualquier momento, en cualquier circunstancia y con el mundo entero en juego, transformándose en una relación permanente. La paz civil tan solo significa el fin de una forma de guerra y el inicio de otra, la Cuarta Guerra Mundial2.

Al realizar una evolución de las fases de la guerra, las podríamos describir así:

  • Fase inicial: La primera guerra mundial (1914-1918), que estuvo centrada en Europa, condujo directamente después de un tumultuoso intervalo, a la segunda guerra mundial

  • Fase segunda: Segunda guerra mundial fue desarrollada por el Ejército Alemán en el conflicto mundial de 1939-1945.

  • Fase tercera: La guerra fría o la Tercera guerra mundial “dependía de la percepción americana, de las intenciones y la política de la URSS, y viceversa (…), en vez de proceder a desmontar la máquina y el esfuerzo de guerra, se dio el triste proceso de seguir, fomentar y aumentar se preparación: en lugar de desarmar se buscó la paz mediante rearme”3.

Este rearme dio paso a un nuevo tipo de guerra global que “introdujo elementos nuevos, y se libró en numerosos conflictos de baja intensidad y simultáneamente en distintos frentes del planeta”4, comenzó una transformación de la defensa, dando lugar a nuestro actual estado de guerra civil, sobreviniendo lo que llamamos de “Cuarta guerra mundial”

De esta periodización podemos decir que la primera y segunda guerra mundial se caracterizan por desplazar en el campo de batalla a grandes masas de personas y desatar poderosos fuegos de artillería, es un enfrentamiento de potencia contra potencia.

Con el advenimiento de la guerra fría queda claro, que “ni siquiera un alto al fuego legal”5, es capaz de significar el fin de la guerra, sino que solo logra devenir una simple modulación de su forma temporalmente. Esta guerra se expresó en la confrontación Este-Oeste, luego con la desaparición de la Unión Soviética, y “el quiebre en cadena de los regímenes comunistas de Europa del Este, las correspondientes modificaciones territoriales se rompe el escenario bipolar sobre el que se construyó la guerra fría”6.

A diferencia, esta cuarta guerra mundial no se desarrolla en una escenario concreto, en ella lo que aparece es la multiplicidad de frentes de batalla con elementos materiales, “la guerra se desarrolla en escenarios combinados, sin orden aparente y sin líneas visibles de combate”7.

La guerra es cada vez más despersonalizada, mientras que es increíblemente más devastadora y deshumanizante, al concebir como enemigo todo lo que impide que una ser humana se convierta en una máquina de producir y comprar.

El enemigo se ha convertido en el propio género humano, “un biopoder en el sentido más negativo y más horrible de la palabra, un poder que dispone directamente de la muerte: no solo la del individuo o la del grupo, sino la de la propia humanidad y quizás la de todos los seres vivos”8.

Dentro del nuevo carácter activo y constituyente de la guerra, resulta ser que la actividad militar y la actividad policial cada vez son más indistinguibles. “De este modo, la guerra parece tender hacia dos sentidos opuestos al mismo tiempo: por un lado, se reduce a la acción policial; por el otro, se eleva a un nivel absoluto y ontológico mediante las tecnologías de la destrucción global”9.

De este modo la gran diferencia entre la defensa y la seguridad nacional consiste en la visión o la mentalidad del mundo. La defensa solía referirse a proteger las fronteras propias del país, es decir, da una visión más limitada y aislada, que no era suficientemente amplia y profunda como para describir todo lo que hacía falta para protegerse, hacía falta algo más grande, que correspondiera a la grandeza del esfuerzo y la victoria de la guerra. De aquí que la idea de seguridad nacional se concebía en un marco no estrictamente nacional sino mundial, con una tendencia a extender las fronteras subjetivas de seguridad hacia un fuera, es decir a más lugares, para abarcar más territorio geográfico. Esta idea de seguridad nacional además exige que el país asuma una postura de preparación militar, permaneciendo la nación en un estado de alerta constante. La idea por tanto parece ser la que un mundo activamente configurado es un mundo seguro, de hecho, este carácter activo y constituyente de la seguridad ya estaba implícito en las diversas transformaciones de la guerra que hemos analizado.

Si la guerra entonces ya no es una situación excepcional, si forma parte del orden normal de las cosas, es decir, si ya hemos entrado en un estado de guerra permanente, necesariamente la guerra no es una amenaza para la estructura de poder existente, ni una fuerza desestabilizadora, sino todo lo contrario, al crear y reforzar constantemente el orden global actual.

Una de las tendencias que más ha marcado la evolución de la guerra en las últimas décadas es la preparación y el propio derecho a ejercerla, que han tendido a enfocarse en términos y en función de la seguridad nacional, resaltando la noción de enemigo interno.

Los intereses y las responsabilidades de la nación, igual que las amenazas y frentes de batalla, no tienen límite y son globales. “Quien dice defensa, dice una barrera protectora frente a las amenazas exteriores; en cambio, quien habla de seguridad justifica una actividad constante tanto en el ámbito nacional como en el ámbito internacional”10.

Por tanto, “la nación y la defensa de la nación deben estar en una preparación militar permanente: la guerra ya no es el hecho bélico en sí, sino que es un fenómeno en constante desarrollo”11, dándose por sentado que el nivel de seguridad de un país está directamente relacionado con la cantidad de armas que posee. Es decir, frente al resto del mundo, donde se esconden posibles agresores, cuantas más armas y sistemas de armas, más seguridad habrá. Esta suposición es altamente peligrosa y paradójica.

“En primer lugar, por el hecho de que se define la seguridad únicamente en términos cuantitativos de capacidad de infligir daño y defenderse militarmente. En segundo lugar, porque las capacidades devastadoras de los sistemas de armas actuales hacen imposible una defensa, y una seguridad. No hay quien pueda con las armas nucleares. La única defensa que prevén los sistemas actuales es la de asegurar la venganza. Lo llaman la destrucción mutua asegurada. Ello quiere decir que si una potencia ataca con sus sistemas nucleares, el otro tiene asegurado no su propia defensa ni supervivencia, sino la destrucción reciproca del otro. Nuestra seguridad es esa: saber que cuando nos desintegre una bomba nuclear el otro padecerá lo mismo. En otras palabras, la seguridad es inexistente. Aquí hemos de plantear claramente la falsedad de estos términos y postulados. ¿Qué sentido tienen palabras como defensa y seguridad hoy día? Es preciso exponer su pobreza como concepto basado en el sistema actual, e incluso demostrar que todo lo contrario es verdad. Debido a nuestro sistema de defensa y seguridad en su conjunto, y como en ninguna otra época, padecemos inseguridad. Quiere decirse con ello que con las armas cada vez más desarrolladas y más peligrosas, y con una creciente cantidad y calidad de las mismas, el nivel de seguridad es cada vez menor, no mayor. Más aún: la misma producción, desarrollo y almacenaje de armas es contraproducente a la seguridad. Hoy día, la existencia de más armas únicamente puede producir menos seguridad”12.

Frente a este desalentador escenario, la resistencia existe y persiste. La dominación nunca podrá ser completa por muchas dimensiones que abarque, porque al existir antimilitaristas, que se atreven a desafiar al orden establecido, siempre habrá resistencia, desmontando los procesos de militarización que nos construyen como sujetas dominadas y disciplinadas.

La invitación es a actuar, hacer, crear, que es al mismo tiempo desarrollar reflexión y pensamiento crítico con objetivos transformadores que pueden, por el devenir de la práctica, desdecir lo establecido, con lo que es, con lo que nos hace ser lo que somos ahora.

Desde la oficina de IRG,

Marcela Paz.

1 Un ejemplo de esto son las múltiples expresiones que la cultura y el consumo nos presenta, me refiero a las tendencias de la moda, que de cuando en vez nos presentan tendencias marcadas por la estética militar (prusiana, soviética, etc.).

2 Platica impartida por el subcomandante Marcos ante la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos en Nov. de 1999.

3 LEDERACH, John. El abecé de la paz y los conflictos. Madrid. Catarata. 2000. 120p.

4 HARDT, M. NEGRI, A. Multitud: Guerra y democracia en la era del Imperio. Argentina. Debate. 2004. 46p.

5 HARDT, M. NEGRI, A. Multitud: Guerra y democracia en la era del Imperio. Argentina. Debate. 2004. 62p.

6 SAEZ, Pedro. Guerra y paz en el comienzo del siglo XXI. 2º Edición. Madrid. Centro de investigación para la paz. 2002. 63p.

7 i.b.

8 HARDT, M. NEGRI, A. Multitud: Guerra y democracia en la era del Imperio. Argentina. Debate. 2004. 40p.

9 Op. Cit 41p.

10 HARDT, M. NEGRI, A. Multitud: Guerra y democracia en la era del Imperio. Argentina. Debate. 2004. 43p.

11 LEDERACH, John. El abecé de la paz y los conflictos. Madrid. Catarata. 2000. 119p.

12 Op.Cit 133p.

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