Página inicial de la IRG > Publicaciones > el fusil roto > No.49/50, mayo de 2001
Hoy el 15 de mayo, que es la Jornada Internacional de los Objetores de Conciencia, quiero recordar a todos los pacifistas, antimilitaristas y defensores de los Derechos Humanos que en Angola siguen siendo impunes muchos crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y diversos actos de barbarie, Y QUE ESTOS SIGUEN PERPETRÁNDOSE.
A principios del 1961 había estallado la guerra en Angola, después de más de cinco siglos de coloniaje brutal bajo los portugueses, siglos durante los cuales la resistencia violenta además de la no-- violenta contra los abusos del poder eran cosa diara. El antiguo régimen fascista de Lisboa había desperdiciado primero todos los recursos naturales de su propio país, Portugal, y luego se volvió a lo que denominó sus "provincias de ultramar" para pillar los recursos de Angola etc., una de las "provincias". A todo precio quería retener bajo su poderío colonial lo que hoy llamamos Angola. Existen dos (tres) movimientos de liberación violentos que habían aprendido la lógica militar de los amos de entonces. Si embargo, algunos sectores de la población angoleña resistieron a las órdenes del goberno ajeno sea por la objección de conciencia sea por la desobediencia civil.
Desgraciacdamente estas fuerzas pacíficas nunca fueron tomadas en consideración por los historiadores en los análisis que se hicieron hasta hoy día sobre la de-- colonización se calla el importante papel de la resistencia no-- violenta en el logro de la liberación en 1975. No se conocen, por ejemplo, entre los resistentes no-- violentos los discípulos de un sr. Toko, antiguo bautista, ni que también existían fuertes tendencias no-- violentas en la iglesia catolicorromana.
Después de la Independencia, habiendo pretendido estos tres bandos tomar las armas para liberar a su pueblo de la esclavitud, casi sin esperar un minuto, los libertadores se entregaron a una lucha fratricida por el poder, todos contra todos.. Esta lucha irrespetuosa de la voluntad de la población que pretendían defender, había comenzado aun antes de que el último soldado portugués había dejado el territorio angolano. Los 14 años de lucha contra el coloniaje estaban apoyados por la OTAN y por el mundo civilizado (!!), pero ahora comenzó la lucha entre los ejércitos libertadores por un lado Jonas Savimbini de UNITA y, por otro lado, José Eduardos dos Santos de MPLA. Más el ejército relativamente pequeño de FLEC. La lucha contra la población civil es tan cruel que se debe describir a Angola como una Casa de Muertos Vivientes. La esclavitud a manos de los portugueses fue remplazada por la esclavitud interna. El pueblo es rehén del juego interno por el poder. Ahora hacen cuarenta años que día al día las tropas, los mercenarios y las tropas paramilitares actúan según la lógica militarista.
No se acuerdan de los valores humanistas en Angola.
Debo recalcar que en su esfuerzo genocida, desde el principio, los grandes bandos angoleños se han servido de los dos grandes sistemas ideológicos militaristas y expansionistas, o sea se han aliado a las dos superpotencias de la Guerra Fría. El resultado era la guerra permanente cuya víctima es la población civil angoleña desde hace cuatro décadas. Cada bando concluyó un pacto secreto según el cual respectivamente representan en Angola el complejo militarindustrial de los dos bandosinternacionales los EE.UU y la URSS. Hicieron creer a los productores de armas que ellos representaron la opción deseada por el pueblo angoleño la opción militar, la que nadie quería en verdad. La comunidad internacional favoreció que los bandos beligerantes concluyeron un "pacto de paz tres veces en 1974, en 1992 y en 1994, pero desgraciadamente ninguna vez los beligerantes estaben en serio, más bien continuaron armándose hasta los dientes con el fin declarado de "eliminar al enemigo". En realidad, sin embargo, las bandas guerreras son el enemigo formidable del pueblo angoleño al cual están martirizando.La mayoría de la población civil tenía que huir de sus aldeas natales para luego acorralarse en campos de refugiados. La mayoría del pueblo angoleño se niega categóricamente a creer en el juego mortífero de las bandas asesinas y por consiguiente no quiere particpar en tantos crímenes de guerra y de lesa-- humanidad que se perpetran a diario.
La mayoría angoleña no quiere optar por una de las dos bandas ni por UNITA ni por MPLA ni por la agrupación FLEC, facciones que gozan de la protección de las grandes potencias extranjeras como verdaderos "padrinos" del crimen.
Del extranjero se suministran armas modernas y consejeros militares.
Incluso se da "ayuda humanitaria" que en el fondo sirve para reabastecer a las tropas beligerantes. Angola está cubierta de 15 a 20 millones de minas de todo tipo que transforman la fértil tierra de Angola en una tierra inhabitable e incultivable. Es peligroso haber nacido en Angola por causa de las minas que esperan en todos los caminos. El apoyo extranjero se sirve de la diplomacia secreta. En órden de importancia los poderes que apoyan a la guerra son los EE.UU., los estados sucesores de la Ex-- Unión soviética, Israel, la China, Corea del Norte, Portugal y España, Gran Bretaña, Brasil, Africa del Sur, Bulgaria, el Canadá, Tchequia y Eslovaquia, Marruecos, Burkina Fasso, Namibia, Holanda, Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, etc. etc . Tampoco hay que olvidar los bancos que financian la guerra UBS-- Suiza, Warburg Dillon Read-- Inglaterra, Paribas-- Francia...en total 44 bancos y financieras ilustres.
En cambio, la mayoría del pueblo angoleño ha producido resistentes no-- violentos a la lógica militar, que objetan al servicio militar, hombres y mujeres que se manifiestan en las calles y que por ello sufren maltratos, a veces en el cumplimiento de lo que ellos consideran su deber cívico incluso mueren hombres y mujeres.
Las hostilidades en diciembre del 1998 comenzaron tan lentamente que muchas mujeres y muchos hombres tenían el tiempo para resistir públicamente contra la guerra y contra la opción militar en general, proponiendo la solución pacifista de los conflictos. La voluntad popular de llegar a una paz no-- militar culminó en el llamado "MANIFIESTO PARA LA PAZ Y PARA EL DIALOGO", en las cartas pastorales formuladas por la jerarquía católicorromana y en peticiones a las autoridades firmadas por miles y miles de ciudadanos angolanos tanto dentro como fuera de Angola. Sin embargo, la voz pacifista de objección de conciencia fue silenciada por una represión jamás vista en aquel bello país. Poco a poco los objetores a la opción militarista carecían de fondos para organizarse y crear una infraestructura, por lo que la voz noviolenta, libre y valiente se limitó a la prensa todavía independiente que apoyó todavía a los objetores de conciencia, los pacifistas, los desertores, los activistas de los Derechos Humanos y a otros actores de la Sociedad Civil. Hasta que ésta "voz" también carece de fondos porque la discriminan los grandes donantes de la "ayuda al desarrollo".
Todo ello son motivos por los cuales hago un llamado a los simpatizantes de la "opción humana", a los grupos pacifistas en especial, de percibir y luego apoyar a los que dentro de Angola luchan por la paz. Entre otras cosas les faltan fondos. Sabiendo que las grandes potencias y los grandes bancos ayudan generosamente a los beligerantes, rogamos que ejercen una fuerte presión pública contra las corrientes armamentistas desde su respectivo país hacia los bandos beligerantes. Hay que secar el apoyo a los crímenes de guerra y a los crímenes de lesahumanidad mediante una lobby proAngola. Hay que ofrecer asilo a los desertores, porque, siendo neutrales, se niegan a cometer crímenes de guerra y crímenes de lesa-- humanidad porque se niegan a ingresar a las filas de las facciones en guerra.
Con saludos antimilatristas y solidarias.
EMANUEL MATONDO D.
Objetor de conciencia angolano. Activista de la paz y de los derechos humanos.
IAADH (Iniciciativa angolana antimilitarista en pro de los Derechos Humanos)
Yorkstr. 59 D-- 10965 Berlín.
email ari@ipn.de
http://www.snafu.de/~usp/iaadh.htm
Compatriotas del Gobierno de las Fuerzas armadas -- FAAHolden Roberto (veterano de la lucha por la independencia de Angola)
Compatriotas de las Fuerzas Rebeldes UNITA -- FALA
Compatriotas de las Fuerzas Independentistas Cabinda -- FLEC's
Como hombre Viejo (mais velho), pionero de la lucha por la liberación nacional de Angola, hago un llamado a Uds., como patriotas, a deponer vuestras armas para detener la autodestrucción que la guerra inútil y sin sentido está causando a Angola desde 1975.
Los llamo, en nombre del país en armas, a pensar con amor en vuestras madres, hermanas e hijos que no dejan de clamar. Cada día ell@s mueren injustamente, y Uds. también.
Los valientes y heroicos soldados que defienden a su gente no matan a los suyos, como desafortunadamente ocurre actualmente.
Detengámonos a dialogar y discutir nuestros problemas, diferencias y rencores. Hagámoslo como hermanos e hijos de este país: Angola. Sentémosnos bajo la sombra de una árbol sombrío, como lo demanda nuestra tradición africana.
Por favor, cesemos el vandalismo y dejemos de ser ejecutores de nuestra gente. Espero que este llamamiento que les hago, con el más alto sentido de la fraternidad y patriotismo, deparará de parte de Uds. la mayor atención.
PAZ Y RECONCILIACION
Gracias,
Luanda, 19 de enero del 2001
Desde la capital Luanda son apenas dos horas de vuelo hasta Kuito, la metrópolis de la provincia centro-- angolana de Bie. Tan solo un salto en el avión. Sin embargo, al aterrizar uno cree que está en otro mundo. Alrededor se aprecia un paisaje de ruinas que existen desde que en la primavera del 1999 la ciudad fue bobardeada desde el aire durante varias semanas y atacada por fuego de artillería. Donde antes habían casas al estilo colonial portugués, hay hoy cráteres de bomba.
Los niños recitan sus lecciones en las pocas escuelas que funcionan y que curiosamente han sido ahorrados la suerte de ser bombardeadas. Se ven mujeres que sin descanso, cual unos zombies, se arrastan desde los campos de refugiados a los dispensarios médicos, o hacen cola ante los depósitos de víveres que se encuentran en medio camino. Unas mujeres viajas, confusas y acongojadas, cual bebés recién nacidos, llevan cintas en la muñeca con sus nombres, para que no se pierdan. En cuanto a hombres, casi solamente hay uniformados. El único medio de transporte es un jeep de la organización de emergencia WFP (Programa Mundial de la Alimentación) que transita en la carretera hacia el depósito de víveres. Nadie sabe si los alimentos alcanzarán hasta la estación de lluvias porque entonces la pista de aterrizaje se hace intransitable.
La gente de todas las provincias acuden en masa hacia Kuito porque aquí al menos hay un hospital, aquí al menos se presta ayuda de emergencia. Y si no es otra cosa: aquí sencillamente están a salvo de los chantajes de la soldadesca en una guerra sucia en que la población está siendo atacada, "cazada" y expulsada -- sea de un bando, sea del otro, según la mala suerte que les toque.
Entretanto más de 100.000 (cien mil) expulsados vegetan en Kuito: se añadieron tantos habitantes irregulares como esta metrópolis antes contaba de habitantes regulares, cien mil más cien mil.. Hace tiempo que la guerra en Angola ya no se interesa en partidos o programas políticos. Es una ironía amarga que desde aquí arrancaron los cambios fundamentales que revolucionaron el Africa septentrional: en diciembre del 1988 en Nueva York, Angola y África del Sur firmaron un Cese de Fuego. Pronto se retiraron de Angola los soldados tanto de África del Sur como de Cuba, lo que allanó el camino hacia la Independencia de Namibia. En 1990, el régimen de ápartheid revisó su política de la segregación racial, anuló la prohibición de los partidos políticos, poniendo en libertad los presos políticos,. En 1994 siguieren unas elección libres y generales.
Incluso las transiciones no-violentas desde regímenes autocráticos y dictatoriales hacia democráticcos en Sambia (1991) y Malawi (1994), tienen una relación directa con el Cese de Fuego del 1998 que, indudablemente, expresó las modificaciones impuestas por una nueva política global y regional. Análogamente a Angola, también en el otro lado del Continente Africano, en Mozambique (también de habla portuguesa) se iniciaron negociaciones entre los partidos de la guerra civil las que se llevaron a feliz término con elecciones en 1994. Siguió innegablemente después un auge en Mozambique. Sin embargo, en Angola las elecciones del 1992 eran un fracaso. El perdedor, Jonás Savimbi de la UNITA, no reconoció su derrota en las urnas. Es un hecho que ambos bandos, la MPLA en el "Gobierno" y la UNITA en la oposición, dos años más tarde firmaron un tratado de paz en Lusaka, que volvieron a ratificar en 1998. Pero la guerra continua con la misma dureza, los militares mandan, y mientras que las minas antiguas se inutilizan y se dragan, nuevas minas se colocan y se siembran. Cada día mueren 1.000 (un mil) seres humanos por la guerra y por las consecuencias de la guerra -- por explosiones de minas, por el hambre y por el déficit en los cuidados médicos.
En Angola, donde el proceso de los cambios profundos en el Sur del Africa arrancó, la paz sigue siendo llejano; en Angola continua una guerra que había comenzado como una lucha de liberación en 1991 y que desembocó en una guerra entre rivales en la liberación, rivales con sus respectivos apoyos por sus aliados respectivos en el Este y en el Oeste, pero esta guerra anacrónica no ha terminado como ha terminada la confrontación Este-Oeste. El patrón fundamental de la polarización social, política y económica, desarrollado entre 1975 y 1990, prevalece hasta hoy en Angola: MPLA contra UNITA; Ciudad contra Zonas rurales; industria del petróleo y de los diamantes con su interés en exportar contra la industria agraria y la economía rural de subsistencia para el mercado interno; por un lado los élites que se enriquecen por negocios turbios contra una población empobrecida que utiliza una multiplicidad de estrategias para sobrevivir.
Con la continuación de la guerra surgió al primer plano más y más un solo tema: repartir el botín o apropiárselo del todo, he aquí el juego final en la guerra angolana. Los intereses de los élites políticos de ambos lados en continuar con sus "deals" súmamente lucrativos mientras tanto llegó a ser el impedimiento individual más decisivo a la Paz y a la Reconciliación Nacional.
De los beneficios se financia también la guerra que incluso da a comer a sus amos. El "Gobierno" angolano gasta cada día un millón de dólares estadounidenses para la Guerra; de lo que gasta la UNITA no se conocen cifras pero se puee suponer que es más o menos lo mismo. Mientras que el "Gobierno" se financia por el petróleo, la UNITA se financia por los diamantes provenientes de la región norestina del país. Todo ello pasa a la vista y paciencia de la Comunidad Internacional que no manifiesta voluntad política de "secar" el charco llamado Guerra impidiendo el ingreso de armas, pero ni el Embargo de Armas pronunciado en 1993 contra la UNITA se implementa porque no hay controles efectivos del tráfico. Hoy como ayer la UNITA recibe cuantiosos suministros de armas provenientes de Sudáfrica, la República Democrática del Congo, Sambia, Togo y Burkina Faso.
El otro bando, que es el el "Gobierno", tampoco tiene problemas de pertrechos y suministros. Sus mencionados negociados de armas no son, por cierto, ilegales, pero burlan y violan el espíritu del Acuerdo de Lusaka, resultando en que disminuya la confianza general en el Proceso de Paz. Las armas de las tropas del "Gobierno" provienen de Bielorusia, Brasil, Bulgaria, la China, Israel, Ucraína y Sudáfrica.
Incluso Rusia, uno de los poderes mediadores de la llamada Troika, mina cualquier posición fidedigna al traficar grandes cantidades de armas incluso pesadas al "Gobierno" Angolano; la Federación Rusa escaló el primer rango entre los traficantes que suministran armas. En febrero de este año las autoridades españolas de control en las Islas Canarias apresaron a un barco carguero ucrainiano con 636 toneladas de armas -- desde grenadas hasta equipo de reconocimiento -- que viajaban a Angola, pero en el conocimiento figuraban "piezas de automóviles". Las armas las había pedido la empresa estatal angolana Simportex a la empresa estatal ucrainiana Rosvooruzheni (que hace poco fue rebautizada Rosoboroneksport).
Portugal, que también es miembro de la Troika, ha firmado un pacto militar con (el "Gobierno" de) Angola. Únicamente los EE.UU., que son el tercer socio de la Troika, no mantienen relaciones militares formales con Angola.
Además, existen compras encubiertas de armas que el "Gobierno" financia mediante la venta de petroleo.
Cuando en 1996 cayó el precio del petróleo, se ajudicaron concesiones de perforación de aproximadamente $870 miliones de US-dolares a las multinacionales petroleras BP, Exxon, y Elf. Hay que saber que solamente los grandes entre las empresas multinacionales son técnica y financieramente capaces de operar los proyectos de agua profunda, por su alto costo. Según informó el ministro de relaciones exteriores angolano, los ingresos de las concesiones estaban "destinados para la guerra". Angola y Eslovquia en abril del 2000 firmaron un Pacto de trueque: Armas en cambio a Petróleo. Entra las compras eran seis bombarderos SU-- 22 y una cantidad desconocida de tanques T-- 72.
Estos tráficos con armas constituyen solamente una prueba más por la falta de interés de la Comunidad Internacional en verdaderamente resolver el conflicto en Angola. La tragedia de este hermoso país no solo es una acusación dirigida a la clase política de Angola a la que pertenecen víctimas y victimarios, sino también dirigida a las autoridades y agencias internacionales que son los responables por crear la Paz y por imponer los Derechos Humanos. Alex Vines, el experto británico en asuntos angolanos, tilda de "pantomima grotesca" el proceso de pacificación de Naciones Unidas. Según él, a partir del Pacto de Lusaka, "Angola" equivale a una pieza teatral sobre la guerra, pero a la vez, afirma, "Angola" ofrece el escenario a grandes espectáculos de "paz" que alternan entre tragedia y farsa. Por su falta de recursos personales y financieras, las NN.UU. no estaban capaces de controlar u orientar el proceso hacia una tregua o un armisticio. !Todo lo contrario!
En lugar de un desarme general, siguen ingresando a Angola grandes cantidades de la nueva generación de armas. En lugar de realmente quitar las armas a los soldados y acantonar a los desarmados en campos vigilados, los únicos jóvenes que se pueden tildar de "desarmados" resultaron unos "soldados" auxiliares reclutados a la fuerza, los incapaces para el combate y los ex-- soldados dados de baja y declarados inútiles. En lugar de desmovilizar el ejército progresivamente, paso a paso, los militares se reorganizaron, nuevos grupos de combate se formaron y se contrataron nuevas tropas mercenarias privadas -- en ambos lados.
En lugar de implementar el proyecto de subordinar todo el territorio angolano a la autoridad suprema de un gobierno de transición en Luanda que debía también nombrar e incluir políticos y generales de UNITA, Angola permanece hasta hoy partida en Dos Naciones de las cuales una obedece a los comandos del cuartel general militar de UNITA, la otra al "Gobierno". Peor es que en regiones apartadas y marginales las decisiones no dependen ni del "Gobierno" en Luanda ni del cuartel general de UNITA sino de los individuos armados que en este momento pasan por allí, por (mala) suerte y por azar. Peor es que no existe la libre circulación para personas y mercancías, que es y sería la condición previa para que la angolana llana y el angolano sencillo puedan dedicarse al comercio, puedan regresar a su casa o puedan buscar trabajo. Siguen existiendo bloqueos armados de las calles y rutas que impiden que el pueblo angolano sea libre para elegir. El bandolerismo, muy extendido, obliga a la gente a la inmovilidad. Ni hablar de combates militares, de escaramuzas, de campos de minas que traen la muerte.
Las maneras para quitarle la base a la Guerra, para terminarlo de una vez y para siempre, serían
Lastimosamente, los esfuerzos en este sentido hasta ahora no dieron resultado. La ineptitud de la Comunidad Internacional se revela sobre todo en su falta de monitoreo de las violaciones de los Derechos Humanos. Dice Vines que las Naciones Unidas a propósito mantienen inefectivo su departamento de DD.HH para no poner en peligro el llamado "proceso de paz". Para Vines esto es solamente otro capítulo más de la "pieza teatral llamada Angola" (tragedia y comedia) que le obliga concluir que la falta de una espina dorsal en las Nacio-- nes Unidas tiene la culpa por el clima predominate del desacato a y menosprecio por los derechos fundamentales del ciudadano. Al empeoramiento de los DD.HH. contribuye, además, que está ampliamente difundida una "cultura de la IMPUNIDAD".
La sobria conclusión de Vines es la siguiente: " Parece que, a pesar de múltiples cambios, combinados con sanciones de las NNUU contra UNITA, en última instancia ninguno de los dos bandos se deja impresionar por presiones provenientes de las NN.UU. u de otra "Autoridad internacional". La Guerra en Angola ya ha traspasado las fronteras de este país africano, y esto hace mucho. Desde agosto del 1998 se estacionan tropas angolanas en la República Democrática del Congo (ex-- Zaire) para acudir en socorro del amigo y jefe de estado Kabila. En la vecina república del Congo (Brazzaville), mediante un golpe militar de estado, llevaron al Poder un régimen hóstil a UNITA. Mediante estas intervenciones trataron de ganar el control sobre las vías de reabastecimiento y avituallamiento del enemigo UNITA.
Desde diciembre del 1999 hasta mayo del 2000 el Norte de Namibia era la zona en que las tropas angolanas se desplegaron y concentraron contra la UNITA -- con el consentimiento del gobierno de Namibia. La UNITA hizo ataques de represalia contra asentamientos y bases del ejército namibiano. Se incendiaron cabañas y muchos habitantes de las aldeas norteñas huyeron hacia el Sur, cruzando la frontera de Botswana: de ello la vida comercial, que recién después de la Independencia había comenzado a florecer, llegó a paralizarse nuevamente, y las escuelas cerraron. Debido a los combates unas 7.000 personas huyeron del Sur de Angola hacia Namibia Central. Las tropas namibianas intervinieron en combates incluso en territorio angolés.
Ni el país vecino de Sambia logró mantenerse neutral en el conflicto intraangolano. Más de 180.000 angolanas y angolanos lograron refugiarse en Sambia. " Muchas de ellas llegan mutiladas de las minas, algunas incluso ciegos. Entre ellas muchas mujeres y ancianos que ya no están en condiciones de atenderse a sí mismas."estas son las palabras del Ministro de Relaciones Exteriores de Sambia después de inspeccionar las regiones fronterizas. Las tropas de la UNITA rastrean las zonas contiguas a la frontera en busca de refugiados jóvenes en la edad de pelear.
Las luchas en Angola, al igual que las luchas en el Congo, inquietan porque caracterizan el aumento paulatino de la militarización en el Sur del Africa. En el peor de los casos, esta evolución negativa podría convertir en sueños e ilusiones todas las conferencias en que se discuten una futura comunidad del desarrollo regional y una integración regional. En Angola los combates siguen con la misma dureza, alternando entre la guerra convencional, la táctica de guerillas y verdaderas guerras de trincheras. Cada par de meses los reclutas nuevos reciben su orden de incorporarse a las filaspor radio. De una población de doce millones, más o menos cuatro millones de personas día tras día son directamente implicados en los actos bélicos.
Por ahora llegan a casi dos millones las personas que en su mismo país vegetan de refugiados. Miles y miles de Angolanos han huido cruzando las fronteras hacia los países vecinos.
De las Grandes Potencias apenas se puede esperar que reducen la intervención, que cedan, que busquen compromisos: son demasiado grandes sus beneficios que sacan de una guerra que ellos mismos sostienen y mantienen viva. Al igual que en muchos otros países, así también en Angola las esperanzas de la Población se dirigen hacia las organizaciones de la Sociedad Civil, y estas se manifiestan de modo más y más "audible". Las esperanzas se dirigen a las iglesias, los sindicatos y los medios independientes, pensando que ellos van a apoyar a los que sufren, que ellos van a resolver los conflictos. Y, en realidad, las iglesias, los sindicatos y los medios independientes podrían desempeñar este papel positivo, pero sería más fácil para ellos si la comunidad internacional al menos tomara nota de su existencia.
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En los últimos tiempos, el silencio rodea la guerra de Angola, una situación perfecta para los que apoyan la guerra y aquéllos que desde fuera se aprovechan de la muerte y la destrucción del país. La guerra angoleña ya no sobresalta a la opinión pública. Es un asunto ya antiguo y poco atractivo y produce indiferencia.
En una entrevista reciente con Ecclesia, una emisora de radio católica, el Ministro de Defensa de Angola, Kundy Paihama, restó importancia al número de civiles muertos que se cobró un ataque rebelde a la capital de la provincia Uíge, situada en el norte del país. "Si la gente no muere por causa de la guerra, muere de todos modos por enfermedad", comentó el ministro para así justificar que en situación de guerra la vida de una persona cuenta muy poco, por no decir nada. Una declaración de este tipo no provocó ninguna reacción de protesta entre la opinión pública, están acostumbrados. La sociedad angoleña y su estructura se articulan en torno a un sistema y una mentalidad bélica.
Las primeras esperanzas de poder cambiar este sistema surgieron en enero y febrero de 1999 cuando un grupo de periodistas declaró que el servicio militar obligatorio era una práctica discriminatoria que sólo enviaba a los hijos de los pobres y más desfavorecidos al frente para que sirvieran de carne de cañón. La consecuencia fue que cuatro periodistas fueron llevados ante los tribunales y uno fue agredido por un soldado.
Durante ese mismo período, un grupo de 500 mujeres tomó la calle del centro neurálgico de Cabinda, una provincia marcada por la riqueza del petróleo y las ideas secesionistas (se trata de una pequeña parte de Angola que está separada del resto por una franja de tierra controlada por la República Democrática del Congo). Estas mujeres se manifestaban contra el servicio militar que reclutaba a sus hijos para una guerra injustificable. Tal y como era de esperar, la represión actuó. Sin embargo, después de la manifestación, ya sólo dos jóvenes se presentaron voluntarios para unirse a las fuerzas armadas. Poco a poco, la sociedad civil angoleña está enfrentándose a la realidad.
En junio de 1999, un grupo de personas publicó un manifiesto por la paz que fue firmado por 200 miembros destacados de la sociedad civil de Angola. El manifiesto fue duramente atacado por el régimen, el cual presionó a algunos de los firmantes a que se pronunciaran públicamente en contra del manifiesto, diciendo que habían sido inducidos a error cuando lo firmaron. En cualquier caso, aquella iniciativa allanó el camino hacia un llamamiento más insistente por solucionar el conflicto bélico en Angola, en el interior del país y con medios pacíficos.
A finales de julio de 2001, la Iglesia Católica organizó un congreso sobre la paz que reunió a lo más granado de la frágil sociedad civil angoleña. El llamamiento por buscar una solución pacífica e interna del conflicto, con una mayor implicación de la sociedad civil, se ha hecho notar cada vez más y se acerca progresivamente al consenso popular.
De todas formas, la falta de un liderazgo creíble y audible en el seno de la sociedad civil ha sido durante mucho tiempo el factor principal que ha evitado que la lucha del pueblo angoleño se haya dado a conocer más a nivel local e internacional. Tanto el Gobierno como el movimiento rebelde han sido ambos símbolos de la guerra y la opresión y, al mismo tiempo, son los únicos representantes del pueblo angoleño capaces de ejercer una cierta influencia sobre la diplomacia internacional y las relaciones que ésta mantiene con Angola. Sin embargo, aquellos intereses del pueblo que van más allá de los del Gobierno y de los de UNITA siguen sin contar con una voz en el mundo.
El conflicto en Angola se ha "deshumanizado" a lo largo de los años. El coste social y económico de la guerra nunca ha sido un tema prioritario en los debates sobre Angola. La guerra fría (1975-- 1989), la impugnación de los resultados de las elecciones generales por parte de Jonas Savimbi (1992-- 1994) y la falta de cumplimiento del Protocolo de Lusaka (1998 hasta la fecha) son los argumentos principales a nivel internacional para mantener la guerra en el país.
En noviembre de 2000, el Presidente de Angola, José Eduardo dos Santos, se dirigió a la nación durante la celebración de los 25 años de independencia del país. "Las perspectivas en la actualidad son muy halagüeñas porque las grandes victorias militares conseguidas recientemente han neutralizado completamente cualquier amenaza violenta al poder." El Presidente confirmó que las acciones militares se limitaban a determinadas regiones, que eran de baja intensidad y que ya no podían obstaculizar la reconstrucción y el desarrollo del país. Dos Santos lleva 21 años al frente del país y su objetivo principal en esta guerra ha sido siempre el de eliminar cualquier elemento que cuestione su poder. Por otro lado, y prácticamente durante el mismo período de tiempo, el líder rebelde de UNITA, Jonas Savimbi, ha luchado por lo contrario, es decir, la consecución del poder por la fuerza.
Las muertes que se producen en la guerra de Angola desde hace 40 años (incluyendo 25 años de guerra civil) siguen aumentando al mismo ritmo, como hace 15 ó 25 años. Mientras que la guerra de Angola está reconocida a nivel internacional como la guerra más sangrienta y sofisticada de todas las guerras africanas, las estadísticas oficiales sólo recogen 500.000 muertos. Después de que se iniciara la fase actual del conflicto en octubre de 1992, las Naciones Unidas calculaban que en 1993 morían 1.000 personas al día. Sin embargo, más de 360.000 personas han debido morir sólo en ese período. Ninguno de los dos combatientes ha mostrado tener compasión alguna por su propio país o su pueblo.
Dos Santos no le hubiera declarado la guerra a UNITA en diciembre de 1998 si no hubiera contado con el respaldo tácito de las Naciones Unidas y de los poderes internacionales más importantes. En ese momento se pensaba que se iba a conseguir una victoria militar limpia y rápida sobre Jonas Savimbi. El motivo oficial, aducido por Dos Santos para declarar la guerra era que UNITA no respetaba el Acuerdo de Paz de 1994 firmado en Lusaka, Zambia, en el que se estableció la obligación de devolver al Estado todo el territorio ocupado.
Uno de los puntos que cabría reseñar en esta estrategia es que sólo se inició un proceso de paz porque las partes habían llegado a la conclusión de que no había una solución militar al conflicto. Así que el hecho de que se hiciera la guerra para promover la paz había sido simplemente una broma de mal gusto. Si lo que se pretendía con la intervención internacional era acabar con la guerra así como alcanzar la reconciliación nacional y un sistema democrático, el resultado ha sido bien distinto.
No podemos obviar la violación constante de la libertad de expresión y de la prensa, así como el desprecio del Gobierno por el imperio de la ley; hay pruebas suficientes de que lo que importa en Angola no es precisamente el bienestar del país y su pueblo.
El 31 de enero de 2001, un soldado gubernamental de las Fuerzas Armadas de Angola (FAA), Francisco José Manuel, fue ejecutado en público en la provincia sureña de Cunene por haber tenido un accidente con el vehículo militar que conducía. Según la declaración de la esposa del soldado, la orden de ejecución la dio el jefe del Comando operativo de Cunene, el Coronel Álvaro António. Su familia presenció la ejecución y vio como el pelotón de fusilamiento destrozaba el cuerpo del soldado vaciando los cartuchos de sus pistolas automáticas sobre él.
Como Angola no dispone de legislación en materia de pena de muerte, ni tampoco se había juzgado a la víctima de este brutal asesinato, uno podría pensar que el Gobierno se iba a distanciar de este hecho. No, no tienen por qué hacerlo. No, mientras siga manando el petróleo para comprar el apoyo diplomático internacional. No hubo protestas ni reacción alguna por parte de la Misión de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Angola
La guerra de Angola ahora también se ha convertido en un tema de negocios. El comercio con gemas angoleñas se ha convertido en un tema crucial para la resolución del conflicto desde septiembre de 1997. De hecho el día 23 de septiembre de 1997, un funcionario de la ONU dijo al periódico sudafricano The Star que si las conversaciones privadas entre UNITA y el Gobierno sobre el botín de los diamantes llegaban a buen puerto, la "normalización del país se produciría inmediatamente." UNITA fue sometida a distintas sanciones y, además, se crearon mecanismos para cortar la principal fuente de ingresos de la organización y obligarla así a cumplir el Protocolo de Lusaka. Independientemente de los esfuerzos realizados, los angoleños ahora padecen una situación mucho peor que antes.
Una cuarta parte de los 12 millones de habitantes de Angola están desplazados, mientras que más de un millón y medio de personas dependen desesperadamente de la ayuda alimentaria internacional. En lo que va de curso escolar, y sólo en la capital Luanda, el Gobierno ha enviado a casa a más de 40.000 niños que tendrían que estar en la escuela.
Luanda no se había visto tan afectada por la guerra, hasta ahora.
La mayor parte de las medidas de reconstrucción o desarrollo aprobadas por el Presidente se realizan en Luanda. Según las estadísticas del Ministerio de Educación, más del 70% de los niños angoleños en edad escolar ya han salido del sistema escolar. UNICEF estima que la mitad de la población de Angola es menor de 15 años.
Desde la publicación del último Global Witness Report sobre Angola, A Crude Awakening, en diciembre de 1999, la reputación de la industria petrolífera en Angola ha quedado empañada y se ha visto asociada a la guerra. Además, recientemente, el Gobierno ha tenido que enfrentarse a unas revelaciones en los tribunales franceses, según las cuales habría violado el embargo internacional de armas en 1993 y 1994, consiguiendo así armas a través de unos negocios con petróleo de lo más obscuros.
Sin embargo, nada ha cambiado. El día 24 de enero de 2001, un grupo de 25 líderes de un pequeño partido político, PADPA, inició una huelga de hambre frente al Palacio presidencial para exigir una explicación por todos estos escándalos. La Policía de Intervención Rápida torturó a algunos de los manifestantes, detuvo a seis y amenazó al presidente del partido con asesinarlo. Una vez más, el Gobierno salió impune.
En Angola, la sociedad civil no presta mucha atención al papel que los diamantes y el petróleo desempeñan a la hora de alimentar la guerra porque ni el Gobierno ni UNITA han sido transparentes ni se han responsabilizado de la renta nacional. Independientemente de cuáles sean los resultados de las pesquisas internacionales y de cuál sea el papel de estos ricos en la guerra de Angola, para la mayoría de los angoleños no serán si no simples excusas para justificar las matanzas. La cuestión clave que todavía queda por tratar en el "Problema angoleño" es el derecho del pueblo a vivir en paz y a disfrutar de la dignidad humana.
Si el tiempo que se ha dedicado a buscar razones políticas y económicas para explicar la guerra se hubiera empleado en alimentar y alentar las nuevas voces en el seno de la sociedad que expresan la voluntad popular, el conflicto de Angola ya no sería, y desde hace tiempo, una cuestión personal de los barones de la guerra. La gente se lanzaría a la calle a debatir y a hablar, así es como debería ser.
Rafael Marques es un representante del Open Society Institutede Angola y además periodista autónomo. Fue encarcelado por el Gobierno de Angola y designado por Amnistía Internacional como Preso por la Conciencia.La guerra civil de Angola continuaba. Pocas señales había de que se estuvieran respetando más los derechos humanos; más bien, seguían produciéndose las mismas violaciones de las reglas de la guerra por las que este conflicto ha sido conocido, tanto por parte del gobierno como de los rebeldes, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA). El número de personas desplazadas era de 2.5 millones, aproximadamente un 20% de la población total de Angola. El acceso por carretera continuaba restringido en todo el país; las organizaciones humanitarias empleaban únicamente las carreteras y rutas costeras incluidas en el perímetro de seguridad de las principales ciudades de cada provincia. Sin embargo, la falta de seguridad por tierra hacía que más del 70% de toda la ayuda humanitaria se transportara por aire.
A finales de 1999, una contraofensiva del ejército angoleño había expulsado a UNITA de meseta central. A finales de octubre del mismo año, el gobierno proyectaba metros y metros de película sobre su control de las que fueron importantes bases de UNITA en Bailundo y Andulo. Durante finales de 1999 y los primeros cuatro meses del 2000, el gobierno disfrutó de una concatenación de éxitos. El 24 de diciembre, las fuerzas gubernamentales se hicieron con el antiguo cuartel general de UNITA en Jamba. El gobierno declaró haber capturado a 200 soldados de UNITA durante los enfrentamientos. Y también que 400 habían sido capturados durante el enfrentamiento por Calai, que fue tomado por las Fuerzas Armadas Angoleñas (FAA) el 10 de diciembre. Asimismo, que se había destruido más del 80% de la capacidad de combate de los rebeldes, aprehendiendo 15,000 toneladas de armas, munición, 27 tanques, 7 emplazamientos de artillería y 30 misiles, entre otros.
Durante los tres primeros meses del 2000, el gobierno parecía estar en racha en el campo de batalla y UNITA parecía desorientada, actuaba esporádicamente. Sin embargo, esta situación cambió a lo largo del año: UNITA retomó la ofensiva guerrillera y las grandes emboscadas en las principales carreteras. El 30 de abril un convoy del Programa de Alimentos para el Mundo de las Naciones Unidas fue atacado a 85 kilómetros de Lobito, una zona donde se suponía que UNITA no tenía presencia. La violencia de UNITA contra la población civil se intensificó significativamente a lo largo del año. En enero, cuando las FAA se aproximaban al pueblo de Chinguar, UNITA se embarcó en una política de asesinatos masivos, para evitar que la población residente fuera capturada por las fuerzas gubernamentales. Se informó de que habían muerto unas 140 personas, entre militares y civiles; y que UNITA había cometido ejecuciones extrajudiciales en Camaxilo (Lunda Norte), Catchiungo (Huambo) y Quimbele (Uíge).
La mutilación no ha sido una táctica generalizada en el conflicto angoleño. Sin embargo, a lo largo del año incrementaron las amputaciones de orejas y manos, las cuales, según informes, fueron llevadas a cabo por miembros de UNITA. El propósito, al parecer, habría sido de advertencia: no había que traicionar a UNITA ni intentar huir a zonas bajo control gubernamental. Así respondieron a su mayor aislamiento y a las pérdidas que habían sufrido en el campo de batalla. La tortura no era una práctica común, pero se empleaba para conseguir información, especialmente de individuos con conocimiento de los planes militares del gobierno.
UNITA mantuvo el reclutamiento forzoso de niños/as y adultos. En las emboscadas de las carreteras principales, sus soldados asesinaban y saqueaban, y también secuestraban a civiles para que trabajaran para ellos. De esta manera compensaban el hecho de que la población civil huyera siempre a su control. Aunque también se decía que la violencia y el reclutamiento forzoso constituían una represalia en respuesta a que los habitantes abandonaban los lugares, "desobedeciendo las órdenes" de UNITA. La organización también tomaba represalias contra quienes seguían cultivando los terrenos próximos a las zonas con las que se había hecho el gobierno hacía poco. Continuaba siendo común el reclutamiento de niños y niñas de hasta tan solo 10 años de edad, quienes eran secuestrados y entrenados como soldados por los rebeldes.
No había libertad de movimiento en ninguna de las zonas controladas por UNITA. Se exigía un salvoconducto incluso para desplazarse al pueblo más próximo. En la meseta central, UNITA era también responsable de los desplazamientos forzosos producidos a medida que perdía o conseguía territorio, y sus soldados continuaban saqueando y destruyendo la propiedad privada. Los objetivos más comunes de la organización eran los representantes del gobierno, las autoridades tradicionales y quienes trabajaran en labores asistenciales. El 9 de agosto, las Naciones Unidas condenaron firmemente una ofensiva armada en Catete que se cobró la vida de un trabajador de derechos humanos y de tres civiles más.
En junio, tras muchos meses de negociaciones, cinco pilotos rusos fueron puestos en libertad en la frontera de Zambia. No obstante, oficiales de UNITA declararon que un minero del diamante británico y otro sudafricano que habían desaparecido después de uno de sus ataques en noviembre de 1998 estaban muertos. El 18 de agosto, De Beers anunciaba que había suspendido su exploración del diamante en Cambulo (Lunda Norte). El anuncio se produjo después de un ataque de UNITA a otra mina de diamantes próxima a Camafuca, en el que siete trabajadores fueron secuestrados y murió un asesor de seguridad sudafricano.
En septiembre, una unidad armada de UNITA destruyó un pozo petrolero de Total/Elf/Fina próximo a Soyo, al noroeste del país. Mientras tanto, una facción del Frente para la Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC) secuestraba a tres ciudadanos de Portugal y Angola que trabajaban para una compañía constructora en la provincia de Cabinda.
Existían numerosos testimonios sobre los continuos abusos cometidos por las fuerzas del gobierno, aunque fueran menos que los relativos a UNITA. Entre las ofensivas que desarrolló el gobierno de finales de 1999 y principios del 2000 se encontró la política de tierra arrasada (prenderle fuego a pueblos enteros y asesinar a la población civil), que fue aplicada especialmente en las provincias de Cuando Cubango y Lunda Sul. Según informes, el ejército ejecutaba a los habitantes de los pueblos. En al menos un lugar de Lunda Sul, una fosa común que, según el gobierno, contenía a las víctimas de los excesos de UNITA era, con toda probabilidad, el resultado de asesinatos extrajudiciales cometidos sistemáticamente por el gobierno.
En la meseta central, aumentaron las denuncias de violaciones por parte de los soldados del gobierno. Éstos violaban a las mujeres en sus casas o mientras ellas se encontraban trabajando en el campo. Esto ocurría habitualmente en zonas próximas a los campamentos militares; y especialmente durante las batidas, los registros domiciliarios, cuando al llegar a una zona le ordenaban a sus habitantes que les dieran comida y otros artículos y les obligaban a transportar aquellos bienes saqueados. Las personas que se negaban a hacerlo eran golpeadas y en ocasiones violadas. Estos registros y operaciones criminales eran especialmente frecuentes en zonas que acababan de ser ocupadas o re-- ocupadas por las fuerzas del gobierno, como gran parte de las provincias de Bié, Huambo y Uíge. Las Naciones Unidas informaron de que en junio algunos elementos del ejército y de la policía local habían sido acusados por ONG locales de cometer violaciones de los derechos humanos, como asesinar a supuestos simpatizantes de UNITA en las provincias de Lunda Norte, Lunda Sul, Malanje y Moxico.
Aunque la compra de armas por parte del gobierno decreció significativamente, se produjo otra oleada de entrada de armas en el país, lo que intensificó un conflicto ya renovado y las consecuentes violaciones de derechos humanos y de las reglas de la guerra. Al parecer, Ucrania, Rusia e Israel continuaban siendo la fuente preferida de abastecimiento del gobierno. En mayo, las Industrias Aéreas de Israel confirmaron que desde 1997 habían exportando armas a Angola por valor de $86.5 millones, entre éstas, 27 aviones. A principios del 2000, la República Eslovaca entregaba una flota de aviones militares comprados mediante un préstamo avalado por el petróleo. A mediados de septiembre, llegaban al Puerto de Luanda cargamentos de armas de Ucrania.
Las Naciones Unidas mantenían una serie de embargos contra UNITA. En marzo, el Comité de Sanciones sobre Angola del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sacó un informe de 54 páginas sobre cómo conseguía UNITA eludir las sanciones. Fue elaborado por un panel de 10 especialistas independientes, quienes en mayo de 1999 recibieron el mandato de investigar aquellos casos. El informe incluía información nueva y detallada, como que el presidente de Togo y el presidente Blaise Compaore de Burkina Faso eran una importante fuente de apoyo para UNITA. Asimismo, se documentaba que Ruanda era un importante enclave para el tráfico de armas y de diamantes con UNITA, que el gobierno del país tenía pleno conocimiento de aquello y que incluso proporcionaba protección. Libreville (Gabón) aparece como un importante punto donde repostaban las avionetas que infringían las sanciones tras visitar las zonas de UNITA. Se averiguó que la mayor parte de las armas importadas por UNITA procedían de Bulgaria y que eran costeadas en gran medida por el tráfico ilegal de diamantes. Además, al parecer, UNITA ha demostrado tener una aversión general hacia los bancos y los canales habituales de la banca, aunque sus líderes hayan podido emplear en algún momento tarjetas de crédito. Como ya se ha mencionado, el Comité de Sanciones averiguó que el transporte aéreo ha sido la salvación de UNITA.
Tanto los soldados del gobierno angoleño como los rebeldes continuaron utilizando minas antipersonas. El número de víctimas de las minas ascendió bruscamente en 1999 (de 103 en 1998 a 185 en 1999, únicamente en Luena). Existía información preocupante relativa a que personas angoleñas entrenadas por organizaciones humanitarias para quitar minas habían sido contratadas para plantar nuevas minas.
En Luanda y a lo largo de la costa, las zonas bajo el control del gobierno, hubo mayor tolerancia ante los debates de los derechos, y una ligera mejora en la observancia de los derechos humanos por parte de la policía. Por contra, los periodistas independientes eran sometidos a una campaña de acoso.
A lo largo de todo el año, los medios de comunicación privados concentraron sus esfuerzos para informar a la población angoleña de los asuntos públicos, criticar la mala administración y la corrupción, y dar voz a diferentes opiniones. El gobierno respondió a esto empleando poderes legales, y también yendo más allá de estos poderes, con objeto de estrangular la libertad de expresión. En julio el gobierno introdujo un proyecto de ley sobre medios de comunicación que proponía duras condenas por difamación.
A partir de noviembre de 1999, al menos seis periodistas fueron hallados culpables de libelo o difamación por funcionarios del Estado. Se enfrentaban a posibles penas de cárcel. Al escribir esto, todos se encontraban a la espera de los resultados de sus apelaciones. Como en años anteriores, las diligencias previas y los juicios no respetaron los requerimientos del derecho internacional de los derechos humanos. El 10 de diciembre, el jefe del Departamento de Crímenes Selectivos del Departamento Nacional para la Investigación Criminal (DNIC) le ordenó a los directores de Folha 8 y de los periódicos semanales privados
Agora y Actual que suspendieran la publicación de determinadas historias. Éstas se basaban en un informe elaborado por la organización británica Global Witness [Testigo Global] en el que se exponía que el gobierno había utilizado su riqueza petrolífera de manera corrupta.
Folha 8 y Actual suprimieron el texto del artículo, dejando páginas en blanco, y Agora publicó un artículo aprobado por el DNIC, en el que se le prohibía además mencionar la acción policial. A su vez, los medios de comunicación controlados por el gobierno publicaron una refutación detallada del informe de la organización.
El Tribunal Provincial de Luanda halló culpables a los periodistas Rafael Marques y Aguiar Dos Santos de difamación del presidente Dos Santos el 31 de marzo. Se les condenó a seis y tres meses de cárcel, respectivamente, además de a pagar una cuantiosa multa. Los dos consiguieron la libertad bajo fianza y han apelado.
Los periodistas fuera de Luanda sufrieron más. Isaias Soares de Malanje y Andre Mussamo e Isidoro Natalicio de la provincia de Cuanza Norte sufrieron acoso. Mussamo fue detenido en N'dalatando el 2 de diciembre, le tuvieron incomunicado dos semanas y detenido tres meses más. Se le llevó a juicio el 28 de mayo por obtener "secretos de Estado" y revelarlos. Fue absuelto el 2 de junio.
El 18 de febrero del 2000, el opositor Partido Angoleño para el Progreso y el Apoyo Democrático (PAPAD) protagonizó protestas contra una subida del 1.600 por ciento en el precio del petróleo. El presidente y el secretario general del PAPAD fueron detenidos y acusados de no haber obtenido permiso para manifestarse, aunque según la ley angoleña esto no es un requisito para la celebración de reuniones pacíficas. A pesar de las detenciones, los manifestantes protestaron ante el edificio del Gobierno Provincial de Luanda el 23 de febrero y fueron dispersados por la policía, que usó la violencia contra algunos de ellos. Policías armados con rifles rodearon una segunda manifestación el 24 de febrero, y detuvieron a 10 personas, entre ellas, los líderes de dos partidos de oposición. Muchos de los manifestantes fueron golpeados, tres de ellos gravemente. El 25 de febrero, la policía se disculpó por las detenciones. El 11 de marzo se celebró otra manifestación contra el precio del crudo y los ataques de las autoridades a la libertad de expresión y de reunión. Esta vez no hubo violencia ni detenciones.
El 29 de marzo, la Conferencia Episcopal de los Obispos Católicos de Angola y São Tomé y Príncipe publicó una carta pastoral pidiéndole al gobierno que no descartara el diálogo y que concediera una amnistía general para facilitar la reconciliación nacional. Además, los obispos hacían un llamamiento para que se respetaran más los derechos humanos. Desde entonces, los líderes eclesiásticos angoleños siguen buscando la negociación de la paz. En junio organizaron una marcha por la paz que culminó con un servicio ecuménico al aire libre en Luanda, en el que participaron otros miembros de la sociedad civil y de los partidos políticos, salvo el partido gobernante y los representantes del gobierno.
La posición de las iglesias en esta cuestión tuvo el resultado de que el gobierno variara ligeramente su postura en las negociaciones. El 19 de junio, el presidente Dos Santos reafirmó la validez del Protocolo de Lusaka e indicó que el líder de UNITA, Jonas Savimbi, y quienes le apoyaban podrían ser "perdonados" si deponían las armas.
Copyright 2001 Human Rights Watch.
Traducción del inglés al español: Mayo 2001, Michelle, Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG), para la publicaciónAngola, desde que alcanzó su independencia en 1975, se encuentra sumida en una guerra civil que no podrá terminar mientras las partes contendientes dispongan de dinero para seguir comprando armas. Peter Kreysler y Elise Fried relatan en este artículo de dónde procede este dinero y en qué condiciones vive actualmente el pueblo de Angola. Desde el puerto de Luanda se extienden suaves colinas que llegan hasta el Océano Atlático, que lanza reflejos azules en la distancia. La brisa fresca del océano es lo único que permite respirar en la multitud de olores que reinan en el mayor mercado negro de África. El mercado debe su nombre, "Roque Santeiro", a una telenovela brasileña del mismo título que se emitió con gran éxito en la televisión angoleña en la misma época en que apareció, de modo clandestino, este mercado. Actualmente acuden a él más de 300.000 personas cada día para realizar sus negocios.
Uno de los efectos de la globalización de signo africano es que hoy se puede comprar prácticamente cualquier cosa en este mercado, siempre y cuando se disponga de los dólares necesarios para pagarlo: no sólo artículos de uso cotidiano, como neveras o remedios milagrosos, sino también mujeres, niños, drogas, medicinas, aviones rusos de combate o sicarios. Las propias autoridades sanitarias angoleñas venden y adquieren aquí los medicamentos para sus hospitales. Evidentemente también se encuentran aquí diamantes en bruto, procedentes de Luena Norte, una región septentrional de Angola en la que se ha atrincherado el movimiento de resistencia UNITA.
Nosotros llegamos a Angola tras la pista del comercio de diamantes, el cual, junto con el petróleo, representa seguramente la mayor fuente de financiación de la interminable guerra civil. Por los recursos que atesora en su suelo, Angola es el cuarto país más rico del mundo. En un futuro próximo podría llegar a ser el mayor productor de petróleo de África. Sin embargo, a pesar de esta riqueza, Angola se encuentra inmersa en una de las guerras civiles más sangrientas del continente africano y en la que más de 500.000 personas han perdido ya la vida. Por si ello no bastara, este país asolado por su propia guerra civil participa también en los conflictos bélicos de su vecino del norte, la República Democrática del Congo. Y --qué casualidadresulta que también ahí se lucha por el poder sobre la explotación de los abundantes recursos minerales. Las contradicciones entre el potencial y la realidad no podrían ser mayores en este vital país. Incluso los propios angoleños ya han desistido de analizar las causas y las estructuras que provocan el eterno fracaso de sus intentos de desarrollo productivo: hablan simplemente de "la situación" y cuando la situación se vuelve todavía peor suelen hablar --sin perder nunca la impasibilidadde "la confusión".
Cuando el Consejo de Seguridad de la ONU decidió una vez más poner orden en esta confusión, echó la culpa a UNITA e impuso un embargo sobre el comercio de diamantes procedentes de este grupo de resistencia. Se calcula que UNITA ha ingresado, en sólo los últimos cuatro años, unos 3.700 millones de dólares en sus arcas bélicas a partir del comercio de diamantes. El gobierno angoleño opone a esto todos sus ingresos procedentes del petróleo. En un informe de la ONU se expone claramente que numerosos comerciantes internacionales de armas y diamantes se encuentran implicados en este negocio, así como empresas multinacionales de materias primas. También la multinacional petrolera francesa Elf Aquitaine, de propiedad semiestatal, ha vuelto a aparecer recientemente en los titulares de prensa en relación con los escándalos de corrupción en los que también se encontraba implicado el presidente angoleño José Eduardo Santos. Por ello no se sorprende nadie de que Angola sea actualmente el mayor importador de armas de África.
Victor Vunge, un periodista independiente provisto del valor y los contactos necesarios para poder correr ciertos riesgos, me acompaña al mercado Roque Santeiro a la búsqueda de los "senegaleses", quienes controlan allí el comercio de diamantes. A mi lado gruñe lastimeramente un cerdo que acaba de ser vendido. Su presencia sólo se detecta por sus gruñidos y por el hocico que sobresale de un saco de maíz. Mientras su nuevo propietario se aleja con el escuálido cerdo sobre una carretilla, emerge de las sombras un hombre que se acerca a mí y me habla en francés. Tras algunas explicaciones entiende lo que buscamos y nos da una dirección en los suburbios de Luanda. Ahí se encuentran la mayoría de los "establecimientos" de los africanos occidentales. Mientras tanto, cada vez más ojos fijan su mirada en mí. Es hora de irse, antes de que me encuentre en serios aprietos.
A pesar de que los suburbios se extienden alrededor de Luanda de un modo inabarcable, conseguimos dar con nuestro nuevo interlocutor, un hombre llamado Santiago Domulango. Santiago tiene amigos que se sumergen en busca de diamantes en los ríos de Lunda Norte. "No tenemos más que un bote hinchable con un compresor muy sencillo. El buceador se coloca una manguera en la boca e intenta recoger tantas piedras como puede con un tamiz, que un tercer hombre iza y vuelve a sumergir desde la superficie. Nuestra recolecta del fondo del río es la mejor y eso provoca que a menudo haya forcejeos bajo el agua. A veces el agua se tiñe de rojo", cuenta con sobriedad.
"La recolecta se reparte y los buceadores se quedan la mayor parte. Entonces vendemos las piedras a los intermediarios. Muchas veces son también los propietarios de las licencias de derechos de excavación que expiden los alcaldes de los pueblos. Pero cuando se corre la voz de que en un trecho del río la recolecta es especialmente buena también se enteran los militares. Entonces vienen con un gran despliegue de hombres y llevan a cabo una breve acción militar, con la que expulsan rápidamente de allí a los carimpierus, que así se llaman los excavadores, para explotar ellos mismos ese trecho del río. Es normal que se produzcan muertos durante estas acciones, y los supervivientes se van a probar suerte en otras zonas. A menudo, los carimpierus tienen que excavar hoyos profundos en los lechos de los ríos secos para arrancar las piedras del duro suelo. Las sencillas construcciones que levantan para apuntalar las excavaciones a menudo se derrumban, sobre todo en la estación de lluvias en que el suelo está más blando. Como los posibles beneficios son muy grandes, la gente corre una y otra vez este riesgo y a menudo lo paga con la vida." Santiago se apresura a asegurar entonces que él se propone abandonar el comercio ilegal de diamantes y "la confusión".
Entramos en la delegación angoleña de la empresa De Beers. Una multitud de personas se apresuran por los oscuros corredores y dejan pisadas de barro rojo sobre el reluciente suelo de mármol blanco. A comienzos de semana parece que todos tengan una prisa especial por llegar a sus oficinas, lo cual supone subir muchas escaleras. El alto edificio no posee un solo ascensor que funcione y sólo una de cada dos oficinas se encuentra en un estado funcional. Una de las paredes del tercer piso exhibe un gran agujero. En el sexto piso, una mujer, de rodillas y tarareando por lo bajo, intenta eliminar pacientemente con un trapo blanco las pisadas rojizas que dejan los empleados.
A partir de la décima planta se abre otro mundo. Aquí tiene su sede la multinacional De Beers. De repente nos vemos rodeados por recias y acorazadas puertas de acero, timbres de teléfonos y la mirada inerte de las omnipresentes cámaras de seguridad. En las salas hay mesas vacías y limpias que antiguamente habían servido para clasificar por calidades los diamantes en bruto. Pero De Beers dejó de comprar diamantes en Angola hace tiempo. Los puestos de trabajo están abandonados. Esta planta de oficinas se podría encontrar en cualquier lugar del mundo.
Anne Pereira, la portavoz de prensa de De Beers, nos recibe con amabilidad. Hasta al cabo de un rato no me doy cuenta de que le falta una pierna. Anne Pereira es una de las muchas víctimas de las minas terrestres. Cada día tiene que ascender los lisos escalones de mármol de doce plantas para llegar a su despacho.
La gente lucha cada día por su lugar en el mundo. Abajo, en la calle, una mujer carga en la espalda a sus hijos envueltos en hatillos a la vez que hace equilibrios con dos grandes cubos de agua de dudosa calidad. Va ascendiendo por una empinada calle horadada por profundos baches. La mujer intenta sortearlos sin que la atropelle alguno de los coches que se desvían de pronto de su camino. Estas personas están dotadas de una energía como nunca habíamos visto en la vida. A su alrededor ruge una guerra que le ha costado a cada familia angoleña al menos una víctima mortal o un mutilado. Y tan sólo subir una colina o los doce pisos de un edificio de oficinas para ir al trabajo exige toda su concentración y esfuerzo. Tal vez éste sea el motivo de que estas personas no parezcan trastornadas; seguramente la guerra, después de todos estos años, se ha vuelto algo normal para ellas. Esta demencia cotidiana es para los angoleños la normalidad o, como dicen ellos, "la situación".
Victor nos lleva esa misma tarde a conocer al periodista Rafael Marques, una de las personalidades más carismáticas de Angola. Nos encontramos con Marques en su casa, justo al lado de los asentamientos de diversas organizaciones de cooperación internacional. Esta cercanía le ofrece una cierta protección contra los habituales asaltos nocturnos. Marques nos saluda con la noticia de que acaba de ser condenado a seis meses de prisión a causa de su trabajo. Seis meses de prisión: eso puede resultar mortal en Angola. Por ello le pregunto si hablar con nosotros no puede traerle más problemas. "Ya tengo ahora grandes problemas, como todo este país, ya no puede venir nada peor", responde él con una sonrisa amistosa.
"Para Angola sólo existe de momento la elección entre dos demonios. Uno se llama José Eduardo dos Santos, el presidente del Estado, y el otro, Jonas Savimbi, el jefe de los rebeldes. Del mismo modo que UNITA se enriquece con los diamantes ilegales, también los generales del gobierno del MPLA tienen sus propias minas. Ambas partes se aprovechan del caos generado por el vacío de poder. El gobierno dilapida la riqueza del país vendiendo las concesiones petrolíferas de las costas angoleñas a las petroleras internacionales. Nadie sabe lo que obtienen por ellas. No existe ningún tipo de transparencia en el negocio. Lo más probable es que el dinero vaya a parar a los bolsillos de los políticos o que se utilice para comprar armas que permitan mantener la aventura militar en el Congo."
Marques cuenta son indignación que "el gobierno ha derrochado durante el último año más de 250 millones sólo en automóviles de lujo. Eso supone más de lo que gastan en sanidad o alimentación. Estos coches de lujo se utilizan para sobornar a los parlamentarios, también a los de la oposición. El pueblo llama despectivamente al parlamento, frente al cual se aglomeran, en el barro de las calles, los cochazos de fabricación alemana, el Audi-Torium."
Marques cree a pesar de todo en la gente de Angola y está convencido que pronto habrán llegado al colmo de su paciencia con los tiranos. Sin embargo, ve también la intricada mezcla de intereses: "Las multinacionales como Chevron o Elf Aquitaine hacen sus mejores negocios en tiempos de guerra. Y a la ONU no le interesa ensuciarse las manos aquí. Cree que con su actual embargo al negocio de diamantes ilegales ha adoptado una postura política limpia. Pero Angola está tan sucia y fangosa como nuestras calles. No queda otro remedio que ensuciarse las manos si queremos sacar al país del lodo en que se encuentra metido. Pero quizás haya que hacer caer a uno de los demonios antes de que el otro también pueda ser vencido", concluye pensativo.
Al día siguiente nos encontramos con Jonathan en Luena. Su padre era todavía propietario de una plantación de café. Ya al principio de la guerra civil se desmoronó el negocio del café en Angola, en ese entonces el tercer mayor productor del mundo. El padre de Jonathan tuvo suerte porque en su propiedad se encontraron diamantes. Pero fue el hijo, auténtico negociante de la joven generación, el que empezó a extraerlos. Jonathan aprendió rápido que no tenía mucho sentido vender los diamantes directamente a los comerciantes o compradores de la empresa estatal ENDIAMA. Acompañamos a Jonathan con un puñado de diamantes a visitar a los comerciantes de África occidental. Justo al lado de la valla del aeropuerto de Luanda empiezan las chabolas de barro de los suburbios. Aquí conviven refugiados de todos los rincones del país con los comerciantes que hacen sus negocios a la sombra de la corrupción dominante.
A lo lejos se puede oír el zumbido de los pesados aviones rusos de mercancías que suministran los productos de primera necesidad al interior del país. El Programa Mundial para la Alimentación (WFP) debe abastecer diariamente, por medio de un puente aéreo, a un millón y medio de personas en un país que, de no ser por la guerra, sería extremadamente fértil. Desde que empezó la guerra hace varias décadas, el país está sembrado de minas y sólo un cuarto del suelo se puede utilizar todavía para la agricultura. Esto supone también una tragedia, pues Angola era aún en los años cincuenta el granero de África.
Jonathan y dos comerciantes se han retirado a un cuarto trasero. Durante las largas negociaciones secretas, los "senegaleses" nos ofrecen té con menta, siguiendo la tradición de África Occidental. Los demás conversan en sus lenguas autóctonas. Nadie sabe a ciencia cierta con qué se está negociando aquí. Tras otra media hora vuelven a aparecer Jonathan y los comerciantes con una expresión de evidente satisfacción. La mercancía de Jonathan es muy codiciada en el mercado mundial debido a su especial calidad, sobre todo desde que De Beers, el gigante del comercio de diamantes que controla el negocio en todo el mundo desde siempre, tuvo que doblegarse a la directiva de la ONU de vender solamente "diamantes libres de conflicto".
Sin embargo, la calidad de estos diamantes, extraídos con gran esfuerzo de las minas, es considerablemente inferior a la de los diamantes aluviales que se encuentran en los lechos fluviales y que se explotan ilegalmente debido al relativo poco trabajo que suponen. Tom Tweedy, portavoz de la empresa De Beers, ya nos había confirmado en Johannesburg que los diamantes angoleños del tipo aluvial son de una rara pureza y, por ello, muy codiciados en el mercado de diamantes de Amberes.
"Mientras que el gobierno angoleño tiene que enviar inmensos tanques de petróleo a las naciones industrializadas para financiar su guerra, UNITA puede transportar su valiosa mercancía en pequeñas bolsas. El valor condensado de estas raras piedras sólo se puede comparar al del plutonio. Y a veces tengo la impresión de que provocan la desdicha en iguales proporciones", comenta Tweedy en un sorprendente acto de autocrítica. Pero ya en la siguiente idea vuelve a la cuestión de los beneficios: "A pesar de que los diamantes de río sólo representan un pequeño porcentaje de la mercancía, pueden afectar también al negocio por entero".
Otros representantes de la industria se preguntan asimismo si el embargo sirve para algo. En un informe de la ONU de reciente aparición se calcula que, tan sólo en el segundo año del embargo, UNITA se ha embolsado 250 millones de dólares por piedras ilegales. La ONU debería reconocer que imponer un embargo sobre una mercancía tan difícil de controlar como las piedras preciosas es quizás una estrategia equivocada, ya que, al fin y al cabo, los diamantes representan sólo una parte de toda una variedad de valiosos recursos minerales.
A Ninchendo, portavoz del consejo de administración de DEBSWANA, la mayor mina de diamantes del mundo en la pacífica y democrática Botswana, le preocupa que un boicot contra la compra de los denominados "diamantes sangrientos" no sólo afecte a las regiones conflictivas de África como Sierra Leona, Angola y Congo, sino que también acarree graves consecuencias económicas a las jóvenes democracias meridionales de África como Botswana, Namibia y Sudáfrica.
Como muchos políticos africanos, Ninchendo también insiste en otro medio más eficaz contra los interminables conflictos en torno a las materias primas del continente. "Si se quiere acabar con las guerras en África se tendrá que imponer un embargo contra las armas. Pero esto afectaría notablemente a las naciones industrializadas del norte en las que se fabrican las armas y donde ningún político quiere poner en peligro los puestos de trabajo".
Eli Haas, presidente del Club de Comerciantes de Diamantes de Nueva York expone, desde el punto de vista de los comerciantes, dónde radica el problema del control de las gemas: "El punto de intersección lo constituyen los comerciantes. Ellos adquieren las piedras sin tallar en África, se las suministran a los talladores de Amberes y las venden después, ya talladas, a través de la Bolsa de diamantes a los usuarios últimos, los joyeros. Si llegamos a controlar este punto de intersección podremos controlar el mercado. Pues una vez la piedra ha sido tallada es imposible conocer la procedencia de la gema, ha perdido su marca de origen. Intentaremos controlar este punto de intersección. Sin embrago, a partir de este informe que acaba de publicar la ONU tenemos que partir de la base de que UNITA está montada sobre una montaña de valiosas piedras y esto supone una tentación muy grande para las ovejas negras de nuestro sector que desean ganar dinero rápidamente."
Justo antes de subir al avión tenemos ocasión de vivir otra más de las contradicciones de este país. Con un celo y un empeño que resultan casi embarazosos, los aduaneros se aseguran de que no saquemos del país un billete de 50 millones de quansa, la moneda nacional. Su valor no sobrepasa los 30 centavos de dólar. En cambio, nadie se ocupa de revisar nuestro equipaje. Cada uno le podría haber comprado un diamante en bruto de 50 quilates al humilde maestro de suburbio que con tanta cautela y simpatía nos los había ofrecido, y lo podríamos haber colado a través del control del aeropuerto. En este desgarrado y maltratado país, en el que la gente lucha desde hace décadas por su supervivencia, los principales sistemas de control tienen tantos agujeros como un colador, especialmente cuando se trata de estas pequeñas y refulgentes piedras.
Traducción al castellano: Matias MuletDesde los comienzos de 1999 el Gobierno de Angola ha utilizado el resurgimiento de una larga guerra civil de 25 años como pretexto para castigar severamente a quienes disienten por medios pacíficos. Más de 20 periodistas, sobre todo de los medios independientes, han sido detenidos y/o interrogados a propósito de supuestas deformaciones y/o crímenes contra la seguridad del Estado. Entre las instancias de abuso más sobresalientes, están las que se mencionan a continuación:
6 de julio de 1998
Poco tiempo después de haber conseguido la independencia de Portugal en 1975, se desató un conflicto armado entre el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA). La guerra civil duró casi 20 años, en los que el MPLA controlaba la mayoría del país y la UNITA desarrollaba una guerra de guerrillas contra las fuerzas gubernamentales. La guerra tocó a su fin el 1 de mayo de 1991 gracias a los acuerdos de paz de Bicesse, que desembocaron en las elecciones presidenciales de 1992. Tras la celebración de los comicios, la UNITA retiró sus tropas de las fuerzas armadas angoleñas y se desató un nuevo conflicto armado que duró hasta los acuerdos de paz de Lusaka de noviembre de 1994.
En el artículo 152 de la Constitución de 1992 se hace referencia a la conscripción en los siguientes términos: "1. La defensa del país es un derecho y el deber principal e irrenunciable de todos los ciudadanos. 2. El servicio militar es obligatorio. La ley establecerá la forma de cumplirlo." Antes de mayo de 1991, fecha en la que se abandonó como parte del proceso de paz de Bicesse, la conscripción estaba regulada mediante la ley 12/82 ( Lei General do Servicio Militar). La conscripción se reintrodujo en 1993 y la ley del servicio militar de 1982 fue reemplazada por la ley 1/93 el 26 de marzo de 1993. [17] [16] [9]
Según la ley 1/93, sólo se puede reclutar a hombres de entre 20 y 45 años. [17] [9]Otra fuente indica que también se puede llamar a filas a mujeres de entre 20 y 45 años, pero en la realidad no se las alista. [16] Los mayores de 30 años sólo sirven en la Fuerza de Reserva. [6] El servicio militar dura 3 años; 4 años para los rangos más altos, y en ocasiones este periodo puede alargarse. [1] El servicio militar es de 2 años en infantería y 3 años en la marina y fuerzas aéreas. [9] En principio es posible prestar el servicio sin armas. [8]
No hay información disponible al respecto
Según decreto 29/97 del Ministerio de Defensa, el reclutamiento y la incorporación a las fuerzas armadas puede realizarse cinco veces al año, dos veces para soldados y tres para oficiales. El Consejo de Ministros (art. 4) se encarga de determinar el número de hombres que deben incorporarse cada año. [19] Marzo y septiembre son los meses de reclutamiento militar. [7] En junio de 1993 se intensificó el programa de conscripción para reclutar 10.000 jóvenes, pero tres meses más tarde sólo se habían incorporado a filas el 40 % de esa cifra. En las zonas controladas por el gobierno, los reclutas potenciales se mostraban claramente reticentes a incorporarse a las fuerzas armadas. [9]
El rusgas, actos de presión a los jóvenes para que se incorporen a las fuerzas armadas, era práctica habitual antes del acuerdo de paz del 1 de mayo de 1991. Cuando se reintrodujo la conscripción en 1993, las campañas de reclutamiento forzado continuaron. Varios informes de 1994 indican que estas campañas consistían en actos de presión contra chicos jóvenes para que se incorporaran a filas. [10] [16] También hay informes en los que se indica que a pesar de que el gobierno ha cesado de peinar el centro de Luanda en busca de reclutas, el reclutamiento se sigue realizando en algunos suburbios y es práctica común en el campo. A menudo se reclutan menores a la fuerza. También se informa de que los comandantes de las fuerzas armadas pagan a agentes de la policía por buscar nuevos reclutas, que sólo pueden escapar de la incorporación a filas pagando un precio mayor. [18] A pesar de que la edad de conscripción es de 20 años, hay informes de niños de 14 a los que se ha alistado a la fuerza. [5] [18]
No existen disposiciones legales para la objeción de conciencia ni para prestación sustitutoria. [1] [12] La constitución no menciona ninguna alternativa al servicio militar. Aquellas personas que no quieran prestar el servicio militar por algún motivo deben dirigirse al Ministerio de Defensa para la exención. [4]Fuentes oficiales de Angola indican que existe la posibilidad de prestar un servicio sustitutorio.
Según el gobierno angoleño de 1994: "no hay ningún problema con la objeción de conciencia al servicio militar en Angola. Aquellos que rechazan llevar armas se les pide que sirvan en el ámbito administrativo. [8] De acuerdo con el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas angoleñas: "el artículo 10 de la Ley del Servicio Militar de 1993 establece que los objetores de conciencia, incluidos los testigos de Jehová, no pueden ser obligados a prestar el servicio militar ordinario, pero que durante el periodo de duración del servicio militar obligatorio deben realizar servicios a la comunidad. Estos servicios se realizan en calidad de civil y con un régimen civil en hospitales, compañías de construcción civil e instituciones de ayuda y asistencia públicas a las víctimas de catástrofes y desastres naturales. Para poder regular mejor el servicio comunitario realizado por los objetores de conciencia, el Consejo de Ministros está debatiendo la ley de objeción de conciencia considerando los principios ya establecidos en la legislación citada anteriormente. Hoy en día, ya no se lleva a los objetores de conciencia al ejército de Angola ante los tribunales porque la ley actual no lo permite; realizan un servicio comunitario auxiliar consentido. No existe ningún tipo de represión legal o ilegal, como podrá confirmar la dirección oficialmente reconocida de la Iglesia de los Testigos de Jehová de Angola." [7] No obstante, de acuerdo con Watch Tower, en ocasiones se encarcela a testigos de Jehová. [21] A su vez, la sección británica de Amnistía Internacional también constató en 1994 que no existen disposiciones para objetores de conciencia ni ningún servicio militar alternativo al servicio militar. A aquellos que se oponen a la conscripción se les castiga enviándolos a las zonas bélicas más peligrosas sin formación militar alguna. [14]
Sanciones La evasión de la conscripción y la deserción son punibles de acuerdo con el código penal militar del 28 de enero de 1994 ( Lei dos Crimes Militares No. 4/94). La no prestación del servicio militar puede acarrear penas de 3 días a 2 años de cárcel, tras este periodo se puede emitir una nueva llamada a filas. (art. 29). [13] La deserción en tiempos de paz conlleva penas que van de los 2 a los 8 años de prisión. [13] [16] [7] En tiempos de guerra o durante operaciones militares, el castigo puede ir de los 8 a los 12 años de reclusión. [13] [16] Amnistía Se han aprobado varias leyes de amnistía. El 12 de julio de 1991 se dio la amnistía a todos los evasores de la conscripción, objetores de conciencia y desertores de antes de la firma del tratado de paz del 1 de mayo de 1991. [3] De forma similar, tras la firma del protocolo de Lusaka, la ley de amnistía de 1994 amparó a evasores de la conscripción y a desertores del periodo entre el 1 de octubre de 1992 y el 20 de noviembre de 1994. [17]
Se desconoce si las amnistías se aplicaron en la práctica. Según las Fuerzas Armadas Angoleñas, en la práctica las sentencias de prisión para desertores no superan los 4 años. Una vez cumplida la mitad de la pena los prisioneros disfrutaban de libertad condicional. [7] Un investigador de Human Rights Watch afirmaba que esto era pura "teoría", y que el tratamiento variaba en casos individuales, dependiendo por ejemplo de la zona o del correspondiente responsable militar. Hubo deserciones masivas y las prisiones ya estaban desbordadas. En la práctica los desertores eran a menudo apaleados y se les volvía a alistar. [11] Durante el conflicto armado, la evasión de la conscripción y la deserción eran a menudo castigadas enviando al recluta al frente. [2]
A pesar del acuerdo de paz de 1994, la UNITA sigue reclutando nuevos soldados. El reclutamiento forzado (chicos y chicas) está ampliamente extendido, especialmente en las zonas controladas por la UNITA, las provincias del norte de Zaire y Uige. En 1995 se denunció el reclutamiento a la fuerza de un niño de 11 años en las tropas de la UNITA. Se les recluta para tareas de combate o como porteadores. Estos últimos suelen ser mujeres que llevan armas y munición a las tropas de la UNITA. [18] La UNITA no permite a los civiles abandonar libremente las zonas bajo su control. [18] Se ha denunciado que el servicio en las fuerzas de la UNITA es indefinido y que los desertores han sido apaleados y se les ha vuelto a alistar. [11] No hay información disponible sobre las prácticas de reclutamiento de las facciones del Frente de Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC). El FLEC es responsable de ataques terroristas. [15]
Las fuerzas armadas de Angola cuentan con 110.500 soldados, casi un uno por ciento de la población. Un ejército unificado nacional de 90.000 soldados tiene previsto incluir 18.500 soldados de UNITA, pero en mayo de 1997 sólo se habían integrado en las fuerzas armadas nacionales 10.600 soldados de UNITA. 24.000 soldados más 35.000 adicionales de la UNITA esperan a ser desmovilizados. [20] Se calcula que las tropas del FLEC incluían 500 combatientes en 1991. [15] Cada año aproximadamente 105.000 hombres alcanzan la edad de conscripción (20). [20]
[1] Amnistía Internacional 1991. Conscientious objection to military service. AI, Londres, UK. [2] Amnistía Internacional 1991. Angola: Human Rights Guarantees in the Revised Constitution. AI, Londres, UK (AFR 12/04/91). [3] Ministerio de AA.EE. de Los Países Bajos 1991. Ambtsbericht Angola, 29 noviembre 1991. La Haya, Los Países Bajos. [4] IRBDC 1992. Telephone Interview with Mission of Angola to the USA representative, Nueva York, 20 mayo 1992. [5] Woods, D.E. 1993. Child Soldiers, the recruitment of children into the armed forces and their participation in hostilities. Quaker Peace and Service, Londres, UK. [6] Sección Alemana de Amnistía Internacional 1993. Lagebericht Angola, 31 de agosto 1993. [7] Letter from the Office of the Chief of the General Staff of the Angolan Armed Forces to the British Embassy in Luanda, 24 noviembre 1993. [8] Comisión de los Derechos Humanos de la ONU 1994. Report of the Secretary-- General prepared pursuant to Commission resolution 1993/84 (and Addendum). Naciones Unidas, Ginebra. [9] Centro de documentación del ACNUR 1994. Angola -- background information on conscription. ACNUR, Ginebra. AGO3, 5 April 1994. [10] Centro de documentación del ACNUR 1994. Angola -- are ´rusgas' still going on? ACNUR, Ginebra. AGO2, 5 April 1994. [11] Centro de documentación del ACNUR 1994. Angola -- Information on punishment for deserters. ACNUR, Ginebra. AGO6, 12 agosto 1994. [12] Ministerio de AA.EE. de Los Países Bajos 1994. Ambtsbericht Angola, 7 noviembre 1994. La Haya, Los Países Bajos. [13] Sección alemana de Amnistía Internacional 1994. Letter to Verwaltungsgericht Göttingen, AFR 12-- 94.550. [14] Centro de documentación del ACNUR 1994. Angola -- information regarding provisions for conscientious objection. ACNUR, Ginebra. AGO11, 16 diciembre 1994. [15] DIRB, 1995 DIRB, 15 noviembre 1995. [16] Oficina Federal para los Refugiados de Suiza 1996. Country Information Sheet Angola. [17] Ministerio de AA.EE. de Los Países Bajos 1996. Ambtsbericht Angola, 25 abril 1996. La Haya, Los Países Bajos. [18] Human Rights Watch/África 1996. Angola, Between War and Peace: Arms Trade and Human Rights Abuses since the Lusaka Protocol. Human Rights Watch/Africa, New York. [19] Diário da República, Serie I, No. 29, 20 June 1997. Ministerio Angoleño de la Defensa Nacional -- Executive Decree No. 29/97. [20] Institute for Strategic Studies 1997. Military Balance 1997/98. ISS, Londres, UK. [21] Watch Tower 1998. Letter to Glazer Delmar Solicitors, 27 de enero 1998. Londres, UK.
Bart Horeman/Marc Stolwijk: Refusing to bear arms. A world survey of conscription and conscientious objection to military service. War Resisters' International, 1998No ha firmado la Carta Africana sobre los Derechos y el Bienestar de los Niños Población: 11.569.000 Menores de 18 años: 6.409.000 (52%) (1) Fuerzas armadas gubernamentales (2) En activo: c. 110.500; Ejército de tierra: c. 98.000; Marina: 1.500-- 2.000; Ejército del aire: 11.000; Paramilitares: 15.000; Policía de reacción rápida: 15.000
El artículo 152 de la Constitución(3) de Angola de 1992 estipula lo siguiente: "1. La defensa del país es un derecho y deber principal e irrenunciable de todos los ciudadanos. 2. El servicio militar es obligatorio. La ley establecerá la forma de cumplirlo." La conscripción se reintrodujo en 1993 y la anterior ley sobre el servicio militar(4) fue sustituida por la ley 1/93 del 26 de marzo de 1993 y su decreto de aplicación subsiguiente.(5) El servicio militar pasó a ser obligatorio para todos los hombres de entre 20 y 45 años. En el decreto de 1996, la edad mínima para el reclutamiento voluntario se fijó en los 18 años para hombres y en 20 para las mujeres.(6) En noviembre de 1998, el Consejo de Ministros aprobó la conscripción obligatoria para los ciudadanos angoleños nacidos en 1981.(7) Esto significa que la edad mínima para la conscripción se redujo de los 18 a los 17 años.
"Entre 1980 y 1988, en Angola uno de cada tres niños ha participado en operaciones militares y muchos han disparado un arma contra otro ser humano."(8) Durante el conflicto angoleño, los niños han sido reclutados y utilizados como soldados. Tras los acuerdos de paz de Lusaka en 1994 se produjo la desmovilización oficial de soldados tanto del gobierno como de las fuerzas UNITA. Se registraron un total de 8.500 niños soldado(9) (los niños componían el 12 por ciento de la tropas de UNITA estacionadas en las 15 zonas de acuertelamiento); no obstante, esta cifra no da una idea de la escala del problema, ya que muchos soldados fueron reclutados como niños pero habían cumplido 18 años en el momento del registro.(10) A finales de marzo de 1997, sólo se habían desmovilizado a 2.336 niños y más del 50 por ciento del total había desertado en las zonas de acuertelamiento.(11) "No quería enrolarme en el ejército, me obligaron", afirma Francisco, un soldado de 17 años de las fuerzas armadas de Angola, al explicar cómo unos soldados asaltaron su casa una noche hace tres años en el interior de la provincia de Bie y se lo llevaron. "Todos estos años lo único que quería era volver a casa. Ahora, por fin, voy a volver a Bie para ver a mi familia y trabajar con mi padre en su granja."(12) Según el gobierno no se recluta a nadie de menos de 18 años, pero las organizaciones no gubernamentales (ONGs) y organizaciones internacionales que trabajan en Angola afirman todo lo contrario. Por ejemplo, se ha informado de que se siguió practicando el reclutamiento forzado de jóvenes ("Rusgas") incluso después de la reintroducción de la conscripción en 1993. Este tipo de reclutamiento ya no seproduce en Luanda, pero sí en algunos de los suburbios y en el resto del país, sobre todo en zonas rurales.(13) Se ha denunciado que los jefes militares han pagado a oficiales de policía para buscar nuevos reclutas. Se ha forzado a niños de 14 años a alistarse. (14) Según una fuente confidencial, se calcula que actualmente hay más de 3.000 niños soldado en las fuerzas armadas de Angola (FAA), a pesar de que UNICEF aseguró que en 1997 había 520 niños en las FAA.
A raíz de la reducción de la edad de conscripción en noviembre de 1998, el censo militar de todos los varones angoleños nacidos entre el 1 de enero de 1979 y el 31 de diciembre de 1981 se inició en enero de 1999 tras una declaración del ministro de defensa, General Pedro Sebastião.(15) El llamamiento se hizo al día siguiente de que el Secretario General de la ONU Kofi Anan anunciara su plan de retirada de Angola de las fuerzas de paz de la Naciones Unidas. Se reunió a los varones jóvenes en una oficina cerca del aeropuerto de Luanda para proceder a su registro. Con la legislación existente, las mujeres de entre 20 y 45 años también pueden ser llamadas a filas, pero en la realidad no se las alista.(16) Se ha informado de que los angoleños ricos han enviado a sus hijos en edad militar al extranjero para evitar el servicio militar. De forma adicional, la autoridades corruptas aceptaban dinero a cambio de una exención en el alistamiento oficial, incluso a pesar de que el ministro de defensa había declarado públicamente que "la defensa de la patria es un deber del que no debe quedar exento ningún ciudadano angoleño".(17) Las agencias de noticias angoleñas han sido advertidas de forma precisa mediante una carta del ministerio de comunicaciones sociales para que no inciten a los jóvenes a oponerse al registro militar obligatorio nacional.(18) Una fuente, que ha pedido no ser nombrada, ha asegurado que se siguen haciendo redadas de adolescentes para su alistamiento. Se afirma que no hay índices de deserción muy altos de estos niños, aunque no está claro si logran volver a casa. La misma fuente señala que se recluta en un principio a niños de corta edad pero que son "rechazados" porque el jefe militar que estaría a su cargo no los quiere. Paido, un angoleño que ahora tiene 24 años, describió el modo de reclutamiento en Angola en una entrevista publicada en el New York Times a principios de 1999. "Estaba paseando con dos chicas y me llamaron. Estaba demasiado cerca y no pude salir corriendo. A pesar de que mi carné de identidad decía que era menor -- y era cierto -- , era corpulento, e insistieron en que era lo suficientemente mayor, y me llevaron con ellos a la comisaría. Estaba lleno de niños. (...)" "Me metieron en una celda con los otros niños mientras iban a buscar camiones. Cuando te cogen, te envían inmediatamente a las provincias para el entrenamiento, a un lugar lejano donde no conozcas a nadie. Yo tuve mucha suerte, un vecino vio como se me llevaban y se lo dijo a mi madre. Mi tío es policía y habló con el comisario. Cuando ya habían metido a los otros chicos en los camiones, mi tío me sacó." New York Times, 20 enero de 1999.
La guerra civil ha sido la norma desde la independencia de Portugal el 11 de noviembre de 1975. Tras un acuerdo de alto el fuego en mayo de 1991 (el acuerdo de Bicesse) entre el gobierno y la Unión Nacional Insurgente para la Independencia Total de Angola (UNITA), en octubre de 1992 se reanudó el conflicto en la mayoría de zonas rurales. El 20 de noviembre de 1994 se firmó un segundo acuerdo de cese el fuego, el protocolo de Lusaka, entre las partes en guerra. Este acuerdo de paz contribuyó a la integración de antiguos insurgentes de UNITA en las Fuerzas Armadas de Angola (FAA). La integración militar se inició en junio de 1996 y en abril de 1997 se instauró un gobierno de unidad nacional y reconciliación. Se envió una dotación de 7.200 cascos azules de la ONU (MONUA) para supervisar la aplicación del Protocolo de Lusaka. En mayo de 1997 se inició el proceso de extensión del gobierno a las zonas ocupadas por UNITA, pero continuaron los enfrentamientos entre los rebeldes de UNITA y las FAA. La situación siguió empeorando y se produjo una división dentro de las fuerzas de UNITA en agosto de 1998 y una nueva facción que se denominaba a sí misma Conciencia Democrática: Plataforma para el Renacimiento y la Comprensión Plural, que se convirtió en semipública el 2 de noviembre de 1998.(19) Los enfrentamientos de intensificaron en noviembre de 1998, cuando el gobierno lanzó una ofensiva contra UNITA, que tenía como objetivo hacerse con los cuarteles de Andulo y Bailundo.(20) Finalmente, el 17 de enero de 1998, a raíz del derribo de dos aviones fletados por la ONU en diciembre de 1998 y el continuo incremento del nivel de hostilidad en el país, el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Anan, declaró ante el Consejo de Seguridad que ya no había más paz que mantener y que las Naciones Unidas iban a concluir sus operaciones de mantenimiento de la paz. Los 1.000 militares, policías y personal civil de la ONU debían abandonar Angola el 20 de marzo de 1999. Se ha informado de que tanto Namibia como Zimbabwe han enviado tropas a Angola para apoyar a las fuerzas armadas angoleñas en su ofensiva contra los rebeldes de UNITA, a pesar de que no existen cifras precisas acerca de la magnitud de este apoyo.(21) De forma simultánea, Angola ha enviado tropas a la República Democrática del Congo para apoyar al presidente Laurent-- Désiré Kabila.(22) Recientemente, Angola acusó a Zambia y a su anterior ministro de defensa, Ben Mwila, de estar involucrados en un red de apoyo ilegal a UNITA. Mwila negó furiosamente las acusaciones y pidió una prueba de estas alegaciones.(23) El 9 de febrero, la Comunidad de Desarrollo Sudafricana (SADC) ofreció su ayuda para intentar aliviar la tensión entre los dos países. La SADC sólo estaba dispuesta a buscar una solución política y no enviaría misiones de verificación a Zambia para comprobar las alegaciones.(24)
*Unión por la Independencia Total de Angola (UNITA). Se ha afirmado que unas 10.600 tropas de las aproximadamente 18.500 de UNITA se han integrado en el ejército nacional, y que unas 24.000 tropas adicionales totalmente equipadas además de 35.000 soldados esperaban para ser desmovilizados.(26) *Tras una ruptura en el seno de UNITA en agosto de 1998, se creó una nueva facción denominada Conciencia Democrática: Plataforma para el Renacimiento y la Comprensión Plural (ver más arriba). Se informó de que aproximadamente 4.000 soldados UNITA habían desertado y habían entregado sus armas a las autoridades angoleñas. Estos hombres provienen de la facción escindida de UNITA.(27) *Frente de Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC): este grupo de oposición se dividió en muchas facciones que actualmente operan en la zona: las FLEC-- FAC (fuerzas armadas de CabindanFLEC) y FLEC Renovada. Ambas suman unos 1.500-2.000 efectivos. (28)
En 1996, UNITA comenzó la desmovilización de sus niños soldados y había devuelto 2.000 niños a la vida civil en enero de 1997.(29) Pero a pesar de la promesa de no volver a reclutar niños(30), UNITA ha continuado integrando grandes números de menores en sus filas.(31) En 1998, le Red Interafricana de Derechos Humanos y de Desarrollo (Afronet) y Human Rigths Watch denunció que UNITA secuestraba a niños y hombres y mujeres jóvenes de entre 13 y 30 años que vivían en las ciudades limítrofes de Cazombo y Lumbala Nguimbo.(32) De forma adicional, se informó previamente de que en julio y agosto de 1997 se reclutó de forma forzosa a refugiados ruandeses, entre ellos 200 jóvenes, cuando entraron en zonas de Angola bajo control de UNITA.(33) Según el Departamento de Estado de los Estados Unidos, en 1998 UNITA procedió al reclutamiento forzoso, incluidos menores, en todo el territorio nacional en liza. Los reclutas fueron trasladados a campos militares aislados y sometidos a presiones psicológicas y privaciones extremas; los que intentaban desertar eran ejecutados. Se reclutó a mujeres, muchas de tan solo 13 años, de forma forzosa para trabajar como portadoras y sirvientas en los campos, y se ha difundido una gran cantidad de informes fiables sobre violaciones.(34) Una fuente confidencial estima que el número total de niños soldados en UNITA es del orden de unos 3.000. Otras fuentes también han denunciado que el Frente para la Liberación del Enclave de Cabinda también ha reclutado niños entre sus efectivos. Se ha denunciado que las FLEC-- FAC han reclutado a niños de tan solo ocho años (35) y que el 30-- 40 por ciento de ellos son niñas.(36) Se piensa que se da la misma situación en la escisión FLEC Renovada.(37)
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"El pueblo angoleño desea un paz duradera, justicia social, un buen gobierno y el derecho a la nacionalidad, además del respeto mutuo ante las diferentes personas y culturas que forman el projecto de la Nación Angoleña. Éstos son los principios fundamentales sobre los que establecer un análisis común por parte del pueblo angoleño. En esencia, son los cimientos necesarios para una revisión profunda del concepto de la nación y para valorar la cuestión de la ciudadanía angoleña, además de una visión consensuada de Angola y de su curso hacia el futuro.
Desgraciadamente, la guerra sigue siendo un arma empleada contra el pueblo angoleño. Al tiempo, quienes detentan el poder saquean las riquezas del país, en asociación con aventureros venidos de fuera y con otros países. El petróleo, los diamantes, y los ingresos que reportan, son la principal fuente de codicia de gobernantes, oposición armada y multinacionales del petróleo, concretamente. Todo bajo la mirada complaciente de países como Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Brasil, Rusia, Portugal y Sudáfrica. En lugar de perseguir intereses económicos y políticos, estos países deberían convertir sus esfuerzos en una plataforma de valores para así contribuir a la reconciliación de los angoleños. La guerra de Angola sólo llegará a su fin cuando la sociedad civil, las personas en general se den cuenta de que el conflicto angoleño no puede resolverse militarmente. Es preciso que se conciencien de la realidad de un proceso de destrucción del son objeto, para así luchar por su vida y por su dignidad. En este sentido, algo incluso más peligroso es que el silencio de las armas en el contexto angoleño no implicará de ninguna manera el fin de la guerra: las mentalidades, especialmente la de políticos regidos por los intereses personales, están más armadas que los ejércitos que las sirven. En el caso de Angola, la paz siempre ha sido concebida como el fin de los combates, como el desarme y la desmovilización de los soldados. Esta visión, especialmente alentada por determinadas instituciones extranjeras y por ciertas emociones internas, es poco más que un tranquilizante para quienes desesperadamente buscan una paz real. Y una fiesta para quienes se sirven de la paz inmediata para aprovecharse y ubicarse estratégica y políticamente en la administración de las riquezas angoleñas. Hemos llegado a la fase límite de sufrimiento, humillación social y perversión total en el uso del poder. De ahí nuestra conclusión -- difícil, por elemental y evidente, a pesar del consensode que nosotros, el pueblo angoleño, deberíamos desarrollar un análisis común de las causas y del impacto del conflicto político y militar al que nos enfrentamos. Es fundamental que nosotros, el pueblo angoleño, reconozcamos con coraje y determinación que todos somos responsables, ya sea activamente o por pasividad, de la devastación militar y política y del caos económico y social que vive el país. Asimismo, debemos ser capaces de reconocer los graves errores y abusos cometidos por nosotros mismos a lo largo de nuestra historia. Nosotros, el pueblo angoleño, deberíamos asumir plena responsabilidad a la hora de buscar la solución a nuestros problemas. No podemos seguir echándole la culpa de nuestros males a la herencia colonial y/o a terceras partes. Eso es autocompasión y la manera de darnos a nosotros mismos un certificado de incapacidad que traslada sistemáticamente la cuestión de la resolución del conflicto nacional a la intervención extranjera. Antes de que la sociedad angoleña se encuentre al rojo vivo, debemos actuar con perseverancia, de una forma pacífica, valiente y moderada, para así rescatar el tesoro más buscado y merecido por los angoleños: la paz que nace del diálogo. El pueblo angoleño defiende una paz conseguida así, mientras que los violentos asumen que la guerra es la única vía para llegar a la paz, incluso aunque esto signifique que una parte de la nación será humillada por la otra, y es que esta guerra no tiene ningún sentido del patriotismo.
Consecuentemente, nosotros, los ciudadanos angoleños, exigimos:
Contactos en Angola: "Manifesto para Paz em Angola",
GARP (Grupo Angolano de Reflexão para a Paz),
C.P. 6095 Luanda -- República de Angola,
Fax +244 2 -- 340409 or 394865;
E-- mail: fivilopes@hotmail.com or dantonzi@ebonet.net
Organizadores y lista de apoyos (Nombre, edad, ocupación):
Este manifiesto recibe el apoyo de la Internacional de Resistentes a la guerra / War Resisters' International
La "Iniciativa Angoleña Anti-militarista pro Derechos Humanos" es un grupo de acción contrario a la guerra formado por angoleños dentro y en el exterior de Angola y apoyado por extranjeros que están de acuerdo con sus ideas. Invitamos a nuevos miembros para que se unan a nuestras fuerzas y se conviertan en miembros activos del grupo.
IAADH es una Iniciativa Civil, un grupo de actuación de derechos humanos. Actúa siguiendo los principios democráticos de base popular. Estos principios se llevan a cabo en sus estructuras organizativas y se aplican en todos los procedimientos y tratos dentro y fuera del grupo.
Las iniciativa se ve a sí misma como una organización antimilitarista y contraria a la guerra, independiente de cualquier partido político, pero sin embargo toma partido habla en favor de las preocupaciones de la gente agonizante de Angola que han sido atormentadas durante décadas, más bien podríamos decir que durante siglos. Nosotros, fundadores de la iniciativa, creemos firmemente que después de más de tres décadas de lucha armada en la que nadie ha resultado victorioso ni derrotado, la utilización de las armas nunca resolverá la guerra en Angola.
Precisamente es esta guerra la que subyace en las raíces de la miseria de todo el territorio de Angola; es esta guerra la que trae el hambre y el empobrecimiento de la gente que ha sido gravemente traumatizada por las masacres y la expulsión de sus tierras nativas.
Es por eso que condenamos rotundamente la guerra continuada y el permanente abuso de los derechos humanos en Angola. Nuestra iniciativa denunciará públicamente a las naciones responsables del suministro de armas a guerreros eternos o responsables de apoyar decisiones militares en favor de alguno de los grupos que luchan abiertamente entre ellos. Hacemos un llamamiento para el cese inmediato de cualquier forma de colaboración con estos grupos.
IAADH defiende una nueva política en Angola en la cual todos los grupos sociales y organizaciones que participen, deben abogar por un proceso de paz basado en los derechos humanos y la educación para la paz.
Además, pedimos una revisión completa de la constitución -- cuyas leyes en parte datan de la época colonial -- a fin de garantizar la igualdad de todos los ciudadanos de Angola y a fin de proteger su libertad y el derecho a vivir en un país seguro. Finalmente exigimos la completa prohibición constitucional de toda clase de propaganda que promueva la guerra y cualquier acción que promueva la discriminación de cualquier forma por motivos étnicos, políticos, sociales, culturales, raciales o económicos. Somos un movimiento no violento de resistencia que promueve una sociedad civil en Angola. La distribución de armas de fuego a la población civil para propósitos políticos y para la conservación del poder debe cesar, dado que se ha convertido en un suicidio para la nación y la población en general.
IAADH cree que la objeción de conciencia; que en Angola hasta la fecha ha sido castigada con la pena de muerte o largas condenas de cárcel; es una de las maneras en la que cada Angoleño puede ayudar a conseguir la paz. Es por esto que nuestra iniciativa trata de propagar la idea en sus diferentes formas. Nuestro grupo esta convencido. Cuantos más hombres y mujeres declaren públicamente su resistencia a luchar en una guerra -- y por lo tanto su negativa a matar a quienquiera que sea su nombremayor será la probabilidad de encontrar una solución pacífica al conflicto y de conseguir la liberación del pueblo angoleño.
En particular IAADH se declara a favor de a. La libertad de prensa y libre expresión de opinión y la promoción de capacitación de un medio de comunica