Odette Ntambara: Encontrar sanación y prosperidad

Nací en 1989, en la provincia meridional de la tierra de las mil colinas, Ruanda. En 1994, me vi obligada a abandonar mi tierra natal debido al entonces conflicto en curso en el país, ahora conocido en el mundo como el Genocidio. Ruanda está compuesta por dos grupos étnicos importantes, hutus y tutsis, donde la mayoría de la población es hutu. El caos se desató en abril, cuando los hutus y los tutsis se enfrentaron en la calle y en los hogares de todo el país. El enfrentamiento duró cien días y tuvo como resultado final incontables cuerpos en la calle, la mayoría víctimas del cuchillo y de machetes. Aunque tenía solo cinco años, todavía me acuerdo. Recuerdo muerte, niños llorando, casas ardiendo, gente corriendo y gritando. Me acuerdo del dolor de mi padre y de la decisión de seguir moviéndonos cuando le dijeron que nuestra madre había fallecido en una de las casas. Recuerdo ir en su espalda y mi hermana caminando al lado, yendo a donde sea. Lentamente, abrimos camino a Kenia, Tanzania y Suazilandia, lugares donde nos quedamos unos meses y, al final, nos establecimos en Sudáfrica.

Sudáfrica se convirtió en nuestro hogar por más de quince años. Es aquí donde conocí la Sociedad Religiosa de los Amigos, comúnmente llamados cuáqueros. Los cuáqueros inspiraron mis años de adolescente y, sin la guía y apoyo de ellos, no estoy segura de si sería la persona que soy hoy. Me dieron la oportunidad de aprender, de comunicarme de manera articulada, pero, sobre todo, me animaron a encontrarme con mi espiritualidad. Fue no hace mucho que realmente entendí todo lo que pasó con mi familia durante ese período oscuro, ya que papá nunca habló sobre eso. Fui una refugiada, una apátrida, una extranjera, desorientada a veces, pero es por todo eso que viví que llegué a comprender el mundo que quiero. También es la razón por la que me siento estimulada para hacer más, así las próximas generaciones no tienen que soportar el mismo dolor. Reencontrarme con mi madre y conocerla después de veinte años, creyendo que había muerto durante el genocidio, me ha incentivado aún más para continuar mi camino de activismo por la paz.

Durante siete años trabajé como supervisora de prensa para una organización no gubernamental llamada The Ceasefire Campaign (‘Campaña de Alto el Fuego’), un movimiento pacifista que apunta a una sociedad desmilitarizada, no violenta y de paz. En esta ocasión, representé a la juventud en conferencias internacionales, tales como la reunión mundial de WRI-IRG, una ONG que aboga por la desmilitarización. Además, tuve como responsabilidad la organización de numerosas campañas, como la campaña para prohibir las bombas de racimo, talleres sobre violencia doméstica, talleres para los dieciséis días de activismo, una charla con Andrew Feinstein sobre la historia del tráfico de armas en Sudáfrica, un taller sobre la semana mundial de acción y promoción por una zona libre de armas en una parada de taxis en Johannesburgo (mediante una organización llamada Gun Free South Africa). Lamentablemente, The Ceasefire Campaign ha estado cerrada desde entonces debido a los escasos fondos y los miembros tuvieron que continuar con la educación para la paz en otras funciones.

He sido miembro de los cuáqueros de Johannesburgo por más de doce años como asistente habitual de las reuniones, lo que elevó mi fe aún más. Me entusiasma el trabajo diario en la junta de Johannesburgo y, en años anteriores, me desempeñé como gerente de oficina en la junta anual de Sudáfrica y África Central (C&SAYM, por sus siglas en inglés) y desarrollé un gran sentido de responsabilidad y cuidado propio como cosecretaria de Young Friends. En este rol para la C&SAYM, mi trabajo se centró en la implementación de un plan de trabajo, el desarrollo de un proyecto comunitario y en el mantenimiento de la comunicación entre los jóvenes, redacción de informes, facilitación de talleres y la presidencia de reuniones. En la actualidad, participo de manera activa en los programas de Young Adults de los cuáqueros y me centro en la igualdad en su sentido más amplio como un modo de explorar la necesidad de justicia, el poder de la Verdad y del Amor, nuestros crecientes límites como individuos y como comunidad y lo que significa crear la nación adorada aquí y ahora. Pretendemos fomentar un espacio de aprendizaje atrevido dentro del cual se desempaquen el privilegio y el poder y se desarrolle una capacidad mayor para desafiar y derribar los muchos sistemas interconectados de opresión.

En julio de 2011 completé mi entrenamiento como facilitadora de Proyecto Alternativas de la Violencia (AVP, por sus siglas en inglés) —por Phaphama Initiatives, una organización AVP con base en Sudáfrica—. He estado desempeñándome como facilitadora en talleres básicos y avanzados para la Sociedad Religiosa de los Amigos de Johannesburgo (cuáqueros) desde 2012 a la fecha. Proyecto Alternativas de la Violencia es un programa internacional de transformación de conflictos llevado a cabo por voluntarios. Equipos de facilitadores AVP entrenados dirigen talleres vivenciales con el fin de desarrollar las habilidades de los participantes para resolver conflictos sin recurrir a la manipulación, coerción o violencia. Los talleres se ofrecen ahora en todo el mundo en comunidades, comercios, iglesias, centros vecinales, asociaciones comunitarias y refugios para mujeres.

Estoy trabajando para crear un mundo en donde se respeten los derechos humanos de cada habitante, un mundo en donde la violencia no es la noticia de todos los días, un mundo en donde la paz es el consenso. Un mundo en donde no estamos separados por nuestra diversidad, sino unidos por nuestra naturaleza variada. “Nadie nace odiando a otro ser humano por el color de su piel o sus orígenes o su religión. Las personas deben aprender a odiar y si pueden aprender a odiar, se les puede enseñar a amar, porque el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario” (Nelson Mandela). Soy la primera en reconocer estas palabras por una simple razón de humanidad: ¿por qué es mucho más fácil odiar que amar cuando estas dos emociones están entrelazadas? Seguramente si puedes odiar, debe ser que habías amado antes.

En 2012, tuve la oportunidad de viajar a Kenia para la Conferencia Mundial de Amigos, donde pasé tiempo con un grupo variado de cuáqueros de todo el mundo. El tema de la conferencia, Sal y Luz, me reconfortó y volvió a encender mi esperanza de que, así como tan variados somos, no somos diferentes. Tendemos a dar vueltas con sentimientos de soledad y emociones de pena, pero fue durante esta conferencia que vi la unidad que había sentido, una sensación de compañerismo entre amigos que no solo hablaban de la sal y la luz, sino que vivían la sal y la luz en este mundo roto.

Vivimos en un mundo paralizado por el prejuicio, la xenofobia, la pobreza, problemas ambientales y sanitarios, el racismo, la desigualdad y la violencia. Trabajo para construir una cultura de paz. Este está, sin embargo, caracterizado por gente comprometida y capaz de lidiar con los inevitables conflictos que surgen cuando se usa el diálogo; gente comprometida a construir y reconstruir relaciones respetuosas entre ellos y otros. Es un proceso continuo, ya que no es fácil transformar una situación negativa en una positiva sin ningún tipo de desacuerdo... La pacificación y la construcción de la paz es responsabilidad de todos. Tenemos que asegurarnos el mantenimiento de la paz en la sociedad y promover la cultura de esta mediante un ministerio de Paz.

Creo que, como futura generación, es mi responsabilidad como persona joven cambiar esta vida por una mejor mediante el activismo, el cabildeo y el voluntariado en un ambiente que comparta mi visión.

Odette D. Ntambara

Traductora: Mabel Pedemonte

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