1 de Octubre: un día para la resistencia

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Two people walking along the street with a banner
Foto: Sasha Popovic

Parece que poco podía imaginarse el Estado Español que las dificultades impuestas para realizar el referéndum del 1 de octubre en Cataluña podían desencadenar precisamente aquello que refuerza la legitimidad de la lucha de muchas reivindicaciones sociales: la resistencia popular pacífica.

Y es que, se esté a favor o no, de las reivindicaciones elevadas por una gran parte de la población de Cataluña para decidir sobre su construcción como un Estado propio, lo cierto es que el 1 de octubre fue un día que los movimientos pacifistas y antimilitaristas pueden celebrar, la herramienta escogida por Cataluña para defender el referéndum sin apenas fisuras fue la resistencia pacifica activa no violenta, demostrando que el antimilitarismo sigue siendo una fuerza viva en Cataluña, que resurge cuando se hace necesaria la defensa colectiva de un objetivo político compartido.

Las garantías para llevar a cabo el referéndum resultaron dejar de estar en manos mayoritariamente de las instituciones y las administraciones, a estar en manos de las ciudades y pueblos de Cataluña. Y ha desatado algo con muchísimo más potencial social, la auto-organización, la solidaridad, la cooperación, el olor a café de termo a las 5 de la mañana en los innumerables colegios que resistían, la conciencia del potencial colectivo que el Estado tiende a reprimir.

Una resistencia cargada de simbolismo histórico, el 1 de octubre de 1936 el dictador Franco fue nombrado jefe de Estado por la imposición de la fuerza militar, los reveses de la historia, la imposición de la fuerza militar que construye un modelo de Estado fascista con apoyo de las élites burguesa y eclesiástica. 81 años después, resistencia popular organizada de forma pacifica, la semilla del antimilitarismo fraguado durante el franquismo le da la vuelta a la historia.

Cataluña respondió a las dificultades para realizar el referéndum con toda su herencia por la paz. Sus insumisos al servicio militar obligatorio, Pepe Beunza y sus juicios de guerra en el 72, su NO a la permanencia en la OTAN en 1986 el referéndum realizado con el PSOE en el gobierno. Sus protestas contra la guerra de Irak de 2003 y las últimas movilizaciones para la acogida de refugiados -la solidaridad es la base del pacifismo y el antimilitarismo- y contra el comercio de armas y las guerras a raíz del atentado de agosto de 2017 en Barcelona.

La resistencia pacífica es más que la principal herramienta de un pueblo que se defiende de la violencia que se dice legitima del Estado, es una decisión colectiva, política, de resistencia con una base social transformadora. El convencimiento de que si se construye un nuevo Estado catalán, como se pide en el referéndum, este debe ser construido en base a a los cimientos antimilitaristas y pacifistas, incluso aunque no sea desde el convencimiento ideológico pacifista si no desde la estrategia de cómo nos posicionamos frente al mundo y cómo nos empoderamos frente a las dificultades que presenta la violencia política.

También encontramos a las que se organizan para defender a las que defienden, Som Defensores, el proyecto de diversas entidades para desplegar observadores y observadoras por todos los colegios que pudieran denunciar las posibles vulneraciones de derechos humanos. Y diversos grupos de abogados para proteger el delicado derecho de resistir, tan fácil de diluir en los entresijos legales de las instituciones.

Las infinitas trabas impuestas desde la violencia estructural -impedir el referéndum desde todas las estructuras del Estado- y la violencia física -desalojar los colegios por cuerpos policiales antidisturbios- impusieron el miedo, pero sobretodo la resistencia popular mental y física. Porque hacía falta mucha resistencia para aguantar en los colegios 2 noches, entre la tensión cargada de la desobediencia civil colectiva, las horas sin dormir, y los cuerpos que hacían de barrera entre los golpes y las urnas. Frente a la imagen de los vidrios y las puertas rotas en las escuelas, símbolo el 1 de octubre del potencial destructor de de la violencia, la fuerza constructiva, desde abajo, determinante y arrolladora -emocional y física- de la inteligencia colectiva de la resistencia pacífica.

Pero esta resistencia ya llevaba un tiempo fraguándose en los movimientos sociales, con personas frente a las puertas de las casas para impedir el vaciado de la vida y la esperanza en las urbes, en cada desahucio ejecutado -más violencia del Estado-. El cuerpo, nuestro cuerpo frágil, como nuestra única herramienta de transformación, la barrera entre la imposición de la fuerza y la determinación moral. Un duro aprendizaje popular y comunitario, que despliega todo su sentido en el ejercicio colectivo, porque la resistencia pacifica se basa, fundamentalmente, en la determinación de muchas personas que se unen para resistir, cuerpos únicos y unidos, imposible defender un colegio desde el individuo si no se da la conexión comunitaria.

Más allá de los objetivos políticos, y mucho más allá de sus resultados, el 1 de octubre no fue sólo un día para la resistencia a la violencia, fue una abrumadora victoria del antimilitarismo.

Información del autor

Ainhoa Ruiz Benedicto: Investigadora del Centre Delàs d’estudis per la Pau

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